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DIARIO ILUSTRADO. AÑO TR 1 GES 1 MOSEGU N DO. 15 CTS NUMERO FUNDADO EL i. DE JUNIO DE 1905 POR D. TORCUATO LUCA DE TENA ABC Una de las cosas que más me maravillan- -de las muchas extraordinarias que están sucediéndose en estos últimos meses- -es la falta de curiosidad general respecto al destino que tuvieron los dieciocho millones robados en Asturias durante la revolución de octubre. El peligro ha pasado para los autores de aquella expedición fructuosa. Que no están avergonzados de lo que hicieron lo demuestra su participación activa e insolente en la vida pública, y, por supuesto, el escrúpulo con que se han inhibido de devolver en todo ni en parte el dmero robado. Un hecho asi, por su magnitud, ¿no debería ser explicado en sus detalles, para conocimiento y ejemplo de todos? ¿A qué se debe, pues, el secreto del destino dado a aquellos millones y la discreción que se mantiene en torno a tan pingüe suma? DIARIO ILUSTRA DO. AÑO TR 1 GES 1 MOSEGUNDC. 15 CTS. NUMERO CHESTERTON (En la muerte del paladín del pueblo y de la Iglesia. Es curioso. Lo que llevó a Chesterton a Cristo y a su Iglesia fue el amor al pueblo. Curioso, porque mientras Chesterton se hacía católico, las masas populares europeas abandonaban las iglesias. Y es que las religiones, en general, la nuestra, sobre todas, son escuelas de inteligencias y de voluntad y, por lo tanto, cuna de aristocracias, que suelen pasar por un período de impopularidad antes de aprender a ganarse el afecto del pueblo. ¿No está claro? Ya es difícil conciliar los dogmas de la fe con las exigencias de la razón; para lograrlo, hay que ejercitar el talento considerablemente. No menos difícil es observar los mandamientos entre las tentaciones de la vida; hace falta desarrollar el carácter para ello. Así se elevan considerables sectores del pueblo; pero otros no quieren o no pueden tomarse este trabajo. La Inglaterra de Chesterton era esencialmente aristocrática. Ya, como nación, entre las otras. Interiormente, por el abismo que separa las clases educadas. de las masas populares. Y entre las clases educadas hay di. ferencias insuperables entre la grande, la media y la pequeña nobleza, y las clases medias altas, medias y bajas. ¡Con decir que el tema favorito de la novela inglesa s la clase social! Hasta el mundo de los cenáculos intelectuales adopta en Inglaterra formas de aristocracias exclusivas. Las gentes se congregan en pequeñas capillas al amparo del supuesto dogma de que los menos tienen siempre razón contra los más y de que las nuevas ideas, todavía desconocidas por las muchedumbres, contienen más verdad y mayor mérito que las ideas viejas, ya popularizadas. Frente a este mundo de pequeñas capillas soñó Chesterton, desde muy joven, con una catedral en que cupieran todos. Entrevio que la misión del intelectual no consiste en pensar cosas raras, sino las mismas del individuo de la imperial del ómnibus sólo que con mejores argumentos. La verdad ha de ser eterna. Y cuando se encontró con que en el Cristianismo, los mejores han de servir a los peores y lavarles los pies, Chesterton echó el ancla, halló la nueva sorpresa de que el guardián de su ancla era exactamente el Papa de Roma. No halló en otra parte garantías de que se fuera a servir al pueblo. Los mismos fabianos, que querían hacerlo socialista por sorpresa, mediante funcionarios idóneos que munrcipalizaran o estatificaran los servicios públicos, no trataban al pueblo sino como a gente incapaz de enterarse. Y los mismos revolucionarios, ¿por qué no han de encadenar a las masas, el día de mañana, como a ganado de trabajo y sin alma? Responda Rusia a esta pregunta. Chesterton no advirtió que también la Iglesia tiende a formar aristocracias; pero vio, en cambio, con absoluta claridad, que, allá doíiae lá Iglesia tenga influencia, las aristocracias tienen que dedicarse a servir al pueblo. De no querer hacerlo, acabarán por reñir con ella, como lo hicieron, va, en el siglo xvi, las del r: r e de Europa, apoderándore, de paso, de sus bienes. RAMIRO DE MAEZTU y ligero, ha volado de la cabeza de los madrileños. Significa el triunfo del sinsonibrerismo, al par que la pérdida del pudor de los señores sin pelo. Ya los calvos se tuestan al sol, cínicamente. Este año, en Madrid, 110 rebrillan los coruscantes sombreros de paja, que eran como grandes flores ondulantes, en la orgía de colores del tendido. Sombrero fugaz de señorito madrileño en las tardes de toros. Viñeta finisecular de revista ilustrada. El sinsombrerismo ha restado un signo tan revelador de la personalidad como era el sombrero. Las alas a lo Rembrandt cantaban fantasía, espíritu mosqueteril. arte y literatura, así como el hongo significaba gravedad y sentido común. Por