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vantaba el palacio de Salomón, y por allí, por los contornos, los palacios de David, de los Macabeos, de Herodes, levantaron sus moles de mármoles y granito; estábamos en Aelia. estábamos en Sión, estábamos en Jerusalén, y todo esto ajeno a nuestro genial compañero de viaje le hizo exclamar, dirigiéndose al guía: -Bueno, dígame usted: ¿Hay algo interesante, importante, que ver por aquí? Porque si no, yo me marcho al hotel. ¡Hombre... verdaderamente importante, lo que se llama importante, no... Este es un lugar frivolo... -repusimos nosotros. A la bontade, bouíadc y media... Y se íué nuestro hombre. En el hotel le encontranios, en el magnífico Kirg David Hotel, bien repantigado en una butaca de comodidad británica, apurando un wisky y consultando una guía de ferrocarriles del Canadá. Desde un salón del hotel, desde sus terrazas, se contempla el panorama de Jerusalén, cuyo recuerdo cala tan hondo en la memoria, que ya nunca jamás se apartará de ella: por la belleza arqueológica del lugar, por su trascendental significación en la vida de la Humanidad, por el amor y por el dolor, por el drama y el martirio. Desde esas terrazas y desde ese salón ha espaciado su triste mirada por ciudad y campiña el Negus su mirada y su amargura, del Muro de las Lamentaciones al valle de Josafat. Nuestro compañero, que no sufre nada, nada, ojeaba su guía ferrocarrilera del Canadá. Ventajas de no ser el Negus y de no ser nada. Los judíos sollozan, gimen, cantan llanto ante el Muro de las Lamentaciones. que es lo único que existe de su templo derruido, y así desde hace cerca de- dos mil años. Es un patético orfeón desafinado, con trémolos angustiosos, que ascienden de la queja leda al chillido desesperado. Llora un rabino de barba ensortijada: A causa del Templo destruido Y contesta el orfeón de las lágrimas: Estamos sentados, solitarios y lloramos. A causa del palacio asolado; a causa de nuestra majestad; pasada; a causa de nuestros grandes hombres muertos, sacerdotes y reyes Estamos sentados, solitarios y lloramos. Pero esto es un decir plañidero, porque ni ante el Muro de las. Lamentaciones ni en el mundo entero esperan sentados los israelitas... Están siempre de pie, y muy de pie. Los árabes de Palestina los detestan, hostigan su resistencia pasiva, El Negus, fotografiada en Jeritsalén al salir del hotel donde se hospedaba. (Foto Pohl. Están siempre de pie y muy de pie. que cuando, exasperada, se torna activa, da por resultado los cruentos choques que recientemente han acaecido por esos lugares y en la misma Jerusalén. Vamos camino de Damasco, y. nuestro guía árabe nos muestra con gesto de disgusto los campamentos de los judíos sionistas, que acuden a estas tierras de todos los puntos del orbe a la reconquista de lo que creen que son sus lares eternos. Cuando vuelvas a Palestina- -dice Lif schitz a su pueblo- -serás lo que fuiste antes: campesino, pastor, jardinero, pero punca más comerciante. Y Halevy: Sólo, los agricultores de Siria, con sus trabajos, nos lavarán de la vergüenza del negocio en el mundo. Vamos camino dé aitiascó. Los dulces paisajes de la tierra bíblica se aduermen bajo la luz de un sol tierno; y todo parece rezar paz en la tierra a lds hombres de buena voluntad Cuando la noche sea de diamante o de ópalo de luna, estaremos en la ciudad de Saladino, escuchando el primer relato inefable de Jerezarda... ENRIQUE UHTHOFF,