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A B C. VIERNES ¡DE FEBRERO DE 1937. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. g. DOS SACERDOTES CATÓLICOS ESPAÑOLES CONDENAN LA REBELIÓN FASCISTA En La Voix du Peuplé de Bruselas, encontramos estas dos expresivas cartas, Que reproducimos sin el menor comentario: La tragedia de España es la tragedia de un pueblo que no se resigna a permanecer esclavo, que quiere ser él mismo el dueño do su destino, que quiere vivir de su trabajo, pero eme lucha, sufre y muere estrangulado por las manos de aquellos que, en lugar de ser sus guardianes se han hecho sus verdugos. lístoy con los obreros y el pueblo español porque se oponen a un sistema económico absurdo y brutal e igualmente la Iglesia, a pesar cíe que nuestros egoísmos lian. olvidado lo que los soberanos pontífices nos lian enseñado. Piden ía justicia social y la supresión o ródraccíóíi do las injustas distancias que existen entre aquellos que lo poseen todo y nqaellos qtie no tienen nada. Tienen razón. Mi religión católica me ordena que ame al pueblo, porque la religión católica no admite ni castas ni clases. Yo sé que. mi ministerio me conduce liaeia ios pobres y hacía el pueblo. Con riesgo de escandalizar ciertos auditores de buena fe, asustados por las historiar, do Jos crímenes cometidos por los rojos, ni o atrevo a decir que precisamente una de las cosas que más dañan al triunfo y a la solidez del Frente Popular es la debilidad en número y en influencia del partido comunista en la masa popular. Lo digo yo, que estoy bien lejos de ser comunista: los observadores de los partidos más diferentes han podido notar que el comunismo en estos últimos tiempos, y sobre todo en las circunstancias actuales, ha sido un elemento de ponderación, de conservación, de orden y de disciplina. Sus oradores, sus dirigentes, sus milicianos, sus partidarios, se han portado en general con un sentido notable de la responsabilidad y de la prudencia. -Padre Lobo (antiguo profesor del Seminario de Madrid) Cua rido, al ver las violencias cometidas en contra de personas u objetos consagrados al culto, se obstinan en atribuir al Gobierno del Frente Popular una política deliberadamente persecutiva, parece que se olvidan que en el País Vascb, donde el entusiasmo al luchar contra los rebeldes es incomparable, sin embargo, los curas y religiosos gozan del respeto y de la libertad más absolutos, y el culto se prosigue con la asiduidad y la devo ción que- son allí t r a dicionales. To afirmo con tofla, (conscíencla que no bnbía ninguna razón, ningún motivo religioso en España, para que los curas, los religiosos y los católicos en general puedan creerse con derecho ai desencadenar esta terrible conflagración ííacSoondsl. Después de largos contactos con todas las clases sociales y políticas, lie, llegado a la conclusión que es cq, si exclusivamente del pueblo, de dónde brota la fuente poderos de que aun queda de vida en nuestro país. Pueblo español, única alma aun viva entre los cadáveres de los aristócratas de los elegantes, de los intelectuales ah, la. vergonzosa traición 3 e los intelectuales! fie los ricos, de los políticos, de los parvenus, de los arrivistas, de los nuevos ricos, de las clases superiores. Pueblo generoso que con sus enormes defectos, sus incontinencias brutales, sus pasiones desbordadoras, es quizá la única reserva que conserva aún escondida la fecunda llama espiritual, gracias a la cual España no morirá. -Padre José M. Gallegos (canónigo de la Catedral de Córdoba y profesor de la Universidad de Madrid) GRONICA D F RETAGUARDIA ¡Viva Madrid, que es mi pueblo! Todas las mañanas puede verse a esta mujer tomar uno de los primeros tranvías qu; desde el Obelisco conduce a San Francisco. No hace tan largo trayecto. Se apea en la Glorieta de Quevedo, y por Magallanes enfoca Fernando el Católico, pata encaminarse a su antiguo barrio, abastecerse e: i las tiendas marcadas en su cartilla y echa una ojeada a su casa, a su casita de Vallehermoso, herida por los obuses de los desalmados fascistas. Tiene cuarenta años, bien llevados por una cara morena y picaresca y un cuerpo que conserva las lineas, aún acusando las curvas inatronrles. Entre los viajeros de los- primeros- tranvías, con la diaria convivencia, hay estable- cida una amab e cordialidad. So en- su mayoría, evacuados en el barrio de Salamanca, que van a hacer sus compras o sus faenas en sus antiguos distritos. Damiana, la cuarentona apetitosa, dialoga con unos y otros. Primeramente hay una lamentación general por la escases de comestibles. -A mí ayermen abastos, ine dieron un kilo de judías, otro de arroz, cien aramos de pimentón y un paquete de sal. Hasta dentro de diez días no me vuelve a tocar. ¿Usted cree que con eso puedo yo dar de comer a mi Paco y a los tres chicos? Así tengo que andar de aperreada todo el día para coger algo. A mi chica la mayor la