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EL PAN DE CADA HUELGA r Francisco Camba, el ilustre escritor que en la novela y en el periodismo ha destacado los méritos de su personalidad literariá, inicia con el presente artículo su colaboración en A B C; ¿Qué le parece ese pan? Es un pan moreno, bastante tosco de forma y al que yo, a pesar de presentarse todavía caliente, no hubiera dado importancia alguna. Pero la dueña de esta casa burguesa, casi aristocrática, donde estoy invitado a comer, añade con- tari desmesurado orgullo que no parece sino haber conseguido, contra quién sabe cual suerte de poderes, enemigos de su paz, el triunfo de Prometeo al robarle el fuego a los dioses. -Lo he hecho yo. Indudablemente la buena señora presume un po. c. o. No fueron sus manos, estoy seguro, sino las de sus criadas, las que amasaron la harina y echaron al fogón todo el combustible necesario, para calentar el horno. La idea, sin embargo, se le ocurrió a ella- y esto basta. Con tantos hijos como, tiene, era insoportable, por lo visto, la inCertidumbre en que venía viviendo- su maternal corazón Mañana se declara una huelga Mañana no hay pan Y poco importaba que los anuncios no siempre resultasen ciertos. La angustia la había sufrido de tal manera que un día tomó la determinación heroica: Se ha acabado- -dijo- Desde mañana me hago el pan yo mi ma Y, si no hacerlo realmente, dirigió los trabajos, lle gando a meter en la masa, sin que se le cayesen los anillos, aquellas manos durante toda una vida únicamente atentas al cuidado de sí propias. i Qué tendrá el pan para así imponerse por sólo el valor de su símbolo? Mientras no hubo el temor de perderlo completamente, en una casa tan a la moda que sus miembros solían verse, cuando mucho, ante la barra de algún bar, no se le tenían ningunas consideraciones. Por respeto a la elegancia y amor de la iínea, las mujeres, sobre todo, ni se atrevían a probarlo. Y de repente, porqué la amenaza, de su completa desaparición comienza a cernirse sobre la familia, la madre, más aún que las hijas amiga de vivir fuera de casa; pénese un delantal de panadera, dirige el tráfago que para la empresa es menester y poco más tarde, en este piso madrileño, donde nunca pudo creerse que ocurriese nada extraordinario, como en una casa campesina, próxima a la naturaleza y a la verdad, hay pan, pan recién salido del horno, inferior tai vez. al de las panaderías pero que se ha hecho allí. En mi casa aldeana, cuando yo era niño también se santificaba, con el amor y la vigilancia de la dueña allí de todo, la elaboración del pan familiar. Como en las sociedades primitivas, las mujeres más jóvenes habían ido a moler el grano. Cantando por. los senderos volvían a la casa y todas des- r pues, con una canción entre los labios, cuyo, sentido oculto debía ser de gracias, amasaban la harina. Mientras la masa crecía alv fermentar, el horno, cada vez más caliente, ponía su voz en este himno a la abundancia. LTn olor feliz de leña encendida; trascendiendo de la cocina, no tardaba en llenar la aldea. Y aquello era como un llamamiento a la paz, a la fraternidad entre todos los hombres, ya que el más pobre estaba seguro, con sólo asomarse a la puerta, de tener allí idéntico al de los más ricos, su pedazo de pan. Por obra del pan que hoy aquí veo, algode la aldea patriarcal de mi niñez parece haber venido a transformar el ambiente de esta casa. Qué sentimientos desconocidos se han revelado en su dueña al modelar, con aquellas manos ociosas, la masa caliente? ¿Por qué se la creyera otra mujer? Casa con un hogar que no calentaba, que no reunía, a nadie en torno suyo, adquiere de pronto el sentido de sus responsabilida- des y sehace hogar verdadero. Por primera vez aquí está toda la familia congregada alrededor de la mesa. Y hasta el padre, que nunca tuvo claro concepto de su ofirio adoptando- un gesto magníficamente patriarcal, -nos reparte a todos aquel pan sagrado, del cual, como si fuese. un pan de comunión, nadie desprecia ni las migajas. ¿Es que ha descubierto la dueña de esta casa un sistema para reírse de las huelgas con las cuales se pretenda perturbarle la tranquilidad. de la vida? ¿Así como hoy ha resucitado, bajo su techo, la industria del pan, resucitará mañana esa otra, antiguamente también hogareña, de la confección de- las telas para vestirse? Ella sabe perfectamente que esto no puede ser. Aparte cualquier otra clase de consideraciones, por algo existen los telares mecánicos y la panificación no es ya doméstica ni en las aldeas niás remotas. Pero, repitiéndose una vez más la historia- de todos los grandes inventos, al buscar el modo de suprimir un día de angustia para la familia encontró inesperadamente. una cosa tan antigua, tan mandada olvidar, que se la creyera muerta para siempre. Encontró el amor, que, como ha visto, a pesar de su poca importancia, acaso pueda resolverlo todo. Y, por eso, tal vez la sonrisa de Prometeo, que ya sentado a Ja mesa creí descubrir entre sus labios. Sin darse hasta entonces cuenta cabal de lo que hacía, acababa de robarle algo de su fuego a unos dioses que- -ellos sabrán la razón- -querían escondérselo a esta pobre y desorientada humanidad. FRANCISCO CAMBA la evidencia misma; el régimen, comunista no consiente lógicamente sino su instauración en el mundo entero y para la humaniIdeas- máscaras dad toda. Parciales soluciones del mismo, Gustan las ideas, como los hombres, del