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Crónicos de a guerra En Madrid, no me hable usted de la guerra... (De nuestro enviado especial Zadaba. Después de veintidós días de campaña he regresado a Madrid por una semana. Los amigos no cesan de preguntarme noticias de la guerra. -Dime la verdad, porque tú conoces- la. verdad. -La verdad se dice todos los días por radio, desde el ministerio de la Guerra, tres veces... No satisface del todo mi respuesta, pero es absolutamente cierto que no hay otra verdad. Madrid presenta un aspecto extraordinariamente simpático para el que viene de los frentes. Su aire marcial, su preocupación por el avituallamiento de los que luchan, su actividad en Jos, trabajos de retaguaVdia, hasta él interés apasionado con que las mujeres siguen con la mirada a los tn avos que desfilan, son notas consoladoras para los que defienden la República en las líneas de fuego. Hemos encontrado en las calles a algunos señoritos. ¡Qué bien les sienta el aire revolucionario! Sin corbata, poco acusada la raya del pantalón y sucios Jos zapatos, tienen más aspecto, de hombres. Su desaliño les roba frivolidad. Hasta parecen preocupados. A lo mejor tienen motivos para estarlo. Puede que piensen que en adelante van a tener que trabajar. Un poco de imaginación, muchachos. Suponed que papá se jugó a una sola carta vuestra fortuna. Y que la perdió. Seguramente en el Palacio de la Música o en el Callao habéis visto un montón de películas en que un joven arruinado se abre camino. -merced a su esfuerzo. Ya comprendo que no eran momentos aquellos para aprender la lección. V Las pulidas manos de Jovita o de Nene jugueteaban, acariciadoras, en las vuestras, amparados, por la dulce obscuridad y embriagados por el perfume desinfectante del cine. No estabais para nada. Lo comprendemos. Pero ya veis en la que estamos metidos. Hay que disponerse a trabajar mucho para comer mal. Precisamente lo que les ocurría a muchos miles de muchachos en los tiempos en que vosotros ibais con la novia al cine aristocrático; Por de. pronto, confesar que así, despechugados, vais más frescos... Otra, novedad que encontramos en Madrid es la. gran cantidad de. noticias que las gentes poseen de los frentes enemigos: Al parecer, todos los receptores de extracorta trabajan intensamente a las horas- en que Radio Tenerife lanza sus partes de guerra. Ya comprendemos la serie de dificultades, casi insuperables, para evitar esta peligrosa afición del radioescucha. Pero encon- tramos, no ya peligroso, sino de suma gravedad, que esas noticias, recogidas en la clandestinidad, se difundan. Y no porque alegre los corazones de los que confían en nuestra derrota- -que esa fe no la perderán fácilmente- ni porque disminuya el entusiasmo dejos nuestros- -que malhaya entusiasmo tan liviano- sino porque quebranta la moral de la retaguardia, asustando al timorato y ganando al débil. Y tanto para esquivar la respuesta a preguntas impertinentes como para no escuchar el bulo radiado, hemos puesto en circulación la conocida frase: -No me hable usted de la guerra. (Fotos A B C. Mi