Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A 1 B C. DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1937. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 10, Esta doctrina de la autonomía moral o, mejor dicho, inmoral, del Estado es, sin duda, el mayor peligro de ruina que amenaza a la civilización occidental; porque toca al poder más fuerte, al que- puede crear y destruir el mundo. Trae consigo, como consecuencia eneludible, el exterminio mutuo o el agotamiento y enajenación recíprocos de las unidades en que se basa esta civilización: los Estados nacionales. Además, amenaza a esas mismas unidades con la disolución interior. En efecto, es inevitable, como ya hemos indicado, quo cualquier grupo que se crea bastante fuerte para log- rar sus fines por la violencia presuma de poseer, ese carácter político de Estado, es decir, de no estar sujeto a ninguna obligación moral. En el porvenir, esa soberanía amoral del Estado ofrece, pues, la perspectiva de la anarquía y la revolución. Por cuanto la doctrina del Estado amoUn diario suramericano publica una nota según la cual los componentes de la famo- ral contiene la negación de todo principio de verdad, lealtad y justicia, como concepsa Junta de Burgos recomiendan a todos los tos g- enerales humanos, quienes la profesen buenos ciudadanos que escuchen con preferencia las comunicaciones dadas por radio- han de verse forzados a abjurar delibera damente el cristianismo. No lo hacen: al telefonía acerca de las operaciones para la menos no lo hacen unánimemente y a las reconquista del país, antes que los programas con números divertidos, y que lean por claras. Creen, como el Tartufo de Moliere, lo- menos un diario por día; pero que se que il est aT. rec le ciel des aecommodenients, abstengan, en cambio, de leer y escuchar y pretenden imponer al cielo esos acomoJa propaganda y los comunicados de la dos de manera algo ruda. Prensa y de las estaciones radiotelefónicas Esto decía Huizinga hace dos años. Nosde los gubernamentales. otros, en España, hemos experimentado La indicación no puede estar más en su con exceso la verdad de sus palabras. Los punto. Únicamente no oyendo la verdad so- peligros que anuncia, interiores y exteriobre la marcha de las operaciones, comunires, son realidad hoy para nosotros. Pero cada siempre con absoluta fidelidad por el hay gente en el mundo que todavía no quieGobierno de la República, les es posible a re creerlo, y presta oído a los definidores y los rebeldes mantener las escasas ilusiones directores del Estado amoral Conviene de quienes, en la desmoralización de su re- que las palabras de estos definidores tengan taguardia, abrigan alguna leve esperanza de el honor inmerecido de un comentario del llegar a vencer algún día. historiador Huizinga. Este honor suplirá al que, según los propios términos del sabio holandés, les falta a sus Estados. S. de I. gubernamentales, el general Franco declaró: Ese material es en parte ruso, pero la mayor cantidad es de origen belga, francés o checoslovaco. Dijo luego que los diputados franceses y británicos, en su reciente visita, tuvieron una buena impresión de los revolucionarios, y agregó: Los latinos, los franceses, fueron los más elocuentes. To los escuché con placer. El redactor del diario pidió detalles sobre los extranjeros, especialmente alemanes e Italianos, en la zona ocupada por los revolucionarios, y el general respondió: Ni los parlamentarios británicos ni los franceses han hecho alusión a ellos. Méjico, la bella y acogedora nación americana, les ofrece solicitud y apoyo desinteresados. Esta actitud noble y sincera es más meritoria si repasamos los desengaños sufridos a costa de países que blasonan da democracia. Méjico, comprendiendo la razón que fe asiste al pueblo español y la necesidad qua le precisa, se impone voluntariamente la ¡misión de socorrerle. Méjico no presta, sino que concede de todo corazón. Méjico no. regatea sacrificio alguno, antes al contrario, otorga, sin pedir nada a cambio. P a r a Méjico, la guerra española es un sentimiento y no un negocio. Méjico se crece ante la grandeza del sa- crifleio hispánico y lanza un reto a todos los países libres del mundo de todas laa trabas que impiden la libre ayuda al Go- tierno legítimo de España. Nada de. tibíej; as, que no hacen otra cosa i 4 ¿dar á n i mos al enemigo. España sufre y llora con lágrimas de rabia y dolor, luchando por desprenderse de la garra fascista, que p r e siona por atenazarla. Y Méjico, compren diéndolo, porque siente la libertad, no deí una manera fingida, débil e impotente, so identifica totalmente con España, porque el sentir de la España trabajadora es el sentir de Méjico, que sabe hacerse cargo del dolor de un pueblo al que se pretenda arrancar violentamente su libertad, y sala en defensa de su pueblo hermano. ¡Harto sabe el pueblo mejicano de estas luchas cruentas, que ocupan una vasta p a r te de su brillante historia! Méjico se ha impuesto el deber de ayudar al proletariado español, sin tibiezas- ni vacilaciones. Y hasta el momento su h u manitaria labor lleva el sello de una constancia y firmeza dignas de todo encomio. Con tan loable ayuda puede considerarsa un acierto la idea de invitar a una representación de la España antifascista p a r a que venga a traer a este pueblo las áureas de la vida nueva que brota entre las ruinas provocadoras por la traición. Méjico sabrá así de la barbarie fascista, de todas las infamias cometidas por quienes, sin reparar en los medios, tratan det lleg- ar al fin deseado, sin escrúpulos de ninguna clase y a costa de lo que precise. Méjico