Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
i DIARIO ILUSTRADO. AÑO TRIGÉSIMOS EGU N DO. 15 CTS NUMERO DIARIO ILUSTRADO. AÑO TR 1 GESIMOSEGUNDO. 15 CTS. NUMERO FUNDADO EL i. DE JUNIO DE 1905 POR D. TORCUATO LUCA DE TENA poráneo. Durante la revolución francesa liubo una multitud de mujeres- -las tricoteuses, así llaEn estos días aparecerá en las librerías madas porque elaboraban calceta gritando alegremente; mientras deliberaba el Tribunal la Vida del Padre Maestro fray Juan G. que enviaba millares de gentes inocentes a Arintero por el dominico D. Adriano Suála guillotina- -en las que parecía haber cul- rez, que venía dedicándole cuatro años de minado toda la capacidad de vileza de que trabajo y que dice modestamente de sí mises susceptible la especie humana. En todas mo que ha tenido que hacer la biografía las revoluciones surge a la superficie de la por no haber ni en esperanza otro biógrafo, vida social la fauna de los monstruos. Y con lo que dicho queda que su obra es entre ellos, los más horribles, los que real- única e insustituible. mente le hielan uno de pavor, los monsa Dos razones hay para esta Vida la truos femeninos. ¿De qué barro cenagoso eminencia intelectual de Arintero y la preestán elaboradas esas mujeres, cuya potencia sunción de su santidad. Fue Arintero. el de odiar se manifiesta en su facundia inju- hombre que más supo en el mundo de cienriosa, en su afán de crueldad, en su avidez cia mística. Excusaba así su erudición: Si de venganzas sanguinarias? lo dice sólo el P. Juan, pocos harán caso; Como aunque se trate de alimañas no es pero si lo dice San Juan, ya serán muchos posible reaccionar contra ellas sino apar- los que bajen la cabeza Sólo que no se tándose como de bichos inmundos, lo único contentaba con el apoyo de San Juan, sino que realmente inspiran es cierta curiosidad que quiso el de todos los santos. psicológica. Salvo en los casos de ver- Mucha ayuda necesitaba. para realizar su daderas enfermas mentales, atacadas de una intento de hacer de España una cuna de forma- de sadismo que por razón de su edad santos, como en el siglo xvi. No había otro longeva o de su fealdad no puede saciarse camino que el sobrenatural de la vía unisino en los tumultos de la vida pública, in- tiva. Para ello había que rehacer la comdudablemente hay en cada una cierta humi- prensión del misticismo, conforme al apollación lejana, a veces hasta olvidada de tegma que después ha formulado Bergson: ellas mismas, contra la que se revuelven tar- La religión es a la mística, lo que la vuldíamente de esa manera violenta y difusa. garización a la ciencia Pero, ¿quién era Nadie sabe los revolucionarios que han he- Arintero para guiar la grey al manantial? cho las mujeres aristocráticas y bellas al tenía que ser pasar con serena altivez junto a los jóvenes deLa polémica se enteró; perodura. El resto no ha habido feos y mal vestidos. Pues de igual modo en en España no disputa más apasionante que este el fondo de estos monstruos femeninos hay la de la siglo contemplación infusa con la llamade seguro una remota humillación sentimen- da adquirida Cualquier otro hombre se tal cierta burlona sonrisa viril, un día en hubiera amargado o envanecido con sus reque estrenaban un traje; la frialdad irónica sultados. Pero Arintero, ya desde joven, se con que aquel buen mozo a quien no excide vida taban lo más mínimo las confidencias pe- había trazado una línea ni admitirpara no tiempo, dagógicas, procuró eludir en una ocasión perder ningún alguno. ¡Santo Dios! pensavano ¡No su compañía; la insoportable superioridad miento nunca en nada vano! de aquella damisela frivola, que apenas ha- pensar Se salió con la suya. Después de visitar bía leído un libro, pero que la dejó a una obscurecida por la risa de su boca fragan- varios convento le ponderaba un sacerdote y la gracia felina de sus actitudes y la te la santidad que en ellos advertía y Arinelegancia mstintiva y certera de su sim- tero contestó que: Nunca ha habido. tantos ple atavío. ¡Tener al mozo aquel bajo el santos. Apenas hay Comunidad en que falzapato, y con él a todos los suyos, y ha- ten dos o tres almas de alta oración, y aún cer llorar a la damita, a ver si ahora con- sin darse cuenta de ello las mismas Esta serva la risa fresca de entonces... (Se les ha sido y es la España en que vivimos; las retuerce el alma fraguando planes vengati- costumbres se relajan, las masas apostazan vos) ¡Dar a entender que yo olía mal... y las almas santas menudean, sin que nadie Ahora le haré encerrar en un calabozo con lo sepa, fuera de ellas. letrina. ¡A él y a sus amigos y a toda su. Ni el pueblo sabe cómo son