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Tres festivales en Madrid Ortesa, hoy jefe de una, división. Apenas hablan llegado a su puesto de mando empezaron de nuevo los cañonazos. ¿Está allí el frente? ¿Quién tira? -preguntaban. -No. Allí no hay más que viviendas. El frente queda para, esta otra parte. Tira el enemigo desde aquellos lugares- -se les contesta, señalando el lufíar donde tienen emplazadas baterías los. facciosos. Desde este puesto de mando y desde el observatorio de la división pudo la delegación parlamentaria contemplar la guerra a corta distancia. Una íi ucrra llena de. desigualdades, contradicciones, crueldades, heroísmo y entusiasmo. J 31 panorama, un vasto panorama, de campo abierte- y de crecimientos urbanos, parece presentar po! r momentos e! espectáculo fantástico de una vasta plantación de algodonales en íior. Fuego de baterías. Hacía unos minutos que la artillería rebelde arrancaba fuerte explosiones, densos nubarrones de barrizoso humo. El polvo del ladrillo rojizo de las casas de la ciudad se mezclaba con el humo del azufre, formando una mezcla espesa, que envolvía lentamente grupos enteros de edificios. La artillería rebelde abría fuego sobre Madrid. Pero apenas habían pasado unos segundos cuando las baterías leales iniciaron un fuego nutrido, que iba sembrando el campo- -campo abierto, en el cual no había más que posiciones militares- -d: e pequeños brotes de blanco humo que se iban esparciendo con lentitud, llegando a tender sobre el panorama una. nebulosa cortina. La guerra estaba cerca. Demasiado ct rca para ofrecer grandes comodidades. Además, el general Miaja, sabiendo que los miem- bvos de esta delegación inglesa vienen de v Inglaterra. había dispuesto un té de honox para las seis de la tarde. 3 a de -egreso, insinuamos la, posibilidad T de brindar al pueblo madrileño unas palabras de estas mujeres miembros de la House o i Commons. Estos son los artistas que tomaron parte en la fiesta organizada a beneficio de los heridos, por el grupo femenino de Seguros. (Foto Ruiz. Admiración profunda. ¿Conocen, ustedes las limitaciones que nos hemos impuesto? -dice la duquesa de Atholl- Pero ello Ho impide que rindamos el merecido tributo de admiración y simpatía a este gra, n pueblo madrileño. Mucho es lo que vimos y hemos leído acerca de Madrid. Pero estas cosas hay qué verlas. Creo que interpreto el sentir de todas mis colegas al afirmar que es grande nuestra, admiración, nuestro profundo respeto ante este pueblo admirable. -La defensa de Madrid- -añade Rachel Crowdy- -ha pasado ya a, ocupar el puesto de un acontecimiento épico en la Historia. -Pero nuestra misión aquí- -advierte la duquesa- -no consiste en hacer declaraciones. Estas quedan para cuantío nos encontremos de regreso en Londres. Podemos asegurar que habremos de decir ¿lili muchas de las cosas que aquí nos callamos, porque nuestra, visita a Madrid no tiene más linalidad que la de observar lo quq ocurre. Por nuestra parte, después de haber visto y escuchado durante algunas horas a los miembros de esta delegación parlamentaria inglesa, podemos decir que los resultados de la, visita, no han de sernos desfavorables. Poco a poco se va disolviendo el hielo de la indiferencia oficial británica. Los testimonios de ía. s delegaciones, tan variadas como representativas, de las cuales es la de hoy la última en llegar a nuestra patria, van produciendo efectos. FA primero está, en despertar el interés y la curiosidad públicos, en advertir cuál es el carácter verdadero de esta guerra y lo que. en ella se juega y se disputa. Todo lo demás es consecuencia lógica. Un Inglaterra, donde aun viven as instituciones representativas de Gobierno, ningún Ministerio podrá, desafiar indefinidamente a la opinión pública. En el cuartel de Pontoneros se ha celebrado un festival, al que prestaron su desinteresado concurso los artistas que figuran en este grupo. (Foto Baldomerc. j Oiro de los festivales, también con unes benéficos, se celebró en el Palacio de! a Música, y estos son los artistas que luvieron a su cargo los diferentes números del programa. (Foto Huiz.