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honoren el Palacio de la Música, don la exhibición de películas nacionales y extranjeras y la actuación personal de las estrellas más populares de la producción española. Un fracaso de Kiepura El famoso tenor polaco ha triunfado en todas partes, tanto por su simpatía como por su magnífica voz. En su breve temporada norteamericana recibió inequívocas pruebas de la admiración que despertaban sus actuaciones ante el micrófono, esperadas con. el mismo interés por todos los elementos del estudio cinematográfico. Una sola excepción se registró entonces. He aquí cómo Kiepura descubrió al único habitante de Hollywood que no sentía admiración por su arte. El popular tenor ensayaba una canción en el jardín de los estudios, aprovechando el descanso entre dos escenas, cuando observó que un guarda le miraba atentamente. -Le gusta la ópera, ¿verdad? -preguntó Kiepura, mientras encendía un cigarrillo. -No, señor- -contestó el guarda- Estoy aquí para vigilarle a usted. Ayer prendió usted fuego por dos veces a ese pajar. EFEMÉRIDES DE LA Películas estrenadas en Madrid del 25 al 3 J de mayo Hace quince años 1921. -Día 26, Sed de venganza (William Farnurr) Foyali- y; La última hazaña (Jack PidcTc: Príncipe Alfonso. Día 27, Bajo su pn- tel- ra de honor (Wallace Reíd) Real Cirvrrwi. Día 31, El escándalo (Constance Taima ige) Royalty; Mentiras de amor (Gladys Brockwell) Ideal. Hace diez años 1926. -Día 27, Una buena lección (Theda Bara- Eilcn Percy) Ideal; Lucas pierde la Carole Lombard y George Raft, pareja procabeza (Clyde Cook) Royalty. Día 31, Por tagonista de Rumba aquí no se pasa (Charles Jones) y Lirio entre espinas (Ramón Novarro) Cine Doré. En sus primeras películas, William Haines no era nada más que un cara dura: un Hace cinco años muchacho atolondrado, fresco, incapaz de 1931. -Día 25, El príncipe de los diainan- tomar nada en serio, y con el que no hates (Aileen Pringle- Ian Keith) Opera; bía más remedio que reír. Esto es, por lo ¡Mío serás! (Jeanette Mac Donald- Reginald menos, lo que en él vio el público y lo que Denvy) Palacio de la Música; El secre- le impulsó a la cumbre de la popularidad. to del submarino (Marie Malicka- Adam Siempre es bueno reírse con las atrocidades Brodjjitz) Avenida; Sed de cariño (Lenore que uno no se atreverá a hacer jamás, y WilUllnch- Charles Bickford) Royalty; Volup- liam Haines, con sus rasgos de frescura y de tuosidad (Agnes Petersen- Victor Varconi) buen humor, iba invariablemente un poco Callao; La niña quiere un noble (Dina Gralla- Alphons Frylans) Ideal; Estragos de pasión (Mary Noían- Mae Bussch) Cine Madrid. Día 28, Corazón de marino (William Haines- Anita Page) Prensa. Día 29, La sombra de la ley (William Powell- Marion Schilling) Rialto; El tiburón (Albert Prejean- Gina Manes) Royalty; Artcmio, cargador del Volga (E. Egorof- E. Gall) Genova. SALÍ DA EN FALSO DE W 1 LL 1 AM HA 1 NES William Haines ha vuelto. Por nuestras pantallas han desfilado, no hace aún mucho tiempo, las imágenes de un film portador de su gesto burlón e infantil y de su sonrisa amplia e ingenua. Y el primer conmentario que ha sugerido su retorno, ha sido, lógicamente, la evocación de su retirada fulminante y aparentemente inexplicable. Sin lo uno hubiese sido imposible lo otro. Para volver es necesario haberse ido antes. Lo que interesa, pues, no es justificar esta vuelta de Wiiliam Haines sino intentar explicar Gu ¿av Froelich, en Una aventura en Polosu ostracismo. nia Caricaturas de Sirio. más allá de lo imaginable. Su especialidad eran las conquistas femeninas. Gastar bromas pesadas a sus compañeros y conseguir