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A B C SÁBADO 30 DE NOVIEMBRE DE 1935. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAQ. 20. Con verdadera extrañeza ha conocido el Sr. Nombela por la Prensa unas declaraciones atribuidas al presidente del Consejo de ministros, Sr. Chapaprieta, en las que da a entender cierta sorpresa por la presentación de su denuncia y manifiesta que debe de tratarse- -como si no conociese los hechos denunciados- -de un escrito distinto al que le presentó hace días el Sr. Nombela y en el que solicitaba ser repuesto en su cargo En su vista, el Sr. Nombela nos manifiesta lo siguiente: Con el objeto de que en este asunto resplandezca la verdad con toda exactitud desde el primer momento, lo que me figuro no habrá, de molestar al Sr. Chapaprieta, me permito rectificar sus comentarios en los siguientes términos: Primero. El día 13 del corriente, y guiado de un deber de cortesía hacia el presidente del Consejo de ministros, fui a visitarle en compañía del diputado Sr. Fernández Castillejo, para anunciarle la presentación a las Cortes del escrito- denuncia, entregado en la tarde de ayer. Antes de entrar en conversación con el Sr. Chapaprieta le advertí, expresamente, que al visitarle no me guiaba el afán de ser repuesto en el cargo, que de ninguna manera aceptaría de este Gobierno. Que presentaba dicho escrito- denuncia ante la pasividad del Gobierno, quien conocedor de todo lo ocurrido no tomaba determinación, alguna, manteniendo con ello en entredicho nuestra conducta, puesta en duda habilidosamente por el Sr. Gil Robles en la sesión del 26 de julio último. Que lo único que solicitaba era que el Gobierno hiciera pública declaración en el Parlamento de la honorabilidad y austeridad en el desempeño de nuestras funciones, y que se sancionase sin demora alguna a los culpables de este escandaloso asunto. Segundo. El Sr. Chapaprieta me rogó entonces que antes de dar el paso trascendental que le anunciaba le dirigiese a él, como presidente del Consejo de ministros, un escrito con los términos de la denuncia que le permitiese dar cuenta en el primer Consejo de ministros que se celebrase, de la cuestión planteada. En mi afán de agotar los trámites menos violentos accedí a ello. Tercero. En su consecuencia, el día 14 del corriente hice llegar a su poder dicho escrito, en el que esencialmente y a veces con las mismas palabras se resumía el presentado a las Cortes. Confirmaba en el los términos de nuestra entrevista, solicitando únicamente que por un miembro del Gobier! no se hiciese declaración pública de la corrección y austeridad de nuestra conducta y se sancionara la de los promotores de tan vergonzoso asunto, pero sin solicitar un cargo que como le había manifestado no habría de aceptar del actual Gobierno Doy fin con estas palabras a la obligada réplica, pero advirtiendo que en todo momento saldré al paso de cualquier tergiversación o falseamiento de la verdad, que posiblemente pudiera producirse. director general de Marruecos y Colonias, el Sr. Tayá no realizaba de hecho el servicio de comunicaciones marítimas, y nada tenía por tanto que cobrar. Antes de que yo fuese director, y cuando realizaba el servicio, percibía mensualmente lo que, con arreglo a contrato, le correspondía. Tercero. Que, practicada al Sr. Tayá una liquidación, como consecuencia de haber anulado el Tribunal Supremo un primer expediente que le fue instruido por faltas en el servicio, ascendió aquélla a 524.000 pesetas, que no cobró entonces el Sr. Tayá porque el presidente del Gobierno provisional, Sr. Alcalá Zamora, dispuso suspender el pago, hasta que terminase el segundo expediente; durante todo el tiempo en que fui director tampoco acordé el pago de dicha suma, y, poste- riormente, siendo director general el Sr. Alvarez Buylla, y cuando el Sr. Tayá volvió a pedir el pago de las 524.000 pesetas, me opuse a ello, por entender que no podía acceder a dicha pretensión, en virtud, de lo decretado por el jefe del Gobierno. Cuarto. Terminado el segundo expediente, siendo yo director de Marruecos y Colonias, propuse, y así se acordó, la rescisión del contrato, aun en contra del dictamen de la mayoría del Consejo de Estado. ¿Es esto hacer un favor al Sr. Tayá? Quinao. Con respecto a mi actuación como secretario del expediente de liquidación de daños y perjuicios, que se instruyó por efecto de la anulación por el Tribunal Supremo de la orden de rescisión que yo propuse, toda sombra de parcialidad se disipa con decir que indiqué en mi dictamen la conveniencia de que dicho expediente pasase a informe del Consejo de Estado. Sexto. Que, noticioso de que se me iba a requerir para llevar a efecto una inspección en la Sección administrativa de Colonias, rogué a mi jefe, el señor interventor general, que no se me designase para ella, ante la idea de que mi designación pudiese interpretarse como un deseo mío de criticar la actuación de mis sucesores en aquel organismo. A esta actitud de nobleza ha correspondido el laureado Sr. Nombela con sus injurias. Con la expresión de mi reconocimiento por la inserción de las anteriores líneas, se ofrece de usted con toda atención s. s. que estrecha su mano, Fernando