él se podía reconocer a los burócratas y a los comerciantes en domingo. La chistera ya era una cosa magnífica y tina prenda de uniforme de los catedráticos de pro ¿Se repartió bien? Es probable, puesto que vincias. Dentro de poco, el sombrero, en toni siquiera en las discusiones de estos días, en das sus formas significativas, pasará al Mulas que tantas cosas agrias se han insinua- seo Municipal como documento costumbrisdo, ha habido la menor alusión a aquel botín, ta. Los hongos supervivientes subsistirán muy superior al de Alí Baba y sus cuarenta en la cabeza del señor Pórtela y en la del correligionarios. Se Ve que aquéllo se liqui- caballero Alady, cada uno en su escenario dó bien y no es cosa de volver sobre ello. correspondiente. De vez en cuando se levanta una punta del El sinsombrerismo triunfa. Y ¿recordáis velo que lo cubre púdicamente: por ejemplo, quién fue el precursor? Pues este monscuando estas semanas pasadas, la Policía artruo que ha arruinado a los sombrereros gentina puso mano en un fugitivo de Astufue, sencillamente, por horripilante pararias, que se había instalado en la República doja, el hombre del sombrero de paja... del Plata e invertido cerca de cien mil duros en bienes inmuebles y valores mobiliarios. La actual catástrofe industrial es obra de Pero aquí, en España, el silencio es comple- un pintor misántropo, que durante quince to. Parece como si todos, hasta los adversa- veranos y quince inviernos lució por esas rios políticos de aquella partida de ladrones calles el mismo sombrero de paja, al. prin- cipio brillante como una fabulosa moneda, de ambos sexos, tuviéramos que encubrirlos azteca, y al final como uno de esos detritus sofocando nuestra curiosidad para que no se de capacho con que los cocheros flamencos produzcan preguntas ni inquisiciones indisadornaban a sus jamelgos en las noches de cretas. Pero dieciocho o, -veinte millones de verbena. Y llegó un día en que al pintor pesetas constituyen una suma considerable. Por mucho menos- -cada vez que el gordo de extravagante se le cayeron de la cabeza, la Lotería se distribuye- los periódicos realas postreras briznas de paja, y ya camilizan encuestas profusas y publican los renó, sin sombrero para siempre. Hay que retratos de los agraciados y sus propósitos. conocer que él no suponía que se consti ¿Por qué. hay este tácito horror a averi- tuía en el terrible caudillo de una revoluguar lo que se hizo de aquel dinero, como si ción contra Ja tradición secular dé que los todos hubiéramos participado en el robo? hombres ocultasen bajo un chambergo y bajo un borsalino o un canottier los abomiYo tengo curiosidad y no encuentro motivo para disimularla. Y el caso es que hay nables lobanillos y las alopecias devastadoras. Fue un tan inconsciente innovador, al muchos obreros manuales á quienes también que al comienzo no se tomó en serio del el problema interesa. Ese tesoro. ¿cómo se repartió? ¿Se entregó a las sociedades sindi- daño que iba a producir, como otros innovacales? Si fue así, ¿cómo se justificó el in- dores de- la sociología, por ejemplo... Lo que le pasaba al pobre pintor es. que greso? O, por el contrario, ¿se distribuyó entre unos cuantos picaros de los que ahora, durante tan largo intermedio no tuvo dinero a pesar de su presunto heroísmo, no pueden para comprarse otro sombrero y adoptó Sucomparecer en el teatro de sus hazañas? ¿No gran gesto rebelde, como protesta contra los s- 3 instruyó algún sumario sobre el caso? escaparates atiborrados de toda, la variedad, Aunque haya habido una amnistía sin presombreril, que él consideraba como una cedente, ¿ha podido esa amnistía llegar a ofensa, con su lógica anárquieo- sentimental justificar la apropiación indebida del pro- de pelón que tiene que ir a peló. ¿Quién ducto- del robo a mano armada? El hecho es duda de que tenía derecho a destruir la traque, alrededor de ese montón de oro, se dición del sombrero y toda la economía a: está creando un misterio semejante al de la base de tapaderas para las ojias dé grillos Máscara de hierro, como si en él anduviesen de las testas actuales? EL siiisombrensmo mezclados seres intangibles, sagrados, cuya es ya un movimiento mundial, y la desapadelicadeza, de epidermis no se puede herir rición en Madrid del gracioso sombrerillo recordándoles sus fechorías. Yo creo que, es considerada como reivindicación del homen lugar de dejar el esclarecimiento de ese bre que llevó veinte añss el mismo sombremisterio a los futuros historiadores, val- ro viejo y que durante el resto de su vi Ja dría la pena de que lo esclareciéramos nos- lució como un airón rebelde la pelusilla de otros. su cráneo. JUAN PUJOL EMILIO CARRERE MISTERIO EN TORNO EL S 1 NSOMBRERISMO ALBOTÍN El sombrero de paja, elegante, gracioso