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DIARIO ILUSTRADO. AÑO TRIGES 1 MOSEGUNDO. 5 CTS. NUMERO FUNDADO EL I. DE JUNIO DE 1905 POR D. TORCUATO LUCA DE TENA ABC P O LI T I C A C E N T R O Una invitación al país por si quiere organizarse electoral y políticamente en un camino de política centro. Cuando iba a comentar la disolución de las Cortes me encuentro con que se suspenden, supongo que para que el Gobierno pueda organizar la invitación que hará al país a una política centro que me imagino equidistante entre las de izquierda y de derecha. Hubo un tiempo, en efecto, en que la política era del centro. Subía del nadir al cénit, del infierno a los cielos, de la tierra a los astros. Tenía por levadura y por modelo viviente a Jesucristo. Se proponía que el espíritu, la parte superior de nuestras almas, se erigiera en centro de la vida social e individual. A este centrismo debe la Humanidad el progreso de la era cristiana. Duró hasta que los agitadores de los pueblo- anticipándose a las palabras de Viviani, acordaron apagar para siempre las luminarias de los cielos. A esa política retornaremos algún día y cuando lo hagamos no volveremos a desviarnos del centro. Pero en 1917 surgió en el mundo la revolución de Rusia. Desde entonces, los revolucionarios se dijeron: No queremos el socialismo para dentro de mil años, -ino en nuestro tiempo Para hacer su voluntad cuanto antes, decidieron fomentar los demás movimientos disolvente- Y así tenemos que elegir a diario entre el orden cri- tiano y la revolución social, entre E- paña y no España, entre Cristo y no Cristo. Me quiere decir nadie si e- posible una política de centro en esta alternativa J. Pues i es: hace tiempo que la practicamos Consiste en permitir que se siembre e impedir que se coseche: en consentir que so amenace todo el tiempo con la revolución social y disponer las fuerzas del Estado para aplastarla en cuanto aco: ne. Fernán lo dijo insuoera 1 Vniente: lápidas para los maestros y metralla para los discípulos Conocemos esta politica centrista. De; graciadrimente, apenas ninguna otra. Libertad absoluta para que la revolución nos amenace, v mucha Guardia civil, mucha Policía, muchos guardias de Asalto para protegernos contra ella. Cada día habrá en la calle mas hombres de uniforme y con fusiles. En los quioscos, los periódico; de la lucha de chses y la promesa do un (L s; úello general de hurgúese- y, junio a ellos, toda clase de hombre- armados, para que el degüello no se realice. Pero también sabemos a dóncb lleva e- ta superabundancia de libertad y de Policía. De año ¿n año encarecerá el Estado. Lentamente se irá comiendo herencias y propiedades. No pagará sus deudas, sino envileciendo la moneda. Se tragará la ari- tocrach v la burguesía. Xo habrá más potentauos que los enchufistas I- a caída será continua y progresa a. RAMIRO DE M F Z T U DIARIO ILUSTRADO. AÑO TR 1 GES 1 MOSEGUNDO. 15 CTS. NUMERO H ORAS DIFÍCILES Un solo frente. CR 1 S I S D E V E R D A D El padre Cuervo, profesor de Teología en San Esteban de Salamanca, ha dado la primera conferencia sobre La Crisis de la Verdad (A B C de ayer. Es muy posible que los historiadores de los tiempos actuales los caractericen como de crisis de verdad. No sería fácil señalar la fuente de ella; pero es indudable que la mentira es hoy reina y señora, y anda encogida y como ajena al mundo, su gran vencedora de otras épocas. Atribuir el fenómeno a una relajación en el sentimiento de la moralidad esclarece muy poco las cosas, ya que cabría preguntarse inmediatamente por qué razones aquel sentimiento se encontraba hoy menos vivo o había desaparecido de los espíritus. Me arriesgo a apuntar mi opinión acerca del hecho indubitado. El hombre honrado 110 puede dejar de decir la verdad: porque la veracidad con respecto a su prójimo es un deber, y en relación con la sociedad uno de sus más sólidos fundamentos. Pero cabe que decir la verdad sea eventualmente peligroso, tanto para el que la dice como para la obtención de un bien que se persiga. Dos espectros, pues, se presentan ante el hombre en el acto de dar testimonio de aquélla; el de la cobardía por el daño que pudiese traer aparejado, y el de la frustración de la obra concebida. Los cobardes y los inhábiles han de ser forzosamente enemigos de la verdad. Que algún tipo de habilidad aparezca unido a la falacia en más de una ocasión histórica, nada arguye en contrario. Hay inteligencias soberanas que se solazan en el sofisma, como finos paladares que gustan de lo