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Madrid, trinchera del mundo LAS ENFERMERAS DEL ESPÍRITU Uno de los más aplanantes y desmoralizadores enemigos del combatiente es el tedio. El nada hacer ablanda los músculos, aplana el espíritu, afloja los nervios. El tedio de las trincheras llevó a muchos hombres durante la Gran Guerra a buscar en la muerte, perdiéndose en la nada, la solución de escapar de la cárcel intelectual de la nada, que es el aburrimiento. Cuando el combatiente está herido, este mal se agrava por el ambiente de pesado dolor humano que gravita sobre el hospital de sangre. El herido sufre por su propio dolor y por el espec- táculo del ajeno. Las horas de la cicatrización de sus heridas y las de la convalecencia, en las que se encuentra sin fuerzas, son interminables como la desesperanza... La Federación de Trabajadores dé la Enseñanza ha buscado una fórmula- -farmacopea intelectual- -para combatir, aliviar y curar el mal psíquico del tedio hospitalario: enviar en embajada de consuelo a los hospitales a sus jóvenes profesoras. Ha- surgido un nuevo menester guerrero: el de las enfermeras del espíritu. En 1 hall de un céntrico Casino, en que antes de la fecha cumbre del 18 de julio hallaba su acomodo la necia vulgaridad de hombres que no tenían otra elegancia que la que les prestaba su exterior atuendo, hallo, habladoras- ¿cómo no? -y regocijadas, a un grupo de muchachas que charlan con milicianos convalecientes. Son las chicas de la F. E. T. E. que han formado una centuria que ellas creen que tiene un alto fin cultural- -leen libros y revistas a los enfermos y heridos- fin que para mí es más alto y más puro que el de la simple- -o complicada- -cultura: prestar el divino calor humano del espíritu femenino, sin el cual la historia de la Humanidad se habría escrito en el agua. IVÁN PEÑALBA Un rincón grato del hospital. Las enfermeras del espíritu, en plena adlrldad Esta gentil maestrlta- ¡quién no supiera escribir! -ha trazado unas líneas sobte una cuartilla, que el miliciano lee atentamente. Con mucha más atenrión, de seguro, que leerá las nuestras. Este muchacho, que duramente ha combatido con los moros, lucha ahora con la ortografía, l a única ventaja para él es, no la diferencia del parapeto, sino la del mando. (Fotos Yubero y Benítez.