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Inundaciones en Pontevedra. El río Con se ha desbordado a causa de los tUtimos teniporales, causando daños pravísimos en el término de Vittagarcía. He aquí el aspecto que ofrece uno de los barrios inundados, cuyos vecinos han tenido jjue abandonar sus viviendas. Un aspecto del río Con, a su paso por Vittagarcía. Fotos Abalo. Testigos presenciales de las sesiones de ahora, nos aseguran que todo es improvisación y falta absoluta de destreza en las vorágines. Parece que los ganchos a la mandíbula, por ejemplo, son lamentables y dan una tristísima idea de la falta de preparación de los beligerantes. Nada de bascular el cuerpo sobre las puntas de los pies; nada de fulminar rápidamente, procurando que el brazo se lleve hacia el blanco todo el peso del que ataca; nada de esquivar la réplica para doblar el golpe con la otra mano... ¡Una pena! Parece que el salto sobre los escaños se realiza así mismo, con una notoria acumulación de lastre. A ningún jugador de dominó se le ocurriría nunca tomar parte en una prueba de n o metros vallas. Los partidos políticos debieran haber organizado torneos previos para seleccionar sus candidatos. Esto es elemental. La condición de que en estos tiempos y desde un punto de vista parlamentario, no importa nada la inteligencia y la calidad espiritual- de los que han de poner el borde combativo al hemiciclo, se ha respetado de una manera impresionante. Pero esto no basta. Había que presentar ejemplares de una excelente cultura física, diestros en todas las luchas y en los más variados saltos de tigre. Fracasa una vez más el Parlamento, porque los parlamentarios salen al ring sin preparación y porque los partidos políticos suponen que todo puede improvisarse. Los partidos políticos ignoran los gimnasios, ignoran los entrenadores y no se han enterado siquiera de que hay sacos de arena que sustituyen al adversario en los largos periodos de preparación pugilística. ¡Pero, ¡hombre! si hasta nos han dicho que el Sr. Martínez Barrio no sabe que al final de un debate o de una interpelación, tiene que colocarse en el centro del hemiciclo y levantar, con cierta elegancia romana, el brazo del gladiador victorioso... Es incomprensible. EL PARLAMENTO Y SU F A L T A DE PREPARACIÓN SPORTIVA El régimen parlamentario no fracasa en el mundo por su lentitud y por su fronda, sino porque los parlamentarios no saben... Se ha dicho muchas veces que la política es el arte de dividirse en partidos; pero, probablemente, esta definición es demasiado optimista. La política es el arte de la improvisación realizado sin arte. Los parlamentarios no saben y por eso se hunde el Parlamento. Cuando la Cámara de los diputados era un recinto de buenas condiciones acústicas, destinado a recoger los jefes de obra de las mejores psitácidas parlantes de la época, los escaños solían poblarse de ejemplares humanos que no poseían otra arma de defensa que el silencio. Un noventa y nueve por ciento de los diputados de aquellos tiempos, se entregaba a lo monosilábico en los momentos álgidos de su temperamento oratorio. Había que legislar con ruiseñores y los partidos se empeñaban en rodear el hemiciclo con aves de una probada insuficiencia canora. Cada uno de aquellos legisladores hubiera podido pu- blicar tomos enormes, verdaderos edificios de letra impresa, recogiendo los discursos que no habían pronunciado. Entonces no fracasaba el sistema parlamentario como sistema, sino que fracasaba a causa del personal El personal era mudo, sordo y muchas iveces tonto. Se ha cansado el Parlamento de su periodo de elocuencia sin elocuencia, y ha decidido, por lo visto, legislar a brazo. Es el momento de los atletas. La calidad muscular de los diputados debiera ser ahora su mérito más importante, si es verdad que se persigue la eficiencia. Pero los partidos políticos continúan sin enterarse, como siempre, y a la hora de designar candidatos se han olvidado del esplendor físico de los que tendrían luego que disputar sus programas en el Congreso. Es indudable que, en estos momentos, una buena selección de diputados, bien entrenados, que conociera las reglas del marqués de Queensberry- -que fue quien reglamentó el boxeo- -y que no ignorase los resultados sorprendentes del golpe a la nuca y del aplastamiento que con tanto donaire se practica en los torneos de catch, acabaría por imprimir un marcado sello personal a la cosecha legislativa. J. MIQUELARENA