entrañan la profunda contradicción de subsantruejo. Aunque quizá estuviese mejor di- traer al género humano, bienes sobre los cho que el instinto del disfraz en la huma- cuales se afirma que goza comunalmente del nidad es un reflejo de la tendencia intelec- derecho de propiedad, entregándolos a un tual hacía lo ambiguo y equívoco. Pero sea pequeño número de sus miembros. Los parde ello lo que fuere, el hecho no puede ser tidarios del comunismo ruso no quieren ver puesto en duda: hay ideas- máscaras. qué ellos inciden en el supuesto error que Apurando las cosas, cabría decir que to- imputaron a la propiedad privada, y que fue das lo son; ya. que lo; espiritual de la. razón- la máscara tras la cual la combatieron. no llegaría a nuestros semejantes, sino meY con mayor claridad todavía aparece el di. ante algo material que lo envolviese. La. hecho, si se aquilata el sentido con que se le observación no debe ser rechazada, aunque hace llegar al vulgo. El reparto de tierras no es a ese antifaz, al- qué yo me refería. he ¡ahí la fórmula popular del sistema. No Efectivamente, en nuestro. mundo, las ideas se persigue a través de ella- -en la táctica son conocidas, -no. ven sí mismas- -pues no política y en el ánimo de los futuros bene. cabe en él su percepción. directa- -sino por ficiarios- -la concentración de toda la. pro. los vocablos cení que. físicamente se enun- piedad en la comunidad misma, aunque sea cian; mas no debe iilviiJarse, que entre aqué- bajo la gestión del 1 Estado. Se aspira a desllas y éstos e. xiste. üna car. f elación perma- poseer de la privada actual a quienes la disnente aunque convencional. La máscara que frutan, para distribuirla entre los. indigentes, por su naturalteza; úna idea lleva ante sí, es En la operación, a un propietario, individual siempre la misma; -lo j. -cuáli equivale a decir suceden, muchos propietarios privados y la que no solamente- -no la- hace pasar descocomunidad humana en ambos casos permanocida ni engendra; confusiones, sino que nece totalmente ajena al derecho dominical. ia anuncia como ¡Heraldo, -suyo. Qué tiene que ver eso, con el comunismo Las- ideas- máscaras. propiamente dichas, preconizado como único, régimen justiciero? son aquellas que se apoderan de palabras Si esto es lo que se buscaba con las predicaque el uso ha vinculado en otras diferentes ciones ¿por qué razón se, inició el ataque y ocultan su denominación hasta el instan- repudiando la propiedad priyada como orite en q: e el triunfo fraudulento hace- inútil gen de todos los males? Y. si el comunismo Jal superchería. Quienes las reciben confia- es su polo opuesto, ¿por, qué se fomentó en damente, experimentan al término de su la- las gentes candidas la interpretación que és, bor en los espíritus, una tremenda sorpre- tas le daban? sa. De buena fe creyeron dar asentimiento No. hay más que una contestación a esas a cosa muy- distinta de. la- que- a lúltima hprá preguntas. Se trata de una idea- máscara que asoma tras la máscara- adaptada; y la visión usa uno de los disfraces, más pródigos en deceptoria- actúa en... ellos en sentidos con- complicaciones. Aunque, gracias a Dios, no trapuestos. O bien; las impele a formular resiste a un examen un poco, detenido. una Íaudable: t. aunjque. estéril protesta contra el engaño de que fueron víctimas o por no PgADERA MEDITACIONES POLÍTICAS confesar su alucinación se unen al cortejo- de los secuaces conscientes de la idea que para captarles se fingió desnaturalizada. Los primeros cooperaron al triunfo repudiados, rio obstante su arrepentimiento, por su actuarción anterior al mismo; los últimos, en todo tiempo. Las ideas- máscaras siempre encuentran- coyuntura de ganancia. Así- se explica que el mundo viva dando tumbos. Pero de todas las que han pululado y- pululan en los presentes tiempos, quizá la ideamáscara en que mejor pueden ser estudiadas las características de ese extraño producto intelectual es la del comunismo. El rótulo oculta no ya una idea que le sea inadecuada, sino pléyade de ellas. Comunismo, en efecto, no es simplemente que ciertos bienes pertenezcan a una comunidad de personas; sino que la tierra tpda, en su absoluta integridad, esté atribuida a la humanidad- entera en conjunto, sin diferenciación ni exclusión de territorios, pueblos o razas. -Leniue- -dígase lo que se diga- -no lo implantó teóricamente siquiera, aun prescindiendo de sus desfallecimientos reflejados en la N. E. P. Leníne fundó un Estado cuyas riquezas fueron atribuidas- -con exclusión de todos los demás seres de la tierra y del resto de ésta- -a los miembros del mismo. Yeso no es Comunismo; eso es una arbitraria atribución de propiedad privada, aunque colectiva, que una agrupación de hombres, sin permiso de la humanidad, se ha permitido hacer a una particular sociedad que a esos efectos ha separado de la misma. El duque d- e Argyll puso donosamente de manifiesto a Henry George el absurdo que encierra toda nacionalización de tierras que se hace pasar con la careta del comunismo y que a éste se equipara. ¿Quién dio- -se preguntaba el escritor aristócrata- -esta propiedad exclusiva sobre dicho inmenso territorio (parece que presentía la Rusia soviética) a esta particular sociedad? Y se contestaba que aquella solución implicaba la exclusiva ocupación de la tierra por los individuos, y la doctrina ele la absoluta propiedad adquirida por sociedades particulares CONTRA EL RESTO DEL GÉNERO HUMANO Es