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Por ¡a solidaridad revolucionaria La sociedad antigua tenía por base la idea de autoridad. La sociedad revolucionaria tendrá por fundamento la idea de libertad. En la, sociedad antigua, para templar los rigores de su excesivo autoritarismo hacia falta una aspiración moral contradictoria: la caridad. Es Cierto que el autoritarismo íué siempre cruel e implacable. La Iglesia: -autoridad espiritual- -fundó su Inquisición; la monarquía- -autoridad política- -tuvo sus Bastillas; la propiedad- -autoridad económica- -castigó a los rebeldes con el hambre. Mas, con todo, asombra. pensar a qué extremos habría llegado la sociedad católica, de no gravitar en el ambiente el sentimiento de la. caridad. Fracasó, al cabo, la sociedad antigua, porque la caridad fue impotente ante el fanatismo de los clérigos, ante el despotismo de los reyes, ante la codicia usuraria de los propietarios. Los hombres averiguaron, por la experiencia, que la autoridad envilece a las almas. humilla a los pueblos y explota a los trabajadores, y buscaron en la libertad el fundamento de una civilización nueva, sin dioses, sin reyes y sin amos, Mas el ideal de libertad podría llevar también al naufeag- io de la civilización si, libres lias almas para pensar, los pueblos para gobernar y los trabajadores para producir, se atomizaran las actividades y anhelos de los hombres, has ¡ta el punto de quebrantar todos los lazos: de convivencia moral, política y económica, tln disolvente semejante de Ja civilización nos conduciría al salvajismo, a la esclavitud y a la miseria. Por eso la sociedad libertaria necesita vivir empapada y sumergida en ¡la idea moral de la solidaridad humana. La solidaridad- -base ideológica del radical- socialismo- -enseña al hombre que su interés debe ser subordinado al de la humanidad toda; que su dicha, su independencia, su prosperidad y su miseria están enlazadas al destino del conjunto social en don. de vive. El hombre, como la- esponja sumergida en al agua, se ha de empapar necesariamente d. el ambiente que le rodea. Vamos todos embarcados en la nave de ¡a Humanidad, y nuestro común destino depende del rumbo de la nave, Independientemente de la diversa situación que ocupemos cada, cual dentro de ella. Uno será capitán y otro marinero; quién se acostará en ostentoso camarote y quií n en la bodega; mas la nave puede llegar a puerto o irse a pique para, todos y con. todos. En una. sociedad hambrienta y miserable, todos, incluso los ricos, están expuestos a tremendas inquietudes y amarguras. Hasta la salud individual no es independiente de la atmósfera de salubridad y de higiene que respiramos; porque los agentes naturales transportan de unos a otros seres los gérmenes de las enfermedades. Sin solidaridad entre Jas almas, surge el caos en las conciencias, el desorden permanente en los pueblos, el desequilibrio y el desbarajuste en la. economía. La libertad sin emoción solidaria es una idea negativa y destructora, como lo fue ila. autoridad sin sentimientos caritativos. Nuestra revolución necesita de que se afiancen más los lazos de solidaridad entre todos los antifascistas. Acaso las mayores dificultades interiores y externas que padece nuestra guerra dimanan de que nos falta la moral del solklarismo. Quisiéramos que los países extranjeros, singularmente las democracias occidentales, nos prestaran su concurso imprescindible para compensar el a (poyo de los Estados fascistas a los rebeldes; pero no estamos dispuestos a obrar de modo que satisfaga a la candencia social de ilos países amigos, Nos duele que los demás regateen asistencias a nuestro Gobierno; pero olvidamos que hasta hace poco rivalizábamos todos por ver quién menguaba más su autoridad y sus prestigios. Hubo durante meses un pugilato escandaloso- por superarse en insensateces, sin pensar que vivíamos e. n un rincón de Europa, dependientes política, económica y socialmente de las otras naciones; porque la solidaridad no es sólo una moral, sino también un hecho ineludible de la Naturaleza. Y, en el- interior, olvidaron los sectarios Ambulancias para España Momento de salir de Estoeolmo los tres autocares