grandes triunfos profesionales en virtud de su despreocupación eran cosas que para él no tenían gran importancia. Por esto, su atención estaba dedicada siempre a las muchachas que menos caso le hacían y que más parecían odiarle, para terminar haciéndolas reír alegremente con sus gestos y sus gansadas. Willam Haines era un gran simpático. Nada más ni nada menos. Es decir, lo suficiente para ser un gran actor de cine desdesde el punto de vista norteamericano. De esta época- -de la época de sus primeros éxitos- -son El triunfo de Kelly, El sargento Malacara, Un tipo bien, Fiebre de primavera, De millonario a periodista... películas perfectas en su intrascendencia y limpias de toda preocupación sentimental. En ellas, claro es, aparecía el amor. Pero el amor, para William Haines, no pasaba de ser un gag cómico más. Por esto, el público acudía siempre a la llamada que hacía su imagen desde la pantalla, porque tenía la cer. teza de encontrarse con un estupendo tónico de optimismo. Hasta que un día... William Haines interpretó una película de King Vidor. Fue Espejismos, en la que trabajaba también Marión Davies, y con la que se satirizaba la vida de Hollywood. El film fracasó. Los que se acercaron a él, sugestionados por el genio de Vidor, se retiraron defraudados al no descubrir más que un cuadro de costumbres. Y los que acudieron a contemplar las últimas barbaridadesde William Haines sufrieron aún mayor desilusión al encontrarse con un pobre muchacho víctima de las preocupaciones y de las tragedias del más vulgar de los hombres. Sin embargo, Espejismos era una gran película, y su intérprete empezó a ser en ella un gran actor. King Vidor supo ver, detrás de su optimismo desenfadado, la ternura de un hombre bueno, espiritualmente tímido, anulado siempre por la superficialidad de su alegría. Y entonces fue cuando inició una trayectoria de artista auténtico con El remolque y Un hombre, de James Cruze, y Jimmy el misterioso, de Jack CÓnway, sin duda sus tres obras más perfectas y de mejor calidad cinematográfica. Especialmente Un hombre en la que Cruze, inspirándose en un patetismo muy Y el mundo marcha... consiguió el film símbolo del arte de William Haines. Claro está que no por esto abandonó Haines su optimismo habitual. En Indianápolis, en El piropeador, en Más allá del Oeste, en Todo por el aire... siguió siendo el fresco inevitable y simpático, pero siempre con una huella humana de la que, afortunadamente, pí no podía desprenderse, y que muchas veves llegaba a apoderarse por completo de sus películas, como en Corazón de marino, que realizó Clarence Brown. A través de todos estos films, parecía que el arte de William Haines no había de iniciar nunca la curva de la decadencia. Su optimismo contagioso hacía imaginárnoslo siempre en el pedestal del triunfo. He aquí porque cuando llegaron Nada más que un gigolo, Con el frac de otro, Hazte rico pronto y A toda velocidad, películas realizadas con el mayor decoro, y vimos cómo el público no las concedía atención alguna, empezamos a pensar, una vez más, en el mal gusto de las gentes sin acordarnos de que, no sabemos qué leyes fatales, han dividí- do todas las vidas artísticas en tres períodos ineludibles: la iniciación, la madurez y la decadencia. Sólo la madurez suele convertir- se algunas vepes en triunfo, como en el caso que ahora comentamos. Pero la decadencia no puede evitarse jamás. Nos hemos convencido ahora de nuevo al acudir, con el mayor de los optimismos, a la reaparición de WilHam Haines en Así es Hollywood! y comprobar que no se trata más que de una salida en falso. De algo que, lógicamente, no se debe repetir ya, RAFAEL GIL