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Un a ñ o de guerra En Z e Peuple de Bruselas, ha aparecido el siguiente reportaje, cuya reproducción consideramos muy hi- teresante para recordar hechos que, no obstante sv proximidad histórica, pueden estar algo olvidados. civil e n Es p a n Franco, Mola, Queipo de Llano y algunos otros asesinos de niños... Me he encontrado ayer en Bruselas a un español de la burguesía liberal, antiguo jefe militar, hoy retirado, que ha conocido de cerca, de bastante cerca, a los principales personajes del drama que se desarrolla en su patria. Los detalles que se expondrán aquí sobre la vida y la carrera de los generales rebeldes revelan con toda claridad el fondo de su naturaleza y los móviles íntimos de sus actos. El movimiento de julio de 1936 es, 1 evidentemente, una manifestación del expansionismo fascista, pero, asimismo, un movimiento de reacción violenta de las clases privilegiadas de España, que no se comprenderá del todo si no se tienen en cuenta las tradiciones del militarismo español, del modo de reclutamiento y ascenso de estos generales de opereta, que no. han perdido del lodo, en medio de la espantosa tragedia, sus lados grotescosMonstruos, sin duda, esos generales que han hecho matar hasta ahora cerca de un millón de hombres, pero monstruos sin grandeza, monstruos inconscientes, llevados adonde han ¡do por los móviles más mezquinos, por el apetito desmesurado de la vanagloria, por pequeñas ambiciones desencantadas, por rencores acumulados y por e! desprecio de su casta medieval hacia el pueblo. Durante casi un siglo, los generales españoles habían tomado la costumbre de imponer su ley al poder civil, de hacer y de deshacer Gobiernos, repartiéndose los honores y las sinecuras provechosas. Desde el advenimiento de la República comprendieron que ese régimen iba a terminar, que sus ambiciones y su rapiña, colmadas bajo el absolutismo real, iban a encontrar límites. Es eso, principalmente, lo que ha arrojado a casi in su totalidad, a esos 18.000 ofirialps que Estampa trágica ael desastre dé Animal, el alevoso crimen cometido contra el pueblo español por la casta militar, coleccionista de las derrotas más vergonzosas. la República, no obstante, alimentaba con esplendidez, en un complot en que la Patria, que ellos no podían ya estrujar por partes, ha sido vendida en bloque al extranjero. La mayoría de los jefes de la rebelión son, militarmente hablando, unos advenedizos, y la fuente Je su fortuna han sido las campañas marroquíes de 1909 a 1926, gido por el joven capitán Queipo de Llano, que cesó bien pronto su campaña... al ser ascendido a comandante y mandado a Marruecos, donde no tardó en ser coronel. La suerte de Franco En 1920, el teniente coronel Millán Astray, que estaba también mal de ascensos y que había pasado un año estudiando en Argelia la organización de la Legión Extranjera, tuvo la idea de crear una Legión española, uniendo diversos cuerpos de voluntarios ya existentes, ensanchándolos con el reclutamiento de algunos miles de aven tureros de todos los pelajes. Este fue el Tercio nombre tomado de las milicias de Carlos V. Millán Astray vio sus proyectos aprobados por Alfonso XIII y se puso en campaña. Recorrió toda España, reclutando hombres y oficiales. En Oviedo encontró un joven teniente de una familia de la pequeña burguesía de El Ferrol. Franco- -porque se trataba de él- -era en (Continúa, en la página anterior. Queipo de Llano debuta con un golpe de maestro Durante ese períoéteo, la mayor parte ele los oficiales españoles participaron en las operaciones de. África. Esa fue, por otra parte, su única escuela. Aprovecharon la ooasi 6 n para h oerse otorgar innumerables condecoraciones y obtener ascensos extraordinaria. m. ente r pidos. Después de algunos años, los abusos fueron tales que hasta periódicos militares hubieron de protestar. Se señalaban mucho, hacia 1913, los artículos firmados por un tal Santiago Vallisoletano, en La Correspondencia Militar Ese pseudónimo había sido esco- El general Silvestre, hombre de valor, pero sin ninguna cultura, compañero de juergas del rey felón, y de quien éste se sirvió pata avivar la guerra en Marruecos.