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Notas de actualidad. Niñas y niños de las escuelas parroquiales de Fuenlabrada (Madrid) que han hecho la primera comunión, acompañados de sus maestros y de las señoritas encargadas de su- preparación. (Foto Piñeiro. confundir el cariño con la debilidad y la justicia con la fuerza! En cuanto se los trata con mimo, con dulzura, ya no hay manera de hacer carrera de ellos; se soliviantan, se sublevan y creen que la libertad es el privilegio de hacer cada uno lo que le da Ja gana. No hay más que el palo, el temor al castigo; eso es lo único que los contiene y les hace entrar en razón. Se ensoberbecen con las caricias y se humillan con los golpes. Su debilidad no es más que miedo su pretendida lealtad impotencia. ¡Qué triste condición la de los perros! ¿Qué pensarán los perros de su relación con los hombres? -seguía el hombre monologueando- ¿Habrá en ellos una conciencia colectiva como la que entre nosotros existe... como dicen que existe, porque yo no creo tampoco que la haya. Para que la conciencia colectiva existiese tendría que ser suma y compendio de todas las conciencias individulaes y esto no es posible, porque no hay dos hombres idénticos ni tan siquiera semejantes en su temperamento ni en su constitución, ni en sus necesidades, ni en su ideología. Las muchedumbres podrán coincidir circunstancialmente en la aspiración de un provecho común, pero una vez conseguido surgen en el acto las discrepancias de opinión ante el problema individual de cada caso concreto. Ño es raro ver que aun logrado el triunfo la mayoría se consideran defraudados y una de aos: o se rompe la solidaridad por defección de los insatisfechos o para seguir manteniéndolos unidos hay que buscar otra nueva aspiración que los agrupe, cuanto más difícil de realizar mejor. Las colectividades sólo pueden estar unidas por la disciplina y la disciplina es una coacción material o moral ejerc í a por el egoísmo o impuesta por el niiedo. Disciplina, es decir, obediencia, sometimiento a la autoridad dirigente, comité, directorio, asamblea, partido o dictadura; para el caso es lo mismo: miedo al palo y sujeción a la cadena. Triste condición la de los perros y la de los hombres. PEDRO MATA Se ha verificado en el Colegio de Médicos de Madrid el acto inaugural de la Semana de Higiene de la Alimentación. (Foto Días Casariego. azules, y en cuanto podía la bañaba las maPERRERÍAS nos con un lametón. Como en una de estas Era un soberbio perro lobo de gran talla, caricias se retrasase in poco, el hombre pelo áspero entre leonado y gris, hocico ne- dio un violento tirón de la cadena y el anigro, ojos azules, patas recias y orejas pun- mal siguió entonces su camino más sumiso tiagudas. Venía retozando con una perra de y más triste que antes. Compadecida la niña mi inferior calidad a la suya, sucia, enteca, cogió la cadena ce las manos del hombre, desmedrada y ruin, un animalucho de raza pero no hizo más que cogerla cuando el peindefinible, ordinario y vulgar, y detrás de los rro se soltó de un tirón y salió dando brineos una nena, como de nueve abriles, la mele- cos, carreras y retozos. El hombre, de dos na a! aire, brillantes les ojos y a cara encen- zancadas, se hizo de nuevo con la cadena dida por la fatiga de la persecución. De cuan- y con el perro, le sacudió otros dos palos do en cuando se paraba para llamar al perro y el. perro volvió a seguir sumiso y obediencon tono imperativo. El perro oo se dignaba te. Continuaron así largo trecho. La nenita ni volver la cabeza. Por fin consiguió darle, se empeñó en ser ella la que llevara la caalcance, y cuando ya le tenía sujeto y la dena y el hombre accedió a sus requerimienperra había conseguido escaparse, apareció tos, pero se colocó junto al perro con el a lo lejos un hombre con una cadena en la bastón reciamente empuñado. El can alzaba mano y un bastón en la otra; llegóse al pe- de cuando en cuando Id. cabeza para mirarle, rro, le prendió la cadena al collar y ya cau- y al ver el bastón la volvía a bajar resigtivo le atizó dos palos en los lomos y echó a nado. Llegaron los tres a la puerta de un andar tirando del can, que le seguía humilde hotelito; la niña y el perro traspusieron la con las ovejas gachas. La niña, c n. padecida verja y el hombre tomó asiento en un y amorosa, le iba dando almaditas y abra- banco. zos y rascándole la cabeza. El perro alzaba- -i Qué brutos son los perros! -pensael hocico, la miraba con sus ojos candidos y ba- ¡Qué manera tan lastimosa tienen, de