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Madrid, I I de julio de 1937 m S U S C R I P C I Ó N m Madrid: un mes, 3,50 pesetas. Provincias: tres meses, 12. América y Portugal: tres meses, 12,50. Extranjero: tres meses, 30 ptas Número suelto, 15 céntimos AÑO XXXIII. NUMERO 10.660. REDACCIÓN Y- ADMINISTRACIÓN: SERRANO, 61. TELEFONO 51710. APARTADO DE CORREOS NUM. 43 ABC ÓRGANO DE UNION REPUBLICANA Moral débil y retaguardia quebradiza de las dictaduras Cuando, en el verano de 1918, los Ejércitos aliados, encuadra dos ya bajo el mando único del mariscal Foch, iniciaron la ofensiva final por Chateau Tierry y el Argonne, desbordando y estrangulando la bolsa íjue el último movimiento táctico de Ludendorí dirigió hacia París, el generalísimo francés fue requerido por Clo menceau con esta pregunta, digna del Tigre ¿Cuándo estará usted en Verdún? La reapuesta, espartana, digna, también de Foch, fue ésta: Cuando yo llegue a Verdún ya no existirá e! imperio alemán Después de terminada la guerra, y precisamente cuando asistía corno técnico militar a las deliberaciones de Versalles, el periodista norteamericano Etmer Stapleton tuvo una entrevista con Foch, y le pidió una aclaración para aquella respuesta. Foch le dijo a Stapleton: Cuando tomamos, la ofensiva en el verano de 1918, los Gobiernos aliados estaban convencidos, como el Estado Mayor, de la derrota de Alemania. Pero creían en una derrota a largo plazo, algo así como en una entrega sin condiciones cuando estuviésemos al otro lado del Rin. Mi punto de vista fue siempre otro. Yo creí en todo momento que el Ejército alemán no soportaría la dura prueba de una retirada. Le habían creado una psicología de invasión, le habían enorgullecido, y era casi seguro que habría de derrumbarse ante el primer síntoma de adversidad concreta. Por otra parte, su retaguardia 1 0 tenía moral. Alemania es pueblo que 1 no resiste a una invasión. No sería aventurado considerar este juicio de Foch como aplicable a la guerra en España. Más de una vez hemos encontrado Por causas ajenas a repetidos en nuestra lucha episodios de la Gran Guerra, cuya reaEste muchacho perdió al padre en nuestra voluntad no lización confirmó la semejanza, Alemania se sintió fulminada en Málaga y tiene a la madre en popodemos publicar hoy la Gran Guerra por dos hechos considerables, y que estuvieran der de los facciosos. Ahora, recogila acostumbrada carisiempre lejos de Ja previsión de sus jefes políticos y- militares: la do por la 24 brigada, el pequeño catura del día, del recuperación magnífica de los (Ejércitos aliados, en el verano de soldado, que tiene catorce años y es compañero Aníbal Te 1918, y la descomposición de la retaguardia en Alemania v en Ausmuy inteligente, colabora con loda su jada. voluntad al triunfo de la causa del tria) Los imperios centrales no creyeron nunca en aquella recupépueblo. (Foto Liborius. ración. En el fondo, tuvieron siempre un concepto despectivo de la capacidad ofensiva francoinglesa, y una fe inquebrantable en que su retaguardia, sometida a la dureza de una acción política dictatorial, no podía fallar nunca. ¿Cómo sostener una moral militar y civil basada en este tipo de apreciaciones cuando, a pesar de aquellos famosos partes de guerra, rabiosamente optimistas que lanzó Ludendorf en el. verano de 1918, el pueblo alemán apreció claramente la realidad? ¿Y cómo mantener la moral de un Ejército Cuya retaguardia se disgregaba, primero ¡por el dolor de la guerra, v, además, porque despertaba un pueblo DISPUESTO A RECUPERAR LA LIBERTAD QUE REITERADAMENTE SE LE NEGÓ? El proceso de derrumbamiento de Alemania, en el otoño de 1918, tuvo, pues, unas motivaciones que no podemos ni debemos olvidar hoy los españoles: recuperación, no esperada por el invasor, del Ejército que defendía el suelo dé Francia; derrumbamiento de la moral del Ejército alemán, alimentado por la soberbia de la ofensiva permanente: derrumbamiento de una retaguardia en la que influye considerablemente el afán, de un pueblo por librarse de modos dictatoriales de gobierno. Sin que de cuanto dejamos escrito dejen de desprenderse otras enseñanzas muy estimables. No recurrimos a fo que ya es historia para buscar por sus caminos la actualidad española. No buscamos el espejismo de un ejemplo. Determinamos una enseñanza. Señalamos un paralelo J ien evidente entre dos momentos históricos: Francia, 1918; España, 1937. Sin que nuestro optimismo tenga que alimentarse, en esEl general Miaja con la Comisión catalana portadora del pergamino que tos días de ludia favorable, con ajenos ejemplos. Nos sobran los motivos en la realidad española. Pero cuando los antecedentes se dedica el partido federal ibérico al heroico defensor de Madrid, nombrándole comandante honorario y padrino del Regimiento Pi y Margall. aunan, las consecuencias conducen siempre a idéntico resultado. (Foto Homcmoliva.