Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Madrid, 27 de enero de 7937 AÑO XXXIII. NUMERO 10.515. REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN: SERRANO, 61. TELEFONO 51710. NUMERO SUELTO, 15 CÉNTIMOS DIARIO REPUBLICANO Director: ELFIDIO DE IZQUIERDAS ALONSO En Ginebra, el ministro de Estado del Gobierno de todos los sectores antifascistas de España ha declarado en un discurso solemne que los leales lu chan por una REPÚBLICA DEMOCRÁTICA Y PARLAMENTARIA. También añadió que el Gobierno de la República se ocupa de la misión, humanitaria de evacuar la población civil. la tasa y elf racionamiento, son funciones que debe asumir en riowibre del, Gobierna un organismo en ique ésteíidelegue, pero con todas las atribucionesMiiníñ p ensables para abastecer Mad id, ¡que tien: e iderecho á vivir, de. algo más que de alabanzas. NOTAS DEL DÍA EL DISCURSO DEL MINISTRO DE ESTADO EN GINEBRA. -Otra vez ha hablado el Sr. Alvares del Vayo, con la dignidad de quien representa en Ginebra a un gran pueblo. No pretendemos. recoger en este comentario la substancia política del discurso de nuestro, ministro de Estado, al declarar ante el mundo en la resonante tribuna de la Sociedad de Naciones, cuáles son los anhelos y aspiraciones de la España leal, sino que interesa destacar el sentido de gran responsabilidad con que supo mantener los derechos del Gobierno de la República, al querer agredirlos el Sr. Edward, representante de Chile. Ei tan- manoseado derecho de asilo, que ahora ha tenido en Madrid- una excesiva y complaciente prodigalidad, -mal correspondida en algunos casos, ha pretendido el representante de Chile en la Sociedad de Naciones que sea discutido cqmo- materia donde el Gobierno de España ha vulnerado los. Tratados internacionales. El Sr. Alvares del Vayo demostró h faifa de fundamento jurídico en que se apoyaban las acusaciones del Sr. Edward, el cual tuvo que recurrir al golpe de efecto del caso Madariaga según una versión de novela policíaca que el propio Madariaga ha desmentido en el Times de Londres. El fascismo internacional y sus aliados encubiertos no pierden ocasión de atacar a la República, y muy en su punto estuvo la contestación de nuestro ministro de Estado al poner punto final a una maniobra con estas dignas palabras: Como representante del Gobierno de la República, sé medir el alcance de cada una de mis actuaciones en Ginebra; pero no debe confundirse el espíritu de conciliación con una ausencia de decisión, que no existe, de tolerar el más mínimo ataque al Gobierno soberano de España. Decir que Madrid carece de alimentos por torpeza de la Consejería de Abastos o de la Comisión de Abastecimientos constituye una afirmación caprichosa y estúpida, pero decir que Madrid se encuentra mal abastecido es una afirmación rotunda e indiscutible: Quienes hayan tenido ocasión de visitar las grandes poblaciones alejadas del teatro de la guerra, habrán observado, con deleite cómo son pocos los artículos de primera necesidad que escasean o, al menos, existen en abundancia algunos artículos de primera necesidad. Madrid, que no puede gastar su dinero sino en. comer, paga al precio que l- e sirvan las municiones de boca, como prueba del excesivo precio que aquí se paga por algunos artículos en relación con el precio de Venta en otras poblaciones. ¿Por qué, pues, faltan los alimentos más indispensables? Nosotros, que no queremos ahondar en este delicado asunto, sino exponer una opinión; creemos que el problema desborda las atribuciones de la Junta de Defensa y de todas las autoridades de Madrid; que es un problema nacional que hay que resolverlo desde fuera, dotando a un organismo, único en ejecución y en responsabilidad, tte todos los- medios adecuados para cumplir este fundamental cometido. Coordinar los transportes y proteger y distribuir los aprovisionamientos del comercio, dando lugar a que las autoridades de Madrid ejerzan luego la vigilancia sobre ¿QUE SOMOS LOS REPUBLICANOS? Por Fernando Val era Nada enoja tanto como que nos supongan intenciones que no tenemos, ideas que no profesamos o prácticas que no compartimos. La gente, sin embargo, es muya dada a suponer en los demás lo que le conviene, aunque carezca de fundamento. Y no es raro