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GALICIA ES UN INMENSO CEMENTERIO j Y se oyó la voz sobre el mar... Fue el día 24 de febrero, a media tarde. 3o na ba, ronca, la sirena del transatlántico extranjero, que; sueltas las amarras, se despegaba, lento y majestuoso, del Caes do Sodré en el puerto de Lisboa, rumbo a tierras de libertad. Presenciando la salida del navio se encontraban numerosas personas, oficiales de Marina, policías, cargadores, guardias fiscales... Cuando el vapor estaba a veinte brazas escasas del muelle, apareció en una de las bordas un hombre alto, joven, desencajado el rostro, extraviada la mirada, alborotados los cabellos, que alzando los puños, como si quisiera aplastar todo lo que allí quedaba, pronunció en gritos que nada tenían de garganta humana: ¡Viva la República, de España... ¡Abajo el fascismo... ¡Muera Franco... ¡Malditos todos los dictadores del pueblo... Aquel hombre dominaba con sus rugidos al trepidar de la sirena, Intentaron retirarlo los marineros al interior, inútilmente. L, os curiosos le miraban, asombrados, desde el muelle. Policías y guardias corrían de un lado para otrp, enfurecidos, porque se les escapaba el audaz. Siguió gritando con voz potente. A sablazos hubo que desalojar el muelle. Pero el viajero siguió maldiciendo a los dictadores y vitoreando a la República española, y se oía su voz sobre el mar, como una acusación contra los que han contribuido a, las ferocidades fascistas invasoras de nuestro país. No podía extrañar aquella exaltación del viajero. Siete meses estuvo en el inüerno gallego, peregrino angustiado por ciudades, pueblos y alquerías, torturado el espíritu por un alucinante éxodo pa, ra no caer acribillado por el plomo de los canes rabiosos de Falange. Vengo enloquecido- -dice hoy, junto a la mancha azul de! mar latino- siento aún el la. tigra. KO de la impotencia frente a las pistolas que han dejado por caminos y cunetas acribillada a balazos a toda la democracia gallega. He hecho recorridos a pie increíbles para la resistencia humana. Pasé hambre, zozobras que me han dejado rotos ios nervios para toda la vida. Tuve el refinamiento de contar las camas donde inútilmente traté de conciliar el sueño. En ciento treinta y seis casas he tenido que esconderme. De algunas salí minutos antes de que llegaran para llevarme a la excursión de la que nunca se vuelve. Por fin logré entrar en Portugal, donde el peligro era- tan grande como en Galicia. Pasé como una sombra por Oporto y aparecí en L ¡isboa. Alguien me protegió y conseguí salir de esa gran mazmorra en que Franco y Oliveira Salazar han convertido a Portugal y España. No se puede saber el alcance de la tragedia gallega. Cifras alucinantes. ISTadie, x or muy documentado que esté- -dice este muerto vivo que m se acierta a explicar aún cómo se ha salvado- es capaz en estos instantes de calíbro. r toda la espantosa tragedia que los fascistas han desencadenado desde el 18 de julio sobre las campiñas de Galicia. Han de pasar muchos tiempos para catalogar las infa. n; a. las torturas y los atropellos que al grito de ¡Arriba Esp aña! han perpetrado er das tas ciudades gallegas. ¿Muertos... ¡Infelices mujeres, hombres y zagales con las entrañas abiertas y los cráneos vacíos junto a las cunetas de los caminos... Dé usted la cifra que quiera, que, por muy elevada, siempre será pálida ante el hondo dramatismo de la realidad. Alguien ha dicho que son más de 50.000 personas entre las euaíi Oprovincias. Yo creo que son muchas niás. Desde luego, los tres primeros meses Oivr. FQ fue a Ja. cabeza de esta carnicería organizada. Daba terror recorrer sus rutas, ÍJÍMP- E 1 muelle de La Coruña. la bella capitai gallega, que ha visto caer bajo! os fusiles fascistas a iodos sus hombres de izquierdos: obreros, médicos, abogados, ingenieros, maestros nacionales, telegrafistas, oíjciales de Correos... btadas de muerto- ü u- il iroii a u i i gobernadores. Han asesinado, en Cen; f por ejemplo, a todos, absolutamente a, tutjos los obreros del ramo de la construcción, í: e eran más de 9.000 afiliados. Hasta el 17 de enero en Galicia habían sido ejecutarlo. 417 médicos, 80 U m a e s t r o s nacionales, 182 abogados, 97 farma. ee uticos, 32 Ingenieros, 18 telegrafistas, 20 oficiales de Cerreos, y en la primera semana de lí- ¡x- belión asesinaron todos ios alcaldes do las capitales, ciudades, vilias y aldeas de la región. No se b. R saivíido más que uno. tíi. n, sóio uno, que no puedo decir quién -s, pi- rQUe le creen muerto, y si supieron qüf vive, sus hijos y sus familiares serían- r ¡seminados en el acto. X e todas fstas ejecuciones í? c ios alcaides de Galicia, ninguna tan horripilante; conn) la de la alcaldesa de I. a Kstrada. une, además, era maestra. Después IP vna r! r i isarlo. en ía plaza ssíiblír- a en co njíá- ta des-