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M a d r i d t r i n c h e r a dei mundo Las pobres bestias del Señor en la guerra Resignadas y humildes, como aceptan lo duro designio que viniera de lo alto, las (pobres bestias del Señor sufren los duros azares de la guerra. A unos kilómetros del frente serrano descansábamos (placenteramente un atardecer de este veranOj cuando fuimos sorprendidos ipor un fuerte bartir de alas. Momentos después aterrizaba entre la hierba de un ribazo un águila, desahuciada de su crestero refugio en una cumbre por el batir de sus audaces com ¡pañeros Jos guerreros de! l aire. Hallo acomodo junto a nuestro refugio, y pena daba verla, no lejos del hotel que ocupaba la Comandancia, dormir- ¡tan venida a menos! como un gorrión cualquiera, en un cerezo. Respetuosos con su tragicomedia, estando tan a tiro, ningún miliciano la hostilizó. Las palomas carabinnheras se han decidido heroicamente a no abandonar sus palomares y, habituadas ya, después de dos meses de lucha, al fuego de la fusilería, al estallar de las granadas de mortero, se arrullan, amorosas- -no en vano el amor es más fuente que la muerte- en los aleros de las casas. A veces una bala perdida corta trágicamente el idilio... I os perros, abandonados por sus dueños a su propio destino cuando 1 o s fascistas irrumpieron en los pueblos próximos, han cambiado alegremente de amo al pasar a manos de nuestros soldados. Uno de los canes, apodado Zagal, mascota de una compañía segoviana, fue herido en una pata cuando acompañaba a sus camaradas ladrando furiosamente, en un ataque cuerpo a cuerpo. Me presentó a Zagal un practicante, mostrándomelo como ejemplo de heridos sufridos y disciplinados es al iprimero en llegar al botiquín todas las mañanas a la hora de la Solidaridad. Este peno- en el frente, se muerde la pata por no morder a los gatos que se beben la leche condensada con que los milicianos le han obsequiado. En un lujoso palacete próximo a Madrid fueron hallados estos preciosos cachorrillos. Una miliciana los pasea en un carrito que iué solaz de sus antiguos y pequeños dueños... cura. Ha sido necesario sujetarlo para poder hacerle la foto: al enfocarle muestra, medroso, al temor de que di disparo de Ja máquina ddl compañero Mora pueda también heriríe. Hace unas semanas, cuando luchábamos en 1 ya reconquistado barrio de Usera, había un perro de torpe y vacilante caminar, que estuvo unos días yendo y viniendo de 4 a trinchera enemiga a la nuestra, sin decidirse a penetrar en ninguna de ellas. Su actitud de no intervención me hizo bautizarte: lord Plymouth. Una tarde en la que el fuego arreció, una explosiva arrancó medio hocico a un cerdo que estaba ¡próximo al perro, y que huyó dando feroces gruñidos, y otra dum- dum segó! a cabeza del can. Cuando ai día siguiente, ganada Ja trinchera enemiga, fuimos a enterrarle, comprendimos ie) l andar torpe y vacilante del pobre lord Plymouth: sus ojos, aun abiertos, lechosos, mostraban su ceguera. Y es que Dios siempre emipieza por cegar a quien quiere perder. ¡Infeliz lord Plynioiith! Zagal muestra su pata herida, casi cicatrizada. (Foto V. M. IVÁN PEÑALBA