tampoco que el mal intencionado, el egoísta o el n cio, juzgando a los demás por el cristal de su propia conciencia, les vea como si fueran caricaturas de sí mismo. Hay muchos hombres para quienes el mundo es un extraño espejo, en donde ven a todas horas reflejada en mil objetos diferentes la imagen de su propio ser. Yo he conocido un catalán que viajó por todo el mundo, sin conocer otro pa- ís que su Cataluña. Cada vez que la Naturaleza o la civilización le presentaban un pa- norama nuevo, en lugar de entrega- rse a la contemplación del bien presente, volvía los ojos del pensamiento a un bien análogo de su Cataluña, y excla- maba: ¡Allá, en Barcelona... Y así pasó por el mundo sin penetrar en la esencia de ninguna otra tierra. Ahora está de moda descubrirnos a los republicanos. Me duelen los oídos y los ojos de oír y leer juicios acerca de lo que somos o dejamos de ser, juicios que de nosotros suelen hacer los que nunca han sido. Es corriente oír: La templada Unión Republicana Los partidos republicanos que constituyen la izquierda de la burguesía Ustedes, los republicanos que, en fin de cuentas, son burgueses... No deja de pasmarme este descubrimiento de rní mismo. Porque en mi ya larga vida. no veo, por más que miro y remiro, huella alguna de mi burguesía. Nunca conocí otro bienestar que el trabajo, desde bien niño, y en los más variados oficios, desde mozo de almacén, hasta profesor de latín; no me legaron mis padres otras rentas que muchos deberes, aún a la edad en que todos suelen disfrutar la magnífica irresponsabilidad ele la juventud; incluso tuve que vivir muchos años efe mi infancia sin hogar propio, porque a los siete años se me habían muerto los padres. Pobre y huérfano, ¿dónde habré podido cometer el pecado de mi burguesía? Pero vuelvo los ojos a mi lado, a la ciudadanía leal, republicana, con la que he compartido fracasos y triunfos políticos, y no veo más que manos encallecidas, rostros curtidos, espaldas cansadas. En la templada Unión. Republicana de Valencia, no hay más que trabajadores, porque hasta los pocos hombres de posición. algo más; acomodada, se labraron aprppiajjindependencia a costa de su laboriosidad infatigable. Todos ellos vienen actuando revolucionariamente desde hace muchos años; no han conocido más que sacrificios, y no han gobernado jamás, i Dónde estarán las, características sociales que permitan clasificarlos como burgueses? Por su condición, su vida y su temperaamento, son nada más y, nada menos que trabajadores. ¿Será poi süs ideas? if. ¡Todo cuanto ha planteado hástá h oy la: revolución no es nuevo para nosotros. e Mas aún: hemos venido sirviendo fi elrneiité duráritéémuchos años a ieleas que todávía npi ha llegado a plantear la revolución esj 3 áñóla! f Nuestros programas mínimosj cpntisnen i precisamente las soluciones prácticas a quef. se ¿acogen ahora los. partidos de la. revolución. En nuestro programa está todo, í desde el Estado federal y la estructura económico- sindical del país. hasta la nacionalización de la tierra, de la Banca y del gran capital, sin olvidar el respeto a las pequeñas empresas agrícolas, industriales y mercantiles. Nuestras fuentes doctrinales son: primero, un ideal insobornable de justicia. Luego, un sentimiento permanente de humanidad, y, por último, un culto constante a la libertad humana, que es fuente del progreso social. Nuestras enseñanzas están en la experiencia milenaria de la raza; en su genuina tradición libertaria, en Costa y Pi y Margall, en Giner de IQS? Ríos y en Salmerón, en otros cien maestros de honradez, bondad y sabiduría. Ni siquiera se nos puede decir: Vuestros programas son buenos; pero ¿y vuestros hechos? ¿Qué hicisteis para realizar desde el Poder vuestras ideas? Desde el Poder no hicimos nada, porque nosotros no hetnos gobernado nunca. A lo más, hemos sido un simple y adjetivo elemente colaborador de los partidos y Gobiernos de los demás. Pero ¡a iniciativa, la responsabilidad, el mando, el Poder, nunca estuvieron en nuestras manos, ni cuando éramos radicales- socialistas, ni cuando nos incorporamos a la Unión Republicana. Siempre fuimos minoría. Desde la calle, hicimos- lo eme pedíamos hacer enseñar nue; tro p ¡nsamicnt difuu- EL ABASTECIMIENTO DE MADRID.