corrompido. En general, el mendacio va unido a la más torpe de las inhabilidades, aunque quien lo profiera presuma de diestro: sin que, por otra parte, el éxito favorable se halle vinculado- -ni mucho menos- -a las maquinaciones fraudulentas. Es este un gratuito prejuicio. Pero cuando el régimen político ofrece la desventura del predominio de la masa, la crisis de la verdad brota a raudales de una nueva fuente. Gracián la estudió con su visión penetrante, y la expresó con su mueca irónica mordaz. Dicen políticos- -escribió en su Oráculo manual- -que si todos lo son (locos) con ninguno perderá; y si es sola la cordura, será tenida por locura. ¿Cómo en estas circustancias no ha de haber crisis de erdad? Captar la masa es conseguir el medio para el triunfo. Y la victoria será dada a quien la halague en sus intereses, la embauque con ofrecimientos- -cuanto más desatentado mejor- -y fomente la obliteración cerebral. Que al cibo de algún tiempo saldrá tundido, de la capiación, no o. rrece duda r. lguna. ¿El remedio? No hay más que uno: en; nciparse do la servidumbre de la falacia que da frutos efímero- de aparente bondad, y volver en la vida privada y en la pública a lo que es origen permanente de todo bien. Hace diecinueve siglos que lo proclamó San Juan. ¡Ventas, liberabit ros. YICTOK PRADERA Ignoro si en las previsiones tácticas del Estado Mayor nue dirigen los caudillos de las fuerzas coligadas va a entrar el bizarro elemento juvenil que sigue a José Antonio Primo fie Rivera. Sería una grave omisión el prescindir de ese mocerío disciplinado y entusiasta, que tan frecuentes pruebas viene dando de su acrisolado patriotismo. Las perspectivas electorales se presentan con un tan dramático carácter belicoso, que todas las precauciones que se adopten para vencer el ímpetu rojo serán escasas. Los contingentes de Falange Española no tienen, por el número, la importancia de los que integran Acción Popular, pero cada uno de sus miembros vale por su desinterés y su arrojo como cinco. Eso no puede ser puesto en duda. A los socialistas, muchas de cuyas reivindicaciones están, por lo humanas, en el programa de Falange Española, hay que agradecerles su sinceridad, puesto que ni enmascaran ni aminoran hipócritamente sus objetivos. ¿Podrían realizarlos si, contra todas las posibilidades, trajesen una mayoría absoluta a las Cortes futuras? Es dudoso. Lo más probable es que, sin pactar abiertamente con el orden de cosas presente, respetasen muchas cosas que ahora fingen aborrecer y despreciar. Hay en todos esos movimientos, de un aparente radicalismo renovador masas ciegas que van adonde se las empuja y minorías que saben discernir, a la hora del triunfo, lo oportuno de lo temerario. Esa frase de la dictadura del proletariado, desvalorizada ya hasta en la misma Rusia por una experiencia de años de Gobierno, puede amedrentar a los ignorantes y a los pusilánimes, pero no a quien por no estar contagiado de ninguna pasión, ve estos problemas con claridad. Los más no se han impuesto nunca a los menos, por la sencilla razón de que aquéllos han venido al mundo para obedecer y éstos para mandar. No hay la más ligera demostración histórica de que haya ocurrido lo contrario. Eso, de un lado. Por otra parte, Spartaco. aun siendo su causa digna de respeto, está condenado durante mucho tiempo a perder la batalla de Sila- o. ¿Por que? Sencillamente porque se le oponen fuerzas espirituales que tienen el privilegio de reanimar a Sos tibios y de enardecer a los prudentes. Aquellos socialista- que desconfían del éxito del marxismo integral se acercan más a la realidad que lo- obcecados, como el Sr. Largo Caballero, creyente irreductible en el resplandor de un mito. El socialismo será, indudablemente, e! tronco de la sociedad económica del porvenir, pero tendrá que desarmar o atraerse a e eTientos que ahora parecen sus rivales sin serlo. Su primera concesión debiera ser de sentido nacionalista, como ha ocurrido en Rusia, y, naturalmente, al reconocer el sentimiento de Patria como un elevado valor, tendrá que aceptar todo lo que depende de él e: i ideas y en instituciones, en deberes y en necesidades. Yo no creo en el fascismo imperialista de cuño inussol ninno- -ya e e viendo a lo que condure- pero preveo que en un mañana mas o mono- próximo asistiremos a 1 1 reverdecimiento do lo- ideales 11 monárquicos por ser los más autorizados- -lo aseguraba Labriola el otro día en L Erc Nomellc- -para dar plena satisfacción al proletariado. MANUEL BUENO Lea usted mañana ABC