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y destiñó andariegos, tari sémeja nté á! 3 é los militares, cualquier punto de España sirve de marco propicio para su cuna- nació en Tarragona, hace ya ochenta y nueve años. En su longevidad- -ya hemos visto que en su culto por el teatro- -salió a. su madre, que llegó a los ciento dos años, abarcando su vida casi todo el siglo xix. Hoy hallamos a su hija; con rostro y galas dé fiesta. Hace íresi o cuatro días que la ilustre ánciáriita no Mve ni duerme pensando en su ingreso en. la Gasa de Cervantes, admirable y benéfico! Centro, donde la ancianidad, hasta ahora un poco desvalida, de los luchadores del teatro, encuentra digno, limpio y confortable: refugio merced a la nobilísima iniciativa yr el espíritu diligente y fraterno de la benemérita Asociación de Escritores y Artistas. -Matilde Ruiz se halla. preparada desde hora muy temprana para ser llevada a la casa -refugio, y con la alegre impaciencia que tuviera- -nos dice- -en sus años mozos al hacer su primera comunión o, más adelante, alípreieritarse como novicia o primera actriz eii la: sala de un teatro. La emoción llena d agita sus ojos expresivos al pensar en los agasajos que van a rendirle sus compañeras de oficio esta tarde en la Casa de Cervantes, lasada mayor predicamento en la escena madrileña. Asoma a sus palabras y sus gestos su alma de niña, con esa vuelta a la infan ttlitlad que es horiroso descenso y espiritual Keg. réso a los años más. puros de la juventud desde la etapa provecta en que la vida paí- eée purificarse ante ebrecuerdo y contraste fetáíntos reveses y- tantas glorias pasajeros. Gran costurera y lectora Aunque creemos ver a nuestra heroína vestida con sus mejores galas, nos dicen que este atavío es en ella acostumbrado. Lleva el pelo cortado y sujeto con una cinta azul de terciopelo, que pone en su menuda y blanca cabeza un nimbo de coquetería. Así lo llevan las jóvenes, la decimos. Dentro de su cuerpo minúsculo se adivina esa lucha eterna en que pugnan un temperamento ardoroso e inquieto, y el imperio de los años, y los reveses físicos. Cuando hablamos con ella, sus manos venosas, transparentes y firmes, no cejan en la costura. Matilde Ruiz, en el filo de sus noventa años, se hace todavía su ropa y repasa todas las de la casa. Esta, y su afición desmedida por la lectura ocupan todas sus actividades. Me Caimcn Díaz, Concha Cátala, Adela Calderón, Cnnncn Villa, Guadalupe Muñoz Sampedice que le ha vuelto la vista en los años dro y Rafaela Saiorres, rodeando a la amcianka Matilde Ruis Lamt. za: en eí acPo celeque a los demás falla, y que si se cala algubrado anteayer en honor suyo en la Casa de Cervantes. (Foto Zegrí. na vez las gafas es por pura presunción como pudieran hacerlo los chicos en su Matilde Ruiz nos habla ilusionada de la afán de ponérselo todo. Otros, a su edad, se de la Riva, Simó Raso, los jóvenes de su hallan, más que cansados, amargados por tiempo, y de respetuoso afecto para sus vida que le espera en la Casa de Cervanel azaroso y continuado vivir con brillo ex- maestros y protectores, el gran Vico, Ce- tes. Sueña por instantes en abandonar el cesivo pero sin premio. Ella no pierde nun- pillo, Pedro Delgado, Julianito Romea y modesto hogar de sus hijos, doña Concha ca su alegría; motivos tiene, porque Dios Mese jo, con los cuales alternara como dama Frajales y T Francisco Galván, meritíle ha conservado plenamente sus iaculta- joven o primera actriz, y cariño casi filial simo dibujante que piensa en- breve trasdes. no sólo mentales, sino artísticas. Y para para Concha Cátala, la ilustre actriz que ladarse a América en Imsca de campo más probar su memoria prodigiosa declama tro- iniciara sus éxitos cuando ella estaba a pun- propicio para sus pinceles. Le ahogan aquezos de sus comedias más predilectas, y en to de abandonar el teatro. Nació para las llos techos humildes, ella que hasta hace verdad que se trata de una actriz excelsa, tablas a los trece años representando Las dos años, en que sufriera una caída en la poraue tanto en sus gestos y ademanes como hijas de Eduardo. Sus actuaciones más in- plaza de Bilbao, gustaba a diario perderse en la dicción pulcra, vibrante, solemne de cidas y frecuentes tuvieron por marco Va- por Madrid en busca de jardines y flores su voz un poco tubular y opaca, de timbre lencia, donde estrenara toda la producción que son su obsesión. De ahí su contento al majestuoso, muy parecido al del gran En- de Escalante. La? azón de está preferencia, evocar los que adornan la Casa de Cervanrique. Borras (con quien trabajara en su pri- por la región levantina debíase a la preca- tes por los que suspira con afanes de jarmera tentativa castellana) conserva la es- ria salud de su marido (Francisco Galván, dinero y de pájaro. pontaneidad y la frescura de sus mejores también actor, de quien decíase que era Al despedirnos de ella, con palabras que el segundo sin segundo a quien los médi- abreviamos para no aumentar su natural años. cos habían aconsejado este clima propicio, impaciencia por abandonar donde le abruademás de vivir a la sombra de un herma- ma el celo amoroso y constante de sus hijos, Sus triunfos teatrales no, ingeniero de la Diputación valenciana. escuchamos de sus labios, ya un poco temblones, frases de honda gratitud para sus Sus mayores triunfos fueron como acSu última obra protectores, los directivos de la Asociación triz de carácter. Como trágica, fue discípula de Teodora Lamadrid, y en el terreno La última obra que representó fue a los de Escritores y Artistas, que- van a ilumidías cómico (inolvidable característica de las sesenta años interpretando la principal fi- nar los últimos hogar de su vejezy gloriosa deparándole ese nobilísimo cómodo obras de Vital Aza, El Padrón municipal y gura de Las viudas alegres, en la compa- que es descanso merecido, postrer refugio, El sombrero de copa) siguió la genial ins- ñía de Enriqueta Palma. No la retiraron remanso deseado tras ese incierto, y conpiración de las grandes caricatas como de la escena los achaques físicos sino el cuantos Eloísa Gorriz y Rafaela García. Mujer in- dolor que Je produjo la pérdida de su ma- tinuo batallar que es la vida paracambiancansable, nos recita de manera insuperable dre y la injusticia de una compañera que llevaron a diario su propio drama, a la esvarios parlamentos de la- Brígida del Teno- le negó el derecho sacratísimo de acudir al te en perfiles cómicos y trágicos, rio. Tiene después palabras de admiración lado de la que le dio el ser, en tan angus- cena de un teatro. y de grato recuerdo para Borras, Arturo tioso trance, JCSE ASÉNJO