de la ambulancia sanitaria que Suada y Noruega envían a los luchadores españoles. (Fofo Vidal. que existe un conj. unto orgánico que se llama Pueblo, del cual cada partido y cuida sindical, por muy poderosa quo se juzgue, no es sino una faceta parcial y limitada. En el conjunto le factores vitales, físicos, históricos, geográficos, económicas y morales que forman el pueblo, se diluyen los partidos políticos como las nubéculas en el viento o- como las sales en el agua. Ese: desconocimiento de la solidaridad como hecho social y como norma, revolucionaria explica la hipertrofia id el sectarismo, que de no haberse desinflado a tiempo habría dado al traste con la revolución y la guerra. Nuestra conducta debe inspirarse en el conocimiento de que vivimos en, un pueblo, cuya confianza, satisfacción y asistencía nos es imprescindible para alcanzar el triunfo. La propaganda y el earteleo del mas poderoso partido u organización sería ineapaü- -por ejemplo- -de compensar ia tremenda catástrofe que representaría para nuestra causa que se desilusionaran y desganasen los labradores, cuya resistencia pasiva, ni siquiera premeditada, hija del miedo o del descontento, bastaría para hacernos perder la. revolución y la guerra. I Qué es, sino descomocimlento de la solidaridad, ese ruralismo estrecho que puso una aduana en cada término municipal y una frontera en cada pueblo, con puestos armados y todo? ¡Como, si cada pueblo pudiera, vivir sin traficar con los demás, enviando sus productos propios a cambio de los ajenos, y como si el destino guerrero de icada comarca o región no dependiera fundamentalmente del destino de la República! Si se agotasen los bienes, económicos en España, se agotarían para todos por igual- -no lo olviden los más avisados- y si se perdiera, la República, su ruina arrastraría a todos los pueblos, por muy apartados que fuesen y por muy revolucionarios que se creyeran. También a la, falta de solidaridad achacamos la pretensión de eliminarse, mutuamente unos elementos a otros del frente antifascista. Esitos vanos propósitos, públicamente denunciados unas veces, taimadamente disimulados otras, rompen la unidad moral y efectiva de nuestro frente y favorecen a, l enemigo tanto, por lo menos, como el a, uxilio de Italia y Alemania. Ni el anarquismo debe despreciar al sociaWsmo, ni el socialismo seria capaz de triunfar hoy, de Organizar la revolución mañana, sin el anarquismo; ni uno ni otro pueden prescindir de la fuerza legal y ciudadana que para España y el inundo representa la República. Ni las sinidicades elimi liarfln a los partidos políticos, ni los partidos a las sindicales. Unos y otras ttenen su papel que cumplir en la guerra, y en la Sociedad revolucionaria; aiquídlas, oi Kanizando la producción; éstos, defendiendo los intereses generales del consumo, del pueblo y de la personalidad civil del hombre. Sólo los insolldarios, los qu- e ignoren, la moral de la nueva civilización, juzgan que una idea, una organización o un hombre puede vivir en un mundo libre, sin adaptarse, sin convivir, sin impregnarse, con la atmósfera, social en que nadan dos demás hombres, Ideas y organizaciones. La falta de solidaridad engendra ese ambiente de reserva, recelos, desconftanzít. s y sospechas, que rompen la. unidad fervorosa del frente único. Y como nuestra, guerravy nuestra revolución dependen d el reconocimiento de nuestra solidaridad, urge ya que esta norma y este ideal se traduzcan, en un p acto claro y rotundo para hoy y para mañana. Hay que forjar ell ideal de nuestra revolución; con et concurso de todos, con el rev- pp- to para todos y con la visita puesta, más que en los partidos y doctrinas, en España y en las aspiraciones del pueiblo, Hay que crear la solidaridad inquebrantable de todas las fuerzas populares y d? Ositas con los destinos de la revolución y de la l íitria. Y entonces surgirá la confianza, mutua, rota por los alardes del seotari. MTno: la unidad moral, la disciplina orgánini tic 1 pueblo, el fervor y el entusiasmo de) a retaguardia. Y así ganaremos pronto 1 a guerra y penetraremos con pie seguro por la ruta gloriosa de las grandes creaciones revolucionarías. FERNANDO VALERA