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tneníe el estrado. La colocación en esté último cíe las ocho almohadas de terciopelo carmesí (de que se habla en el inventario que acompaña al testamento de Lope) en torno del brasero atiénese en un todo a las aseveraciones de la condesa de Aulnoy, át que las damas españolas de su época- -aun escribiendo en el último tercio de la centuria- -se sentaban en el suelo. Recuardo a este propósito haber visto en mi niñez a las mujeres deAranda de Duero sentadas en tal guisa en las iglesias, sobre ruedos (te esparto y de igual modo en algunos pueblos de Andalucía. Otra feliz reconstitución es la del famoso huerto, al que tantas veces aludió el poeta en sus versos. El huerto de Lope, pequeño, recogido y que regó él mismo, hasta el 24 da agosto dz 1635, tres días antes de arrebatarle la muerte, será, con el tiempo, cuando las plantas crezcan y los actuales árboles se ensanchen y la fronda de los parrales preste grata frescura al recinto, refugio para los soñadores, paraje impregnado de dulce poesía, que hará revivir en los idealistas la figura del coloso, monstruo de naturaleza, que engrandeció a España con sus versos y con su teatro. Esto es, en suma, lo que en Madrid podremos estimar como, reliquia del poeta; lugar de peregrinación para los amantes de las letras en el presente y en lo futuro, si un soplo de espiritualidad vuelve a mover las almas. Y esto, aquí, donde no existe en este orden de lo tradicional, sino las casas de los grandes, lo habremos de considerar como un tesoro, con el mismo orgullo y con igual reverencia que se conservan en el extranjero la casa de Goethe, la de Shakespeare, la de niadame de Sevigné, el jardín de Boileau, en Auteuil; los de Voltaire, en Ferney, y tantas mansiones más que fueron habitación de grandes hombres. Además del despacho de Menéndez y Pelayo, el de Mesoneros Romanos, que piadosamente conservan su hijo y sus nietos, y de algún otro, Madrid se podrá ufanar de esta evocadora morada del Fénix, -reconstituida con singular fortuna. A. RAMÍREZ TOME Dormitorio de Marcela, sa, en su primitiva arquitectura por el señor Muguruza, merced a una hábil y feliz labor; la de sus inteligentes colaboradores ya citados, había de comprender la parte mas delicada, por referirse a la fidelidad histórica y es justo afirmar que han conseguido darla cima gallardamente con su acreditada pericia. Para ello se han servido de muebles, cuadros y enseres de la época; muchos. de los cuales han sido facilitados por las monjas Trinitarias, existiendo motivos suficientes para creer que algunos de ellos, por haber pertenecido a sor Marcela, eran procedentes de la casa paterna. La ilusión, por lo tanto, puede ser completa, aun supliendo en algunos casos la imaginación a la realidad, y asi las siete estancias de la planta principal (puesto que en la del piso bajo se ha de atender a la Escuela de Encaje, instituida por la donante, doña Antonia García de Cabrejo) deben considerarse como trasunto del desaparecido, hogar. En todas, en el oratorio, estudio, estrado, comedor, cocina y en los dos dormitorios, el de Lope y el de sus hijas Marcela y Antonia Clara, se ha atendido con escrupulosa minuciosidad a la restauración. Rincones evocadores, interpretados con visos de autenticidad en muchos de los casos, infunden en el ¿mimo del visitante tmr. profunda emoción al contemplarlos, junto con el convencimiento de- que si no fueron así, dado lo difícil d? reproducirlos fielmente, bien lo pudieran er. lis un primoroso acierto el aposento de las hijas; lo es, asiinismo, el estudio dei escritor y lo es igualcomedor.