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DIARIO ILUSTRA DO. AÑO TRIGESIMOSEGUNDO. 15 CTS. NUMERO FUNDADO EL, i; DE JUNIO DE 1905 POR D. TORCUATO LUCA DE TENA remordimiento, y el otro, con la adhesión muda, esa ventura sosegada y sin sobresaltos, que es el ambiente de los cariños inalterables y fecundos. Pero la opción entre esas dos posibilidades sentimentales no es Don Alfonso, el siempre animoso y patriolibre; está condicionada por los temperata, 3 quel cuyos alientos de expansión de s J mentos, que no sabemos de dónde proceden, monarquía más allá del suelo peninsular le hi de nuestros precursores consanguíneos o ganaron, en los principios de su reinado, el de influencias astrales que trazan el itinesobrenombre de Africado, se sintió al cabo íario vital a los seres. No importa que Kitty rendido de luchar. A raíz del desengaño emse sienta atraída en una impulso primario barco, cruzó el Mediteráneo, tomó tierra en por el conde Vronsky, y que Ana se aisle Marsella, y, desde que llegó a Francia, apeen su retraimiento de mujer da hogar, que nas éi mantuvo contacto con su país. Muchos lleva ya un nombre en sociedad. El dessegufan creyendo que no debió irse. No faltino, superior a todas las precauciones, se taba! por el contrario, quienes consideraban impondrá desde el misterio de los temperainexcusable su resolución después del dementos, uniendo a Kitty con Levine y echansastre. Se dio por cierto que nunca voldo a Ana en los brazos del apuesto oficial. verí Hay en las simpatías y en las repulsiones Estaba el país como aturdido después de algo de enigmático imposible de explicar, la convulsión. Aún había quienes entendían que junta o separa a las personas contra que Jo ocurrido fue, en realidad, un triuntoda previsión o cálculo. ¿Es una emanación fo, tros aseguraban que no hubo vencede la materia o una imposición del alma, doreí ni vencidos. Pero los más, con lógiigualmente tiránicas? Una pasión és, digan ca Reducción, se consideraban derrotados. lo que quieran los moralistas, un estado preEstof en cuanto a las clases directoras. Por patológico, que puede alcanzar la plenitud su pprte, la masa general, después del ruimorbosa de una enfermedad. Se contrae sin doso, y vibrante desenlace, se hundía en la saber cómo ni por qué, y el invadido del mal característica inercia, entre visionaria y rees impotente para medir sus estragos, que signada, típica de la raza. Sobre ese confupueden ser leves, y reparables oígrayé 5! t so fándo, aturbonado, enigmático, se destatrágicos. El desenlace de la crisis depende caba únicamente como una esperanza- -a no de los medios defensivos de cada ser, que ser dufe el Rey volviera- -el inmediato sues, precisamente, lo que ocurre en la evoluceso 4 e Trono: D. Juan. ción de una enfermedad. Un clínico moderno, Steckel, ha definido ciertas exaltaEn forno de él se concentraron prest las ciones amorosas como una psicosis de ansimpatías de quienes fueron leales al Rey siedad en la que entran la conciencia del que se marchó. Bien lo merecía el prínpecado, el misticismo y la atracción de la cipe. Poco más de veinte años, reputación muerte. En ese caso está la pobre Ana Katemprana de advertido y discreto, marcial de renine. 1 Cómo habría podido substraerse l aficiones y de apostura, tan recio y alto de maleficio pasional que la va a conducir, por voluntad como de cuerpo, curtido desde niño tránsitos, de la honestidad a la coquetería; por los aires del mar, aficionado a navegar de la 1 coquetería al abandono del deber; de como Su padre, monteador como él, nadala culpa al éxtasis, y de la tlicha; ün poco ba, tiraba a las armas, era piadoso, ilusamarga que encuentra en el amor de aquel trado en una palabra, era prometedor. Muy 1 en los comienzos, quien supo apreciar sus PALABRAS, AL VI ENTO hombre, a la tragedia que pondrá fin a su tormentos? Es posible que un marido medotes tde varonil entereza, le apellidó El Ana Karenine no es obra condensable en nos adocenado c (ue el metódico funcionario HonWre. Y no es floja alabanza, en tiempos de afeminamiento y blanduras, ser llamado una simple síntesis cinematográfica. El to- que la llevó al altar la hubiese preservado 1 rente no entra en el alveolo del estanque de la caída, porque cuando el alma se siente así: MI Hombre, por antonomasia. sin que lks aguas rebasen sus orillas. Se satisfecha se hace invulnerable a las tenNegociaba D, Alfonso en Francia y en comprende, pues, que el fil i no satisfaga taciones. Pero Korenive es un tipo masV Roma mientras en la Península se consoli- a quien, como nosotros, conoce la novela. culino sin ningún relieve, como hay mudaba el amor a D. Juan. Mas éste, aunque Tolstoi la, escribió muy adelantada la ma- chos, que creen haberlo dado to o cuando presto siempre a cumplir con las leyes del durez de la vida, que e 1 período clarivi- han cubierto con su nombre a uriaf fnujjer destino, no olvidaba ni sus deberes filiales dente y melancólico en que el