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Soldados del pueblo EL CORONEL ALZUGARAY El coronel D. Emilio Alzugaray, en compañía de su hijo, teniente de Aviación y BU oficial ayudante. (Foto Torres. Los periódicos del fí sado mes de noviembre publicaron la noticia de que el coronel ¿e Ingenieros D. Emilio Alzugaray, jefe, por entonces, del sector de la Ciudad Universitaria, había resultado gravemente herido cuando, a 1 a cabeza de sus íuerzas, se disponía a tomar una casa que se hallaba en poder del enemigo. Una ráfaga de ametralladora le alcanzó, ocasionándole tan graves heridas, que en un principio temió la ciencia que quedara mutilado, pues había refcibido ocho balazos: tres ¡en la pierna izquierda y cinco en la derecha. Pero, gracias al eminente Gómez Ulla, ha vuelto Alzugaray a ocupar el puesto que por derecho propio le correspondía de, coronel jefe del segundo Cuerpo del Ejército. ddt Centro. No ipodemos olvidar la actuación del coronel Alzugaray. Al estallar el felón movimiento subversivo se encontraba en Casablanca, al frente de dos fábricas de su propiedad. No dudó un momento en abandonar todo, embarcando con rumbo a España, presentándose en Alicante, donde inmediatamente de llegar se ofreció incondkionalmente al legítimo Gobierno de la República, Conocí al coronel Alzugaray cuando desempeñaba el cargo de jefe militar de las Milicias Vascas, de cuya organización, me Motobró corresponsal de guerra. Le visité teuando, postrado en la cama de un- hospital, estaba momentáneamente apartado de sus actividades militares. Por motivos ajenos a mi voluntad, pasaron algunos días sin visitarle, y al volver al hospital ya no estaba él. Aunque sujeto a curación, su naturaleza fuerte había podido más que las heridas, y volvió, no repuesto del todo, al lugar que le era señalado y confiado por el general Miaja. En cumplimiento de mis obligaciones informativas, he visitado al coronel Alzugaray en su despacho oficial. Inmediatamente ime ordenó pasar, recibiéndome cariñoso y (campechano. No había terminado de hacerle saber el objeto de mi visita, cuando me interrumpió, diciendo: -Yo le recibo a usted como amigo, no como periodista. Nada tengo que decirle. La única persona que, a mi entender, puede hacer declaraciones, es el general Miaja. Yo no puedo ni debo hablar. El conocer al coronel Alzugaray hace ya tiempo me hizo comprender la inutilidad de insistir, y callé, resignado, despidiéndome de 4 a información que había concebido. Enton oes me habló confidencialmente, contándome varias cosas, sobre todo una de ellas, que yo ¡he tomado como asunto informativo, Iraiicionand o la amistad que. generoso, me brindaba, i ¡Perdone, corone! mi deslealtad. -Cuando yo salí de CasabJanca- -me dijo- -quedó al frente de una de las fábricas imi hijo Emilio, que, come usted sabe, es oficial de complemento. A! ser herido, los periódicos publicaron la noticia de mi accidente. Se enteró mi hijo, y confió eá negocio a un empleado de la casa, viniendo a España en avión y aterrizando en Alicante. ¿A qué Cuerpo pertenece su hijo? -Es oficial de complemento de la base de Tablada. Pero la suerte nos ha unido, y se encuentra ahora a mi lado, como teniente ayudante. Momentos más tarde me despedí del coroíiel AJlzugaray, pero en vez de irme a la calle- ¡otra traición! -me dirigí en busca de Emilio Alzugaray Guijarro, teniente de Aviación. Al lograr encontrarle, me recibió tan cariñoso como su padre; pero, como su padre también, cortó la interviú en proyecto: -Nada tengo que decirle. Vea 5 a mi padre, que es mi coronel y jefe. Y, nuevamente resignado, me marché a la calle definitivamente. ¡Soldados del pueblo! Raza de militares ícon honor. Don. Emilio Alzugaray, coronel de Ingenieros, puede estar satisfecho de su íiijo. Siguió el ejemplo de pundonor que él Je dio, escribiendo eti esta guerra, donde los esjpañoles defendemos nuestra independencia, magníficas páginas de consciencia cívica y honor militar, ocúpamelo un puesto entre los que forman el Ejército regular, forjado en la fragua de la raza hispana, barrera infranqueable donde se estrellarán los españoles que dejaron de serio y el mercenario ejército invasor, enviado por potencias (extranjeras que sueñan hacer de España una nueva colonia de esclavos sin pan. Luis G. DE MOLINA