Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
NOVELA POR ENRIQUE GIL Y CARRASCO -Los templarios se sujetarán al juicio que les abren, en fio que quisiesen vengar las afrentas de su Orden, por cuyo honor y crecimiento estaban obligados a sacrificar hasta su propia justa obediencia al mandato- del sumo pontífice, única. autorjvida. Preciso e ra desconcertar su acción en lo posible, y aperci- dad de ellos reconocida, aunque, tan ruínmente se postra dé lante del. rey de Francia; pero ni dejarán las armas, ni se darán birse al combate al mismo tiempo. El rey don Fernatido, a pesar de suceso de tanto bulto, para a prisión; -TM; soltarán sus bienes y castillos, sino caso de ser, a ello sentenciados ppr los concilios. Por lo que a mí toca, don el cual parecía necesitar el auxilio de todos sus ricos hombres, no por eso desistía de su saña contra don Juan N) úñez de Lara, Juan: de- Lara, os perdono el juicio que de mí habéis formado, resuelto sin duda a volver a su. corona el brillo que en las pa- en gracia, dé- tantos obsequios y cuidados como os. debo; pero sidas revueltas había perdido. El infante don Jua mediaba osvsuplico que aprendáis a conocerme mejor. e itre el rey y su rebelde vasallo, y como este carácter le daba La legítima humillación que don Juan sufría, despertó su facilidad paia pasar muchas veces a Toráchúmos, poco tardó ira y. -despecho; pero deseoso de qué la cuestión mejorase de en concertar con su dueño el -plan que hacía tanto tiempo es- terreno, y. al, mismo tiempo de apurar todos los medios de cqneitaba madurando. Don Alvaro, era el apoyo más firme de los liáción y templanza, replicó: templarios en el reino de León, y el más ardiente y poderoso -j Pero qué! ¿No teméis manchar la limpieza de vuestra de sus aliado- Aunque su castillo de Bembih e estaba guar- fama, ligándoos con un cuerpo gangrenado con tantas infanecido por soldados de la Orden, claro estaba que si moría su mias y abominaciones, a quien toda la cristiandad rechaza como dueño habrían de desocuparlo, y de todo- -modos los vasallos a un leproso? de la casa de Yáñez no tardarían en apaitarse de sus banderas. -Señor ¡don Juan, os matáis en balde, queriendo persuadirNo eia el ¡mente hombre que delante de la sangre retrocediese; me a mí de lo que tal vez vos mismo no creéis. Por lo demás, el rival de su valido estaba en manos de don Juan Núñez de no toda la cristiandad rechaza el Temple, pues no. se os esconde Lara; con él venía al sucio una de las principales barreras que que el sabio rey de Portugal ha enviado sus embajadores al apartaban la rica heiencía del Temple de sus manos codiciosas; papa para protestar de las tropelías y maldades de que está ¿qué mas podía desear? siendo objeto, esta ilustre milicia. No bien llegaron las bulas del papa Clemente, al punto pasó- ¡Malaconsejado rey! -dijo el de Lara. a Tordehumos, y allí, subiendo con. su castellano a una torre -El malaconsejado sois vos- -repuso don Alvaro con impasolitaria del castillo, comenzaron una plática muy viva y aca- ciencia- -eii menguar así vuestro. propio, decoro. Id con. Dios lorada. que ni mi: corazón ni mi brazo faltarán nunca a esos perse; Con gran sorpresa y aun susto de los que desde abajo les guidos caballeros. miraban, don Juan Núñez, cqn, ademane- descompuestos, echó Lara frunció el ceño, y le, preguntó con voz altanera: mano a la espada, como si de su huésped recibiese alguna- V- Olvidáis: que. sois: mi- prisionero? ofensa; pero, sin duda, se hubo de arrepéntir, porque, a poco -Sí, a fe qúe lo había- olvidado, porqué vos me. habíais dicho rato, volvió el acero a la vaina con. muestras de gran cortesía, q; ue- eráis. mi- amigó; y rio- mi carcelero; pero; ya que- volvéis a y entrambos caballeros sé- dieron lá. s nlanos. El, infante, bajó vuestro, natural. papel, sabed q. ue, aunque. me tengáis a- vuestra poco después, y tomó el camino. real con muestras de gran satis- merced, mi. corazón y mi espíritu se ríen de vuestras amenazas. facción y contento. Don Juan se mordió los labios y guardó silencio por un buen La sangre perdida, y la gravedad de sus. heridas, habían- re- rato, durante el cual, sin duda, su alma, naturalmente noble y Aducido a, -don Alvaro- a una postración: grandísima; pero la recta, le estuvo. haciendo sangrientos reproches por su proce- ciencjá dé Ben- Simuel y los cuidados de Millán, junto con las der; pero con su genial obstinación se aferró más y más en el atenciones de don Juan Núñez, habían logrado arrancarlo de la partido adoptado. Por fin, levantándose, dijo a su prisionero: jurisdicción de la muerte y volverle, aunque