los religiosos, gente hasta la cuarta generación! Yo soy ni éstos tienen idea de cómo es aquella ahora una princesa. Las princesas ahora so- gran parte del pueblo que ha abandonado mos nosotras. Y cuando me rodea el popu- las creencias. Si los religiosos fueran inlacho, más que una princesa: soy una nue- mortales, ¿no lo pregonarían los que queva reina de Saba. Por eso rabian. man los templos? Pero nunca lo han sido Y no, pobrecita, no. No da rabia. Ni asco menos, y pocas veces más místicos que siquiera. Lástima. Piedad inmensa por la ahora. Se piensa en una semilla que está miseria íntima de su alma. Piedad verdade- germinando bajo tierra, en la oscuridad, ra y no irónica por toda la amargura y la. donde no alcanzan nuestros ojos. envidia que se. Ve que ha pasado. Piedad Esta es otra de las razones para ser oppara acogerla un día en un hogar de cari- timista. Lean ustedes la Vida de Arintedad, frustrados sus sueños, hecha ceniza en ro. Pídansela a Cádiz al padre Suárez. Se la boca, la voluptuosidad de sus venganzas, persuadirán de que un Espíritu superior cercana ya la hora de la muerte: -Anda, está soplando en España, pero en las capobrecita, llora por todo el mal que has he- tacumbas. Aún no le ha llegado la hora de cho y por el que has querido hacer. Llora darnos en la cara por la calle. Peyó lo neriomo una mujer. Aquí, a solas, que nadie ha cesitamos lo necesitamos y no viene. Palíe saberlo. ciencia. Paciencia. Volvamos a pedirlo. JUAN PUJOL. RAMIRO DE MAEZTU P I E D A D PARA LOS EL PADRE ARINTERO LOS TOREROS EX Al publicarse la Vida del TRANIEROS MONSTRUOS gran místico español contem- Los toreros españoles tienen razón, probablemente; pero algunos ele ellos han estado en El abanico Ellos eran hasta hace poco del reducido número de ciudadanos que no habían pasado temporadas de cárcel, en esa rotación de la celda a que está sometido el país desde hace años. Los toreros españoles exigen la contirigentación de la estocada. Cuando todo se contingenta en el mundo, no es su pretensión una pretensión excesiva. Y, sin embargo, al hablar de la competencia torrencial de los toreros extranjeros, no se dice toda la verdad. Se exagera un poco. Los toreros extranjeros no son más que toreros mejicanos; es decir, una consecuencia del descubrimiento de América y de su conquista. Ellos torean- como los nuestros, del mismo modo que hablan como los nuestros. Por mucho que los españoles y los mejicanos se empeñen en ser enemigos y en ofrecerse mutuamente tocia suerte de rebarbas, nunca serán extranjeros entre sí. Nosotros comprenderíamos mucho mejor esta actitud de nuestros toreros si la competencia que tanto les duele viniera del extranjero de verdad. Los viejos aficionados recordarán quizá que, en cierta época, no contenta Francia con habernos exportado ópera de pasodoble gracias a Leopoldo Jorge Bis t, quiso enviarnos también Un Escamujo con bigote y todo- -lo cierto es que se llamaba Pouly- -para demostrarnos que sus alegrías tauróíilas iban mucho más lejos que las que nosotros calculábamos al oir su música. Entonces hubiera estado bien, bien de verdad, la protesta de los toreros españoles; del mismo modo hubiese sido acertada cuando se anunció una. Cuadrilla de niños de Oslo y. cuando aquel norteamericano, que se llamaba Franklyn y que inventó la verónica ortopédica, tuvo el propósito de abrir una academia de toreo por correspondencia a beneficio de sus compatriotas. Pero, los mejicanos, señor, son otra cosa. Para ellos, el toreo es otro idioma que les hemos enseñado. A nosotros nos aseguran gentes que entienden de estas cosas, que un torero, mejicano puede ser buen torero o mal torero, exactamente igual que un español, pero que nunca es mal torero porque sea mejicano. Jamás es un torero traducido Un enemigo de las corridas de toros podría decir ahora que los mejicanos tienen esa desgracia y que como nosotros 1 somos los culpables de ella, hemos de sufrir sus consecuencias. Pero nosotros preferimos pensar que del mismo modo que tenemos la obligación de leer los libros. de los mejicanos, ért su idioma, que es el nuestro, tenemos también el deber de verlos torear, porque fuimos nosotros y no ellos los que sembramos el cairel en aquellas tierras. Y, por último, no se puede privar al aficionado a toros de la emoción de contemplar a un torero mejicano. Debe ser un espectáculo hermoso el de ver hasta qué punto cecea andaluz, de capa y muleta, un caballero de Jalisco, por cosas muy grandes que pasaron, ¡ay! hace muchos siglos. Los toreros españoles tienen razón, probablemente; pero harán mal y serán vulga- res si contingencian esta maravilla... J. MIQUELARENA