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Madrid, 25 de julio de 1937 SUSCRIPCIÓN r A Ñ O XXXIII. NUMERO 10,672. REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN SERRANO, 61. TELEFONO 51710. APARTADO DE CORREOS NUM. 43 ABC Madrid: un mes, 3,50 pesetas. Provincias: tres meses, 12. América y Portugal: tres meses, 12,50. Extranjero: tres meses, 30 ptas. ÓRGANO DE UNION REPUBLICANA Número suelto, 15 céntimos La agresión permanente de las clases privilegiadas contra la República deU crfuM del día En la Pequeña historia crítica de España obra de D. Ángel Ossorio y Gallardo, que está publicando A l G, jfjohni so f (ju ¡ffl 3 ¡ypensef acaba de suscitarse un tema que tiene el mayor interés actualista: la rebusca de los motivos con que pudiera intentar justificarse él alzamiento del Ejército y de las clases privilegiadas contra el Estado español. Precisamente porque esa rebusca de motivos acaba de exhibirla en Londres, y ante el Comité de no intervención, el delegado italiano, en su alegato para pedir el reconocimiento dé beligerancia a favor de los rebeldes. Nosotros queremos fijarnos hoy, concretamente, en el contenido de esta pregunta: ¿A partir del 12 de abril de 1931, el Estado español, organizado con arreglo a un régimen de derecho, cuyo legítimo origen no ha podido ser negado por nadie, ha vivido un sólo momento en que no fuese hostilizado y agredido por los estratos sociales encuadrados hoy en la rebelión? ¿El Ejército, la aristrocracia, la Iglesia, la diversa masa de plutocracia, han dejado nunca de estar en guerra contra la República, desde el mismo día de su nacimiento, alegre, confiado y benevolente? No. La declaración de guerra se hizo el mismo día 14 de abril, y la lucha no ha cesado desde entonces. ¿Hace falta recordar la estela episódica de la permanente agresión contra el Estado republicano? ¿A quién había agredido la República cuando, en los primeros días del mes de mayo de 1931 el señoritismo -ese cáncer terrible, que corroe la vida social española- envalentonado por la alegre y confiada benevolencia republicana, intentó sus primeros actos de fuerza? Y si reaccionó el pueblo y ardieron algunas iglesias y conventos, pecado fue del intervencionismo politicoeclesiástico, que ya en la transición entre Austrias y Borbones reinantes también ardieron las iglesias, y no había entonces República, sino monarquía, y absoluta, pero el intervencionismo, politicoeclesiástico estaba en su plenitud de fruto. ¿Y la evasión le LA RETAGUARDIA FACCIOSA SE DIVIERTE capitales? ¿Y el cierre de fábricas? ¿Y el ro de agosto? El gigolo ¡Infame sea quien piense mal de esto! ¿Y el Gobierno bienal de las derechas? Los años 1934, 35 y mitad del 36 vieron reaparecer al señoritismo en la política y en la calle. El Estado republicano era agredido desde los ministerios y desde el mismo Parlamento; los hombres de la República eran agredidos en plena calle; habían empezado a funcionar ias pistolas fascistas. Desde las calles céntricas de Madrid hasta la plaza de la última aldea la agresión contra el Estado republicano y contra todos los hombres que lo dirigieron, o, simplemente, que lo quisieron, era obra de cada día. Y empezaron los atentados personales. Ossorio recuerda los casos tan destacados de Jiménez de Asúa, Faraudo y Castillo. Con ellos, nosotros queremos recordar también los de las víctimas, humildes en cuanto a rango, político, pero grandes en cuanto a rango humano, que cayeron por centenares, durante esta etapa, bajo el fuego de las pistolas fascistas. Estos son los hechos. Siempre, siempre, ha sido el Estado republicano él agredido. De tal manera, que en puestos de mando, ingenuamente concedidos por un Estado que aún creía en el honor de ciertos militares, estaban los jefes de la rebelión. Lo que se ha consumado ahora es el golpe de fuerza, fiado más que a la energía propia a la ayuda de Gobiernos extranjeros. Pero el proceso de la rebelión no dio comienzo el 18 de julio de 1936; está latente y actuando desde el mismo día en que el pueblo decidió Un grupo de heridos ante el periódico mural del Hospital Militar número 14. (Foto V. M. poner en sus propias manos la dirección de España.