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DIARIO ILUSTRADO. AÑOTRIGESIMOSEGUNDO. 15 CTS. NUMERO FUNDADO EL i. DE JUNIO DE 1905 POR D. TORCUATO LUCA DE TENA ABC DIARIO ILUSTRADO. AÑO TR 1 GESIMOSEGUNDO. 15 GTS. NUMERO EL MILAGRO No hace muchos días un querido amigo mío, hombre de tanto seso como corazón, me decía: N o puedo creer en los Evangelios, porque me repugnan los milagros en ellos contenidos. Esto mismo he oído a otras personas y esto mismo, no puedo ocultarlo, he experimentado yo mismo. El milagro e algo que choca a la vez con la razón y el sentido común. En vano nos decimos: el Evangelio de Jesús es una revelación moral, no física; los milagros en él son cosa secundaria. De todos modos, los cristianos estamos obligados a aceptar los Evangelios en su integridad. ¿Pero es tan seguro que en el mundo físico no pueden existir milagros, esto es, que las leyes físicas son inmutables? ¿Por qué sabemos que son inmutables? Tan sólo porque dentro de nuestra limitada experiencia no las hemos visto violadas; más no podemos asegurar a priori que jamás serán violadas. Somos testigos, pero nada sabemos de su origen. Para creer en el mundo físico se necesita tanta fe como para creer en el mundo moral. Todos sabemos que una mayor o menor cantidad de. vibraciones en la retina cambiaría por completo el aspecto del mundo para nosotros. La ley física existe hasta que la venios violada. Desde que Laplace explicó la formación de los planetas, se creyó que era ley inmutable que éstos girasen de izquierda a derecha. Todas las experiencias lo confirmaban. Pero he aquí que, recientemente, los astrónomos descubren un astro que gira de derecha a izquierda. Este astro había realizado un milagro. ¿Quién ha penetrado en el secreto de la naturaleza? ¿Qué es la materia? Las modernas concepciones de los sabios la subliman de tal forma, que apenas se divisa la barrera entre ella y el espíritu. Las últimas partículas de la materia- -ha dicho Leibniz- -son inextensas. Es lo que sostienen hoy ios dinatnistas, que son la mayoría de los físicos. ¿Qué resta, pues, de la materia? La ciencia nos deja confundidos. No existen las distancias, no existen las dimensiones. También Leibniz afirmaba que si la tierra quedase reducida, repentinamente, al tamaño de una bola de billar, los humanos nada advertiríamos. Para llegar la luz de algunos astros hasta nosotros tarda veinte mil años, y la luz camina a razón de trescientos mil kilómetros por segundo. Los físicos, por precisos procedimientos, han fijado el número de átomos contenidos, en la cabeza de un alfiler y se llega a la cifra fantástica de ocho sextimilloncs. Si pudiéramos contarlos a razón de un millón de átomos por segundo, necesitaríamos 253 millones de años para contarlos. Todo esto es aterrador. El vértigo se apodera de nosotros, pero llega Kant, el gran pensador alemán, y demuestra que tiempo y espacio no son más que formas del conocimiento, esto es, que no tienen realidad fuera de la mente. Nuestro cerebro recobra la calma. Mas; si el tiempo y el espacio desaparecen de la realidad objetiva, está bien claro que las leyes inmutables pasan igualmente a ser subjetivas. ¿Conservan estas leyes su inmutabilidad al pasar a nuestra mente? Tajrapoco. Todas las verdades, hasta las matemáticas, que parece imposible contradecir, se hallan en tela de juicio. El famoso matemático Poincaré ha dicho: Tres y dos son cinco... hasta nueva orden. Por eso Kant pensaba, en los últimos días de su vida, que la única ley inmutable es la ley moral. El gran balcón- se abre al corral donde Y nuestra experiencia, cuando se halla li- picotean las gallinas, y el gallo se sube y bre de serviles preocupaciones, nos lo dice se encarama a los montones y las piedras, igualmente. Vivimos rodeados de milagros, para engallarse, con esa vanidad del gallo, envueltos en el misterio. Apenas hay un que muchos hombres copian a la perfección; hombre que durante su vida no haya expeentran. y salen los criados con muías y con rimentado el influjo de lo sobrenatural, no máquinas; chirría la cadena del pozo, y las haya sido tocado de algún modo de la mano herradas vacías dan en el brocal esa nota de Dios. El amigo que no podía creer en hueca que esTa voz de los metales pobres; los Evangelios a causa de los milagros, me todo esto lo ahoga, de tarde en tarde, el escontaba que, hallándose su madre sentada trépito del carro saltando sobre los cantos, a la mesa cenando tranquilamente, dio un y las herraduras buscando, entre chispas grito y cayó desmayada. Cuando salió del un terreno firme donde afirmarse... No, este desmayo dijo que había visto a su hijo ahobalcón no es el de la paz. Al otro lado de gándose en el mar. Pocos días después se la casa hay una estancia recogida, con una supo que aquel hijo, oficial de