Duque. ra, y es claro que de prevalecer el criterio, a la Comisión y no a la Cámara entera debía corresponder el examen total de la denuncia del Sr. Nombela. De las intervenciones hay que destacar la del Sr. Royo Villanova y la del Sr. Gil Robles. El ex ministro de Marina sostuvo desde su escaño la misma tesis que había mantenido en los pasillos. Asumía por entero la responsabilidad del primer acuerdo adoptado por el Consejo de ministros, porque en conciencia había encontrado justo el pago de la indemnización al Sr. Tayá. Declaraba que el Sr. Lerroux procedió honorablemente en la cuestión objeto de la denuncia, y asimismo en cuantos asuntos intervino mientras él fue ministro de Marina, Yo no me hubiera dejado presidir por el Sr. Lerroux- -exclamo- si hubiera tenido la más leve sospecha sobre su conducta. Para el señor Royo Villanova las Cortes seguían un camino equivocado al discutir denuncias como la del Sr. Nombela. Emprendían la ruta de la Convención. Las responsabilidades polticas podían ser exigidas en el acto, y él, con sus declaraciones respecto a lo que sucedió en el Consejo de ministros, las facilitaba. Mas para las responsabilidades de índole penal, de personas ajenas al Parlamento, estaban los Tribunales de Justicia, con propia competencia. Un error padeció el Sr. Royo Villanova, y se lo advirtió la Cámara con sus rumores. Fue aquel en que expresó sus dudas respecto a si el Sr. Nombefa hubiera mantenido su denuncia en el caso de haber sido repuesto en su cargo. Varios diputados salieron al paso de esta manifestación diciendo que el Sr. Nombela sólo pretendía que resplandeciera la justicia y no se podrían arrojar sombras sobre quien había defendido con un tesón heroico los intereses del Estado. Una carta de D. Fernando Duque Recibimos la siguiente carta: Señor director de A B C. Muy señor mío y de toda mi consideración: Pidiéndole anticipadamente perdón, le ruego la publicación de esta carta, para desvirtuar con ella los conceptos ofensivos lanzados contra mí en el escrito presentado a las Cortes por el Sr. Nombela, sin perjuicio de acudir también a los Tribunales en mi defensa. A tal efecto, me interesa hacer constar: Primero. Que tengo la más absoluta seguridad de que los señores Tayá y Gómez Piñán tendraa que. desmentir los conceptos que en relación con mi actuación les atribuye en su escrito el Sr. Nombela, por ser totalmente falsos. ¿Segundo. Que durante el- tíenipo qüe fui Al llegar D. Alejandro Lerroux a la Cámara, los periodistas, como de costumbre, le saludaron, inquiriendo de él alguna noticia. -Np tengo ninguna noticia. Únicamente a esperar- -dijo el Sr. Lerroux. Un miembro del partido agrario le dijo al Sr. Lerroux que si en la ponencia ministerial que entendió del asunto Tayá enel Gobierno por él presidido, figuraba algún ministro agrario, éste sostendrá en el salón de sesiones lo mismo que sostuviera en aquella ponencia. El Sr. Lerroux se despidió del grupo diciendo -Vamos a esperar esta segunda ola de gases asfixiantes. Vamos a esperar esta segunda ola de gases asfixiantes dice el Sr. Lerroux En el salón de sesiones. Un debate breve e interesante Cuando se anunció que el Sr. Rey Mora iba a plantear en el salón de sesiones el asunto del día, los diputados ocuparon sus escaños y el hemiciclo recobró una animación que había perdido en los días anteriores. En el banco azul se hallaba todo el Gobierno. Los oradoses tuvieron cuidado de no entrar en el fondo del asunto. Se pretendía el nombramiento? de una Comisión investigadora, según la propuesta de D. Miguel Mau- El Sr. Gil Robles habló brevemente. Pidió el inmediato nombramiento de una Comisión investigadora. El y todo el Gobierno deseaban que la justicia se hiciera con toda rapidez y que los culpables, si los hubiera, sufrieran la oportuna sanción. Una interrupción del Sr. Arrazola puso una nota de gran interés en el discurso del Sr. Gil Robles. Decía éste que el Gobierno se allanaba de buen grado a la petición del partido radical, que deseaba se depurasen las responsabilidades que pudieran corresponderle. -Del partido radical y de otros partidos; de sus hombres y de otros hombres- -exclamó el Sr. Arrazola. El Sr. Gil Robles aclaró que si se había referido al partido radical fue porque uno de sus representantes había pedido que la cuestión tomara estado parlamentario. Otra nota de interés del discurso del señor Gil Robles fue la expresión de su solidaridad total y absoluta con el Sr. Lerroux. En este punto no pudo ser más explícito el jefe de la C. E. D. A. Tras unas brevísimas intervenciones de los Sres. Maura y Fernández Castillejo, la Cámara acordó el nombramiento de la Comisión investigadora, y el presidente pidió a los jefes de grupo que designaran sus representantes. El Sr. Gil Robles expresa su solidaridad con el Sr. Lerroux Después del debate. Juicios y apreciaciones El salón de sesiones quedó casi vacío cuando terminó el breve debate sobre el asunto Nombela. Otra vez se formaron los grupos de dipts tados y otra? vez surgieron los comentarios en torno a las intervenciones habidas. El Sr. Calvo Sotelo manifestaba que no comprendía cómo el Sr. Gil Robles se había solidarizado con el Sr. Lerroux, pues,