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Otras notas de la actualidad extranjera. El Sr Mttssolini leyendo en la Asamblea general de las veintidós Corporaciones el discurso en el que anunció su proposito de que esta Asamblea sustituya a la Cámara de Diputados. (Foto Istituto Nasionale Luce. Momento de ser botado al agua, en Saint Nasaire, él nuevo crucero francés Georqes Leygues (Foto Vidal. Pero es triste que para sentir este descanso tengamos que asomarnos a una ventanita pequeña, a ía caída de la tarde, sobre el páramo. FRANCISCO DE COSSIO IL A F A 1 L L II M O U R R La madre de un amigo mío me escribe as en francés, porque ella es natural de París, refiriéndose a su hijo, un mozo de veinte años, que ha salvado, contra su propia voluntad, milagrosamente la vida. ¿Y por qué no traduce usted ía frase? -me preguntará el lector. Tenga un punto de paciencia, que yo le explicaré cómo no es por puro capricho por lo que la dejo en su francés origina! Mi pobre amigo tenía tan alborotados los nervios que, como le pasa a mucha gente, y hasta a países enteros, se acostaba un ratito del lado derecho y otro ratito del izquierdo y no lograba dormirse de ninguno, y cuando escogía un término medio y se tumbaba de espaldas, en el centro de la cama, comprobaba enloquecido que en esa posición era más imposible todavía, si es que en la imposibilidad puede haber grados. Su desesperación pudo más que sus ideas religiosas y se metió con su propia mano un pedazo de plomo en la cabeza. Los resursos de la cien cia, con la ayuda de Dios, le han salvado la vida; pero su santa madre, en la frase francesa que copio, n e n i e dice eso literalmente, que haya salvado la vida, sino que il a faillit moiirir; esto es que la muerte faltó, que falló, que a él le ha fallado morir, y, sin querer- -por el giro peculiar de su idioma- viene a decirme una gran verdad: que por haberle fallado la muerte a mi pobre amigo, que para él era su paz, su liberación y el fin de sus males, está como en el verso inmortal de la Santa de Avila, que muere porque no muere Y he aquí que por primera vez, acaso por el interés afectuoso con que leí, hallo en la frase francesa no sé qué noble despego de la vida y qué aire de heroísmo desesperado, y pláceme descubrírselo a los que tienen tan ciego amor a la vida, por la vida misma, que a su conservación y defensa lo someten todo y nunca piensan que muchas veces la muerte pudiera ser un bien. Malo es que por conservar la cabeza que amenazaron cortarte, te avengas, por curiosa compasión de tu verdugo, y aún se lo agradezcas, a que te corten tan sólo la nariz o las orejas, y así, el que por salvar sólo la vida física está dispuesto a que le quiten, no ya sus bienes materiales, sino sus creencia? sus sentimiento y sus ideas, cuando salva la vida no salvó nada, porque perdió lo que era el espíritu y la razón de su vida, y todo lo perdió, y el que por no querer perderlo perdió también su vida animal, no perdió nada, porque todo se lo.ll evó consigo. Así hay trances en que más valiera perder que ganar, por no estar al juego del ganapierde, y asi pue- de uno decir muchas veces, como en él giro francés, qu; le falló a uno la muerte. Porque importa, y es nuestro deber, soportar nuestra vida con resignación, y no matarse, como quiso mi pobre amigo, que a failtit mourir en trance de matarse cuerpo y alma; pero importa más no matar el alma por salvar tan sólo el cuerpo, que es lo que tenemos de animal. Muy poco, en verdad- ¡y tan poco! -se pierde muriendo, que como el pasado pasó y ya no se tiene y el futuro todavía no se tuvo, y nadie puede perder lo que no tiene, todo lo que se pierde al morir es ese átomo de presente, ese instante infinitamente pequeño de la asistolia final Semitam per quatn non reyertar, ambido, ando por un camino que no volveré a andar, escribió Job con el mejor de los optimismos, que es la resignación, ¿qué más nos da pararnos de repente? Lo que importa es morir con tan buena disposición ds ánimo que ya la muerte no asuste, para poder ir a eiia con ese placer que canta en el conocidísimo verso de Petrarca: Ch un bel v. ic ir. tutta la vita onora. Así tendremos derecho a entristecernos, cuando nos falle una hermosa muerte y aún a decirle, al rico y feliz y prepotente, si nos escarnece en la desgracia, que también para nosotros llegará un día el consuelo de la muerte, que es bien que nadie, ai fin y al cabo, puede quitarnos; ni siquiera Dios, que, por no ser cruel, no nos quiso inmortales en esta vida. x FELIPE SASSONE