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A B C. VIERNES 19 DE JUNIO DE 1936. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 25. UNA JORNADA HISTÓRICA mundo una iniciativa que los demás, deberán apresurarse a recoger. Sería una lástima, por ejemplo, que España, donde suelen recibirse con retraso los impulsos, malos o buenos, que. surgen fuera de nuestras fronteras, tardara en enterarse de que las sanciones perdieron toda posibilidad de eficacia hace ya bastante tiempo, si es que alguna vez la tuvieron. Hay una persona que puede dar fe de ello y que, si así no fuera, no estaría visitando a Inglaterra en estos momentos históricos. Nos referimos al Negus, cuya opinión privada sobre lo que ha ocurrido hoy en el Parlamento de Westminster sería interesante conocer. -BOLÍN; IZQUIERDISTA, ÉDEN PROPONE EM LA CÁMARA DE LOS- COMUNES EL LEVANTAMIENTO DE LAS SANCIONES A B C en Londres, Roma y Ginebra. Enérgicos ataques de Lloyd George contra e! Gobierno. Edén confiesa e! fracaso completo dé su política El Gobierno inglés está sufriendo las consecuencias de su error de haber sido infiel a su programa conservador y haber subordinado éste al deseo de conseguir la benevolencia de la oposición liberal y laborista. No sólo el ambicioso Raen tiene culpa en ello, sino también el Índole; ic Baldwin. La ambición del joven ministro de- Negocios Extranjeros era natural, desde el punto de vista humano, pero Baldwin podía- y debía cortar sus cogíteteos con las izquierdas, que no veían en la guerra itaüoetíopc sino una magnífica ocasión para combatir y derribar a Mussolini. La oposición adoptó una política de destrucción, que le es natural, y con la mayor lógica persiste en su error, porque para ella no- se trata de encontrar la mejor manera de asegurar la paz, sino de un deseo de venganza contra la política italiana, que con la victoria militar ha desbaratando siis planes. Lo que es menos lógico, muchísimo menos, es la actitud de Edén, que- hace dos meses, en el Consejo de la Liga, reunido en Ginebra el 20 de abril en una fecha en. que los italianos se acercaron ya a Addis Abeba) declaró todavía que su país no sólo estaba dispuesto a mantener las sanciones existentes, sino a adoptar otras, mas severas, para imponer a Mussolini la voluii- i tad de la Sociedad de Naciones. La oposición tiene razón al exigir que Edén dimita, porque no es posible que el mismo ministro que el 20 de abril pidió la extensión de hs sanciones, vuelva a Ginebra para abogar en pro de su levantamiento. Edén ocupó la car- tera de Negocios Extranjeros a raíz de la dimisión forzosa de Hoare y los acontecimientos han preparado a éste un magnífico desquite. Sería lógico que Edén cediera su puesto a sir Samuel Hoare, el político inglés que desde el primer momento había visto los peligros de la política sancionista, política nada conservadora y tínicamente apoyada por los elementos revolucionarios más o menos francos de todos los paísesRepetimos que el Gabinete Baldwin se ha separado del espíritu conservador y por ello merece las críticas de las cuales es objeto. Ojalá no tenga demasiadas repercusiones la rectificación forzosa del Gobierno británico en srt, vasto Imperio, ni entre las razas de color en general. te desarrollada y terminada hace varias semanas por el país- contra el cual iban aquellas medidas. Y hoy, con la repudiación de las sanciones por el Gobierno británico, hemos visto consumarse el fracaso (le la política preconizada por el Sr. Edén y seguida por la Sociedad de Naciones y por la mayoría de los Estados que forman parte de ese organismo, sin que esos esfuerzos colectivos, vivo ejemplo del ideal de seguridad colectiva, que tanto apoyo suscita en Inglaterra, hayan servido para asegurar la existencia independiente de un trozo siquiera de la mal llamada nación etíope. El Sr. Edén ha borrado las sanciones contra- Italia de su programa sin añadir a esa retirada la suya personal del campo de la política activa. No han faltado ruegos insistentes para que el ministro de Negocios Extranjeros sincronizase lo uno con lo otro, y, como era de esperar, los ruegos han partido precisamente de los escaños que más caluroso apoyo prestaron al joven ministro cuando inició su política sancionista; es decir, de los sectores libera! y laborista de la Cámara, esto es, de la opinión inglesa antifascita, que, como ahora puede verse sin resquicio para dudas, ha sido más anti que pro en todo este conflicto. Con especial dureza se expresó el Sr. Lloyd George, cuyas intervenciones parlamentarias pierden frecuencia sin sacrificar energías al afirmar que el Sr. Edén iría ahora a Ginebra para destrozar a la Liga de Naciones, recordando que su