la marina ventana pequeñita sobre el campo. La luz mercante, había naufragado la misma noche hace esfuerzos enormes por penetrar allí. en aguas del mar Rojo. Los historiadores Es una de esas ventanas abiertas al norte, nos cuentan, sin aspavientos de increduliy hechas para la defensa de todos los eledad, que un hijo mudo de Pompeyo, al ver mentos de la naturaleza. Pero, tras de su reque un soldado iba a matar a su padre, romducido cristal, ya apenas sin transparencia, pió a hablar diciendo: ¡Soldado, no mates está el campo, y en el campo la paz. El a Pompeyo! silencio y la paz. Juzgamos imposible que San Antonio de Como la casa está lejos del pueblo no llePadua predicase al mismo tiempo en lugares gan a ella las disputas de los hombres. He distintos. Pues casos de ubicuidad semejante los citan Flammarión y otros sabios. Con venido, precisamente, huyendo del pueblo, verdad ha dicho Shakespeare que hay más porque allí no se puede vivir. En el casino de este pueblo 110 hay sino una cosa intanmisterios en la tierra que nuestra filosofía gible y pura, el espejo, envuelto en una gasa puede concebir. de color de rosa. Y yo pienso, ¿cómo estos No somos causa, sino espectadores. El alto hombres que se ven a sí mismos de color poder que nos hizo, puede otorgar a los que de rosa, y como saliendo de una atmósfera a él viven unidos algún resplandor de su sa- celestial, no ven también de color de rosa biduría. El filósofo americano Emerson ha sus ideas? Discusiones agrias, gritos, gestiestampado estas memorables palabras: E n culaciones, amenazas... Ese saludo ahora 1 otro tiempo los ángeles bajaban a la tierra tan en boga del puño cerrado en alto, en un para conversar con los hombres. Ahora no pueblo español no sorprende, porque éste es bajan, porque no los llamamos. el ademán predilecto de la discusión, y. así El vulgo luí dicho siempre: la fe obra misufren estos mármoles de pueblo, rotos, res- 1 lagros. Los sabios comienzan a decirlo. Enquebrajados, -sudando mugre por las grie- tre mis manos tengo en este momento el tas, esperando siempre la caida del seis doreciente libro del doctor Alexis Carrel, tituble o del argumento decisivo... ¡Qué lejos ¡lado L hommc, cst inconnu. Este ilustre méla paz de este lugar! dico, premio Nobel, una- de las primeras Pero yo he llegado al fin a esta ventaniautoridades científicas de nuestro tiempo, afirma que cree en los milagros, en las mi- t: i pequeña sobre el campo. La luz se está marchando, hay que aprovechar los minulagrosas curaciones de Lourdes, no sólo por virtud de la oración del. enfermo, sino por tos, y abro los cristales para no perder la delicia de esta última luz. Es el páramo. Lo la eficacia de las oraciones de sus familiares que se ve desde esta veutanita es el páraV de las personas que le rodean. Tales hechos- -dice- -prueban la importancia objeti- mo. La tierra parece que no va a acabarse va de las actividades espirituales, de las cua- nunca, y el horizonte traza un semicírcules ni los higienistas, ni los médicos, ni los lo perfecto que es donde aún se asoma la claridad. Todo en torno mío parece muerto educadores y sociólogos han querido jamás deshabitado. Ni agua, ni árboles, ni caocuparse. Ellos nos abren un mundo nuevo. minos, ni hombres... La luz, solamente la El milagro no es más que una interpretaluz me acompaña, y quiero retenerla, pero ción de la naturaleza. Sólo el que se halla la luz es inexorable y no hay medio de momás cerca de la Causa creadora puede interderar su paso- Y en esta marcha suya sobre pretarla libremente. Sólo las almas santas el páramo se hace tangible, adquiriendo carealizan milagros. Por lo demás- -terminé lidades, no sólo para los ojos, sino para el diciendo a mi reacio amigo- -no debemos conceder a los milagros más importancia tacto. Es una luz fresca y fluida, que se nos escapa entre los dedos. Las nubes coque les daba Jesús. Si no veis señales y rren tras de ella, la persiguen, y como no prodigios- decía a sus discípulos- -no sois pueden seguirla se van entristeciendo sobre capaces de creer. la tierra, partiéndose en fragmentos de ceniza, corno si se hubiesen quemado... Todo ARMANDO PALACIO VALDES se lo lleva la luz tras de sí, todo menos la paz. Y esto, pienso, ¿no es bastante? La paz 1 0 es bastante? 1 El público debe leer diariamenEl paisaje se ha escamoteado, hay que cete nuestra sección de anuncios rrar el observatorio. Al apretarme las tinieblas, siento en torno mío el silencio que por palabras clasiíicados en parece advertirme que esta paz es muy sesecciones. En ellos encontrarán mejante a la muerte, pero, aun con todo, el espíritu se siente confortado. Aquí, al meconstantemente asuntos que nos, no llegan los gritos, los denuestos, Jas pueden interesarle. gesticulaciones, los ademanes iracundos... REFUGIO DE PAZ