Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
La cartelera, por Ugalde, Los volcanes II. ¡Como una torre! III. La plasmatoria expresión; exacta gradación de matices. Tono vivo y timbre grato en la voz; voz de chico, que hablaba por derecho, como dicen los cómicos, sin caer un instante en el sonsonete antipático, de lección aprendida, de casi todos los niños en escena. Una actriz. Una actriz niña, no una niña haciendo la imitación resabida y redicha, de una ctriz. Pura espontaneidad... fingida; es decir, la naturalidad artística, imprescindible para que la ficción- -por intuición o por estudio o por temperamento en los dos casos- -alcance categoría de verdadero arte interpretativo. ¡D 2li ciosa actricita! Consuelito Morales se llamaba la niña del yo- yo A partir de aquella cieación no podía ni debía olvidarse su nombre como aurora y esperanza de una interesante personalidad de nuestra escena. Al año siguiente, otro tnunfo en el Pimpín de Cinco Lobitos, distinta creación: lo que iba del picaresco botones de la bellísima comedia qumteriana, al duquesito escocés de la comedia inglesa. Y entre las dos afoi tunadas interpretaciones, y antes y después, diversos papelitos de mayor o menor importancia, de vana índole y diferentes rasgos psicológicos, siempre encarnados con certera intuición, con gracia y con aptitudes muy prometedoras. Se acercaba el momento difícil, peligroso en estos casos: el paso de actiiz niña a damita joven; cuando la esperábamos con curiosa expectación, casi seguros de su porvenir brillante. Había salido de la compañía de Pepita Díaz y se fue a provincias, hace unos meses, con Roses y Niní Montián. Quince añitos cabales. El día mismo erí que se le cumplían las quince primaveras, cayó, piadosa, la tierra sobre el rosal tronchado de aquella vida en flor. ¡Ha muerto Consuelito! ¿Cuándo? Hace ya varios meses. ¿Qué periódico ha dado la noticia? ¿Cómo no habíamos sabido nada? Cuando se llenan diai lamente columnas y columnas de la Prensa con chismes y cotilleo insustancial sobre la vida privada de los faranduleros, cómo es posible que esta desconsoladora y patética noticia no haya encontrado un eco, ni se le haya dedicado la triste flor de un recuerdo a la actricita prodigiosa e inolvidable? Se estrenaba recientemente La inglesa sevillana en la Zarzuela. En un entreacto, en medio de jas apreturas de pasillos y escenario, invadidos por amigos y admiradores de autores y de intérpretes, nos topamos con la flor quinteriana de una mocita de Santa Cruz- -luna en la piel de nardo del rostro, la noche en los ojos árabes y una rosa rofa en el ébano del pelo- -que cruzaba hacia la escena: Anita Morales, la hermana mayor de Consuelito, actriz también. Un saludo, un piropo espontáneo, y, ya Consuelito Morales, descansa en paz. Y si alejándonos- -llevados en direcciones con- has volado al cielo, como piadosamente hay trarias por la densa corriente de los que en- que creer, me figuro que allá, los angelotes, traban y salían en las angosturas de un pa- gozosos revolando en torno suyo, te hablan llevado en palmitas; te habían pedido que sillo- pregunto, casi le grito a Anita: les enseñes a jugar al yo- yo y luego, a es- ¿Y Consuelito? al de Se le nubló el rostro a la mocita (una nube condidas, rosassocaire carneuna nube blanca las de tu niña, hablas queque ensombreció su blancura de luna) y ape- comohacerles el regalo de tu arte, repiesenrido nas pude oír, pero en el temblor y el rictus tando, sólo para ellos, un gracioso monólogo de sus labios adiviné la frase suspirada: infantil. ¿Consuelito? ¿No sabe... Y al pensar en su, batir de alas, alborozado palmoteo celestial, se hace menor, más dulce, ¡oh, Consuelito el desconsuelo de ver segada y muerta la flor de tus abriles. MEJORAN LOS CATARROS LAS PASTILLAS CRESPO TOSE D. D E QUIJANO