con pasos muy- -Don Alvaro, ya conocéis de oídas mi índole arrebatada y- perezosos, al camino de la vida. La calentura había ido cedien- violenta; los primeros movimientos- no están. en, nuestra. mano. do y los dolores eran mucho menos vivos, de manera- que sin lv idad cüáñtó ós; lie dichó: y; ño me juzguéis sirio como hasta Ibs- cúidáÉlósi qué- acibaraban su peris amientó, fácil era calcular aquí me habéis juzgado. que su convalecencia hubiera sido má? rápida. Dicho esto se salió, de la cámara, y don Alvaro, con el desUna tarde entró don, Juan de Lara en su aposento, ¡y toman- cuido propio de los hombres esforzados, cuando sólo de su do asiento a su, cabecera, mientras Millán tos dejaba; solos para vida se trata, se entregó a sus habituales reflexiones. El de que hablasen con más libertad, le preguntó asiéndole de la mano: Lara estuvo paseando en la plataforma, de uno de los torreo- ¿C ó m o os sentís, noble don Alvaro? ¿isstáis contento. de nes el resto de la tarde con pasos desiguales, hablando consi- 1 mi carcelería? go propio en ocasiones, gesticulando con vehemencia y sen- -eMe encuentro ya muy aliviado, -señor don Juan- -respondió tándose. de cuando en cuando arrobado en profundas distrac- el herido- gracias a vuestros obsequios y atenciones, que casi ciones. Por fin, largo rato después de puesto el sol, cuando los me harían dar gracias al: cielo de mi prisión. áridos campos circunvecinos iban desapareciendo eatre los -Según eso, ¿bien podréis escucharme uña cosa de gran velos- dé la noche, bajó la angosta escalera de caracol, y cuantía, que. tengo que deciros B encaminándose a la sala principal de castillo, mandó a llamar- -Podéis comenzar, sr gustáis. por un paje a su físico Ben Simuel. Poco tardó en asomar por: Don. Juan entonces, principió a contarle por extenso las no- la puerta la cara de zorro del astuto judío, y sentándose al lado ticias recibidas de Francia y Ja prisión, embargo de bienes y de su señor, entablaron en voz muy baja upa viva conversación, encausámiento de los templarios ordenados en las- cartas del de que el paje no pudo percibir nada, sin embargo- de estaré papa Clemente recibidas poco había en los reales de Castilla. en la puerta, hasta que, por fin, Ben Simuel, levantándose, y- -Bien conozco- -concluyó diciétado- que en la hidalguía después de escuchar las últimas palabras de don Juan, que las de vuestra alma no cíi. be vabandonar una alianza que hubieseis acompañó con un gesto muy expresivo y semblante casi ame- asentado con caballeros como ...vos, pero ya veis que asistir a nazador, se salió de la sala con bastante diligencia. los templarios abandonados del vicario de Jesucristo ¡y cargaCerca de las diez de la noche serían cuando el mismo judío dos cbn el grave peso de una acusación tan fundada; e; n la cri- se presentó en el encierro de don Alvaro con una copa en una minal demanda que acaso van a intentar, sería hacer: traición salvilla, y después de reconocer sus vendajes, le hizo tomar a un mismo tiempo a vuestros deberes de cristiano y- bien na- aquella poción con que le dijo que reconciliaría el sueño. Des- cido. Si en algo estimáis, pues, la fina voluntad que. de asisti- pidióse en seguida, y don Alvaro comenzó a sentir cierta pesa- ros y serviros he mostrado, ruégoos, que, desde ahora; rompáis dez, que después de tantos insomnios parecía pronóstico de un lá confederación que tenéis con esa orden, objeto, del odio sueño sosegado. Apenas tuvo tiempo de decir, a Millán. que universal, y no os apartéis de vuestros amigos y aliados na- le dejase solo y que cerrase la puerta por fuera sin entrar turales. hasta que llamase, y al punto se quedó profundamente ador- D o n A l v a r o que. estaba íntimamente convencido de la ini- mecido. El buen escudero, no menos necesitado de descanso quidad, dé: acusación 1 dirigida contra- el Temple, y, qjie nunca que su amo, hizo cuanto se h mandaba, y echando la llave y hubiera creído en. el jefe supremo de la i g l e s i a tan- -culpable guardándosela en el bolsillo, se tendió cuan largo era en una debilidad, escuchó la relación dé don- 1 J u a n con u n a emoción cama que para él habían puesto en un camaranchón vecino, y violenta y profunda, cambiando muchas veces dé color y a p r e- no despertó hasta el día siguiente, cuando ya el sol estaba bas- tando involuntariamente los puños y los dientes c o n- m u e s t r a s tante alto. Acercóse entonces a la puerta, por ver si su señor; de dolor y de cólera. P o r fin, enfrenando como pudo Ibs tumultuosos movimientos d e su espíritu, r e s p o n d i ó v i (Continuará) I