hombre pue- No lo digo para excusar el extravío de Ana, ni el fundamento inconmovible de toda di- de contemplar su pasado con cierta sereni- sino con el propósito de disminuir su resnastía. Si mi padre quiere reinar, reina- dad, porque sus amores y sus odios han per- ponsabilidad. Una mujer sensible y de gusrá. JjO sólo puedo reinar después de él. dido ya el fogoso brío que las hacía rebel- tos delicados puede aliviar sus decepciones Cierto fue que, durante algún tiempo, auconyugales con el goce artístico, con la dea la disciplina del juicio. Un sente su progenitor, le tuvieron por Rey. des que podemos analizar carece sentimien- voción religiosa o gastando el remanente de ya de inPero p. Alfonso decidió reinar él. Y cierto to su imaginación en la cultura, 1 en la caridad fluencia decisiva sobre nosotros. día hallábase D. Juan paseando por la pla- da con pena o con agrado, pero Se recuer- o en los viajes, pues todos esos horizontes ya no no? ya lisboeta de Santos, cuando arribó al puer- pertenece. Si nos acompaña no es como el se abren ante su espíritu desoído. Basta con to de Cascaes el navio que traía a D. Al- rumor de ana música oída lo lejos, sino que sepa administrar su sensibilidad y la fonsd A (nadie cupo duda de que, puesto como Un fantasma resignadoa a seguir pasi- gaste dosificándola con cautela, de modo que que Si legítimo Monarca quería recuperar nuestros pasos. en suma, la su inversión en placeres honestos la libre su Trono, su hijo tenía que cederle ef paso. vamentede lo que fue. Por Es, podemos evo- del fastidio, que es el bacilo moral de, las sombra eso ¿Qué debo hacer- -preguntó D. Juan al más carlo fríamente, como el girón desprendido existencias truncadas e insatisfecha Conlinajíido de sus partidarios- -si el Rey, mi de otra vida. Tolstoi debió escribir su no- viene, por eso, que toda personarse acosseñor, torna a esta ciudad? 1 ¿Cómo creéis propicia tumbre a considerar el ideal como algo inque le debo recibir? ¿Cómo? -replicó in- vela en esa disposición de ánimofieles a la accesible, y que las ilusiones son, como las mediatamente el interpelado- ¿De qué mo- a las reconstrucciones psicológicas estrellas, algo brillante y remoto, qu nos do podréis recibirlo, sino como a vuestro se- realidad, alumbra sin darnos calor. Desde ese punto ñor y a vuestro padre? Y Alfonso V, el Ana Karenine es algo más que la his- de vista las tendencias románticas fl o puevencido por los Revés Católicos en la tan re- toria de una pasión; es el contraste del den ser más nocivas, porque envuelven el ñida como discutida batalla de Toro, voh tú amor culpable, fértil en embriagueces, con amor en una aureola que se disipa al menor a reinar en Portugal. el amor lícito regido por el rifmo apacible contacto con la pro- a cotidiana. J? ero, m vil Andan discordes las historias sobre si don que preside todo lo creado en la inmensa medio en tus. Tampoco se debe recluir a. los un materialismo exemW de íotla variedad zoológica. Vronsky v Le ine perso- seres v (1) Este artículo estuvo compuesto pa- nifican el pecado y U gracia dentro del poesía, que reduzca la vida a una serie de ra un número del año pasado y no autorizo deseo. El no ofiece a la mujer, con la voluptuosidad febril y efímera, el dolor y el 2 a censura su publicación. ABC DIARIO ILUSTRADO. AÑO TRl ESIMOSEGUN DO. 15 CTS. NUMERO í ALFONSO Y; DON 1 UAN O) i Alfonso hizo mal o hizo bien. Pero su nue- vo reinado fue breve. Tres años después, el padre llamaba con toda prisa al hijo a Cintra, donde se sentía morir. Y a las pocas horas era proclamado definitivamente don Juan II, ídolo ya de su pueblo desde ante, de reinar. Por la ley y por la grey fue e! lema que adoptó: lema que, traducido al lenguaje político de ahora, suena algo así como a razón de Estado. Y, en nombre de la razón de Estado- -que no es fascismo mientras no padece de hiperestesia- -se sobrepuso a las Cortes, se impuso a la nobleza revoltosa, pactó con la poderosa Castilla y, después de hendir con 1 á quilla de sus barcos descubridores lontananzas del mar, partió el mundo en Tordesillas con sus consuegros, Fernando e Isabel. Mandava em todos e nao era mandado por ninguem afirmaba el embajador inglés, según traducen las crónicas portuguesas. Cierto es que, en algún caso, sobre todo en la muerte violenta del duque de Viseo- -siquiera el ambierite de la época lo disculpara- -se le fue la mano al Hércules real. Pero, en el balance de su gestión, al igual de lo que pasó con su padre, los grandes éxitos predominaron sobre sus grandes yerros. Por eso coinciden en elogiarlo los contemporáneos y la posteridad. Cuando falleció, uno de sus más enconados enemigos hizo itnparcialmente este juicio del hijo y de su antecesor: Ha muerto el mayor Rey del mundo, hijo del mejor Rey del mundo. Y la Historia, recogiendo en dos epítetos el sentir sintético del pueblo, sigue llamando a D. Alfonso el Rey caballero y a don Juan él Príncipe perfecto. F. DE LLANOS Y TORRIGLIA