predecesor, sir Samuel Hoare tuvo la decencia de dimitir al verse en un caso semejante. Lloyd George dijo que durante; los cincuenta años que llevaba de diputado no había oído, hasta ahora, a un ministro británico, hablando en nombre del Gobierno, la declaración de que la Gran Bretaña y su Imperio habían sido vencidos. Pero el. veterano político dio muestras de los; estragos que Hace la edad o de- los males que produce la ignorancia, cuando añadió que Abisinia no había sido conquistada aún; y que no comprendía por qué razón abandonaba el Gobierno la política sancionista. Una pregunta semejante hecha a estas alturas pro: vocará más sorpresa en el extranjero que- en Inglaterra, pues el Sr. Edén reconoció lealmente esta tarde que la ignorancia sobre el poder militar de Italia- -nosotros diríamos el desconocimiento de los progresos realizados por Italia bajo el régimen fascista- -ha ejercido una gran influencia soAnte Ja Cámara de ios Comunes bre la opinión pública y en especial sobre se consuma el fracaso de la poiíti- la adopción de una política de sanciones. El Sr. Edén habló esta tarde entre las ca de Edén. Violentos ataques interrupciones irónicas de los laboristas, y contra este ministro su discurso reveló cierta tendencia a reducir, la. importancia del papel desempeñado Londres 18, 12 noche. (Crónica telefónica de nuestro- redactor. Hoy hemos visto por Inglaterra desde que se inició el asunto a una Cámara democrática, madre de los de las sanciones, y también ha olvidado las Parlamentos del mundo, discutir solemne- iniciativas británicas, el- envío al Medite: mente si debían o no mantenerse las san- rráneo de grandes fuerzas navales y hasta el hecho de que la Gran Bretaña, al abanciones impuestas meses atrás para evitar que prosiguiera una guerra, victoriosamen- donar las sanciones anfiftálianas, plantea al A B C en Roma Un día histórico. Inglaterra decide proponer a Ginebra el levantamiento de las sanciones Roma 18, 12 noche. (Crónica telefónica de nuestro redactor. En este día que recorta su fundamental perfil, no ya en Italia, sino en la redonda moneda del orbe, yo no puedo ni quiero, hacer otra cosa que transmitir concisamente, acaso para ampliarlo mañana, esta fría actitud impresionante con qué Italia recoge la noticia de la decisión inglesa. Podría decirse exactamente que Italia lo que hace es aceptar explicaciones. No admitiendo para sí el concepto de pecado, mal puede- considerar nunca el- levantamiento- de las sanciones como un perdón de sus faltas. En ningún momento abandonada por la fortuna, le ayudan su. esfuerzo y su. admirable afán de grandeza. Italia ve claramente en lo sucedido hoy una rectificación de conducta en los otros y un triunfo más en la larga sucesión de sus recientes victorias. Esta es la verdad exacta: Italia ha vencido en la guerra colonial y en la guerra diplomática de Europa. El hecho de que E- den, el político más sancionista del país más- saucionistá, sea quien decida proponer a Ginebra el fin de las sanciones, no puede ser más crudamente significativo. Las sanciones nacieron con un fin jurídico: evitar la guerra. Allí donde I: D la evitaron, allí cayeron irremisiblemente sin vida. La proposición que hoy hace Ed; n a la Cámara no es otra cosa que el canto funeral que en el sepelio confirma la muerte. En esa broma que se denomina Derecho internacional, todo un orden de cosas se ha revolucionado. Ese pobre Rey negro, errante y sin corona, flotará en la conciencia inglesa, con su paraguas y. todo, como un fantasma de castillo deshabitado. ¿Para qué se le ha recibido en Londres? ¿Por qué cometieron con él la crueldad de mostrarle como una verdad la enorme ficción del tenebroso mundo ginebrino? Todo ese sueño de la envidia en la cátedra del Derecho, explicando una lección imposible, se ha venido abajo. Una vez más se. demuestra a los abogados que los poetas tienen siempre razón. Contra las conspiraciones de lo jurídico y de lo económico, Italia ha vencido recitando un poema patriótico. Acaso ésta nueva victoria se la deban a Francia los italianos. La desmoralización política y el colapso social de la nación francesa ha hecho comprender a Inglaterra las escasas fuerzas con que la República contaba para defender en ringún terreno la postura sancionista. Inglaterra es un país frío y de nieblas. En política, siempre estovo cerca de los vencedores. A veces es la única táctica también para vencer al qué ya lía vencido. Inglaterra levanta el cerco, se apunta un tanto de generosidad, y la desdichada Francia comprenderá ahora cómo va quedándose Sola en el mapa, igual que un satélite desconcertado que destacara en el ABC en Londres firmamento, como propia silueta, la cara de