he dejado ahí, en Serrano, en una ola de aceite y yo, ahora, si no ine toca carne, voy a bajar a la Cebada a ver si compro algo de verdura. ¿Ha comprado usted de esas morcillas q- ue venden? ¿Yo? ¡Pa el gato! Si ni el gato las quiere! Y eso que el mío se ha decidido a comer hasta lentejas. -Yo llevo dos semanas dedicada al arroz. ¡Lo bien que lo pasarán ahora en Madrid los chinos de los collares! -Calle usted, si yo creó que ya vamos teniendo el mismo color y se nos resisten las eses. -Y usted, señora Damiana, ¿vio se marcha? ¿Yo? ¿Se quiere usted callar? rA mí me entierran o me queman en Madrid. -Y a mí. -Que las entierren juntas! Gracioso! -Pero usted no tiene nada que hacer aquí. ¿Corno que no? Tengo que ver lo qité pasa, sufrir con nñs paisanos, llorar con la amiga o ía que fe lian destrozado la casa o le ¡tan matado al hijo y volverme íoca te alegría corriendo por las calles el día que dos hayamos echado para siempre. ¡Vamos, que eso no me lo pierdo yo! -Podía usted celebrarlo en otro sitio. -Pero no lo vería en Madrid, y, además, me parece que me daña Hasta vergüenza por haber huido. -No es huir. Las mujeres, los niños, deben marcharse, Es tonto dar víctimas a. esos canallas. -Tiene usted razón, y por eso a mis chicos los he puesto en seguro. En Valencia están desde hace tres semanas. ¿Y ha tenido usted valor para, dejarlos ir solos? -Sé que- están- bien cuidados. Yo 110- podía marcharme; ¿Trabaja usted? K T 4 jb ¿Entonces: ¿Y, mi casa? -Se la sellan a usted; nadie le tocará ni a un puchero. -Los pucheros y los colchones ine Vos he llevado a la casa en donde estoy alojada y ahora ando detrás de que me lo dejen sacar d do. x ¿No estaba amueblado el piso dónde vive usted? ¡Digo! ¿Y vaya muebles! f -A mí, le aseguro a usted ¡ue no. ¡Pues poco que daría yo por verme otra vez en, mi casita... y eso que en ella he pasado lo mío... AUí se me murió mi ¡winbre. Allí creí yo morirme de hambre... -Pues también es c ush pasar ápür ds y malos ratos. Yo, como pudiese, en mi tierra estaba. ¡Ah, ya! No es usted de Madrid. Ahora lo comprendo. Si fuese usted madrileña castiza, como yo, no, tendría valor para dejarle en estos momentos; es. que no sabe usted si la casa, el teatro, la- iglesia c ue ha visto hoy la volverá a ver mañana, No iék- dría usted paciencia para oír porAd radia o leer en los periódicos cad veinticuatro, horas que no han- entrado, que les heñios zumbado en la Mondo a o en la Casa. de Campo. Yo necesito enterarme en seguida. ¿Y cómo se las arregla usted? ¿Para qué me sirve el oído? Si hay. tomate me asomo a la, ventana y sé si el fregado es en Usera o en el Parque del Oeste; si disparan los cañones gordos, si las ametralladoras son nuestras... Por los morterasos me doy cuenta de si ceden o aprietan... Si vienen los pájaros al día siguiente voy a ver dónde han caído las pildoras ¡Poco que lloré delante de la iglesia donde me echaron el laso! ¡Canallas. -Tiene usted razón. La pasa a usted, lo msimo que a mí. De debajo de la cama me tendrían que sacar para evacuarme. No hará falta, ¡que va! pero si hiciera, desde el balcón, con los tiestos, con las planchas, con agua caliente, defendería j o mi casa. ¿Dejarían ustedes a su madre por miedo, a que les. pegase el tifus? Pues tá mfrcco dejó- yo a mi Madrid porque pueda morir Aplastada, ¡Viva Madrid, que es mi Pueblo! Como la señora Damián a y su locuicrá hay muchas mujeres en Madrid a las que precisa convencer que también se le demuestra amor huyendo del peligro y que mejor se le defenderá el d m en que no haya en su recinto más que combatientes. X. X. X. El ex general faccioso Mola, cuyas glorias de fusilador de estudiantes inermes se recuerdan todavía en la Universidad de Madrid, ha pronunciado un discurso ante, la radio de Salamanca. T en él ha dicho, entre otras eosass, lo que sigue: No teñéráos en el EJérciío nacionalista batallones al maDes, como dicen los rojos Ni Io queremos, ni los necesitamos para Tencer. En centenares de telegramas y crónica enriadas a Prensa de París, Londres y Nueva York, y también de otras eapltacíes d Europa y América, los corresponsales acreditados cerca de los mandos facciosos se han referido, día por día, a la llegada, estancia e intervenciones bélicas de las unidades regimeníales alemanas. Han dicho que Sevilla, Cádiz, Salamanca, Avila, Valladolid, Toledo, Burgos, Zaragoza y Segovia parecen ciudades de Alemania, ya que sus hoteles apenas si alojan más que jefes y oficiales del Ejército del Keich. y que sus calles y plazas son cruzadas constantemente por fuerzas de línea germanas, que dasfilan al paso de la oca Al mismo tiempo, basta leer los periódicos publicados en la España dominada por los rebeldes, para darse cuenta d s que los moros rubios aún más que los condotieros italianos, son los dueños de la situación y los que hacen la- lluvia y el buen tiempo Pero no necesita. ii los defensores ¿PARA OUE MIENTE MOLA...