vibrará ante la descripción h o rrenda y detallada del calvario de mujeres y niños mutilados por la metralla, las a l deas destruidas, las obras de arte destrozadas y, sobre todo, al oír relatar los epi- sodios de la lucha recia y viril del pueblo de Madrid, que no se rinde por nada ni por nadie. En resumen, en este ciclo de conferencias se relatará al pueblo mejicano toda la barbarie desencadenada por el fascismo, que desde hace seis meses azota la Península de punta a cabo. Y, por último, el noble pueblo de Méjico, por boca de esos conferenciantes, sabrá el agradecimiento que la España trabajadora siente por Méjico. Pero no la España antigua, carcomida, sino la España nueva, vigorosa, que se alza como una promesa y una esperanza para los demás pueblos que aun están dominados por el yugo fascista y capitalista. -GYT. B U R G O S PROHIBE LA V E R D A D ESTADOS SIN HONOR NI OBLIGACIÓN En marzo de 1935, el gran historiador islandés Huizinga dio una conferencia en Bruselas, que se publicó después en espaíel- con el título Entre las sombras del mañana En este libro hay cosas del mayor interés, referidas a la realidad del mundo de nuestros días. Pero, sobre todo, hay en él unas páginas acerca del Estado amoral que adquieren una actualidad extrema en la guerra, que está pedeciendo España ea estos meses. Una actualidad, además, easi del día; podrían tomarse como comentario ds periódico a un hecho de relieve del momento. Interesa recordar ahora las páginas serenas de este ilustre intelectual extranjero, dichas hace tiempo, con un propósito teórico, sin la menor pasión política, lo que les da la máxima autoridad. Así, será forzoso a todos reconocer su justicia, que acaso se negase si procedieran de una voz española, movida por la indignación justa de esta guerra. En la inauguración solemne de una cátedra de Derecho alemán, el comisario de Justicia del Estado declaró- -si los periódicos reproducen exactamente su discurso- que es un error creer que pueda hacerse política apelando a cierta justicia idealista. Hay que poner término a la fantasía ridicula de suponer que la Justicia deba determinarse por algo más que por la dura necesidad que el poder del Estado siente de su certeza directa, lia tierra pertenece a los héroes, no a los decadentes Así, pues, al Estado, según estas doctrinas, le está permitido todo. Le está permitido, por propia determinación, por el interés del Poder, por propia decisión, quebrantar la fidelidad jurada. No le es imputable la maldad, ni la mentira, ni el engaño, ni la crueldad contra extraños o propios, si con ellas se sirve a sí mismo. No puede haber, pues, obligación política para con los extraños. No existe tampoco fcouor político, por cuatito honor significa lealtad al ideal que alguien se ha propuesto a sí mismo. Mas, allí donde no hay obligación rii. honor, tampoco puede haber confianza. Kégna regnis lupi. Los Estados son lobos para los demás Estados. Y esto se dice, no como suspiro pesimista, a la manera del viejo homo homini lupuSj sino eomo doggia e ideal políticos y- MÉJICO Y ESPAÑA Recibimos de Méjico el siguiente comunicado sobre el que, sin duda alguna, se tomará una rápida decisión: Es necesario llevar la voz de España a tierras de América. Las Repúblicas hispanoamericanas deben ser para los hombres que surgen de este movimiento renovador una verdadera continuación del solar nativo y no unos conceptos retóricos de historia y cantares de gesta. Pero veamos lo que nos dicen desde allí: Ante el drama español, de una parte, las democracias europeas, pusilánimes, tomaji una actitud negativa preñada de temores y peligros. Desconociendo o- -peor aún- -haciendo ver que desconocen los derechos del pueblo español, se encierran muellemente en su torre de cristal, ajenas por completo al infierno que asóla aquella tierra. Por otra, parte, las potencias fascistas, más bruscas en sus procedimientos y más extremadas en sus egoísmos, apoyan descaradamente a. Franco y sus secuaces. Primero, con el fracaso de los militares españoles- -que de tales sólo tienen el nombre- -se empieza a dibujar, deciden enviar contingentes humanos pertenecientes a las unidades de los propios Ejércitos extranjeros. ACTO DE ADHESIÓN A ESPAÑA Ginebra 6, 10 noche. Se ha celebrado en el salón del Municipal Palace, con enorme concurrencia, el anunciado mitin organizado por la Asociación de I- íigcs cíe la España republicana, en el que- atervino el presidente, André Outramar, y el líder socialista León Nicole. Este hizo un relato do su viaje por España, a las ciudades leales, donde visitó los frentes. Resaltó la gesta del pueblo hispano, y aseguró su triunfo definitivo. La concurrencia dio vivas a la España republicana. Seguidamente se proyectó una interesante película de los frentes de lucha, y cuando terminó el acto se repartió el último discurso de su excelencia el Presifijnte de la República española, D. Manuel Azaña. También se vendieron muchos carteles y postales de propaganda a beneficio ele laj causa española. -J t. En cuanto a los países fascistas, buscan en la presente guerra la saíisfacción de sus particulares egoísmos y sus criminales apetitos. Entre tantas amarguras, el sufrido pueblo español recibe do todas partes una corriente de simpatía que enaltece a quien la prodiga. En América tiene ese movimiento renovador fervientes partid? a- ios, que no ocultan su admiración hacia los españoles antifascistas. Pueblos dignos, que se solidarizan con sus ansias y sus deseos. Pero de todos ellos destaca, por méritos ampliamente- contraídos, un pueblo libre, próspero, que ha sabyj. 0 sacudirse la reacciónj Méjico,