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SEVILLA, ESCENARIO DE LOPE DE VEGA ciudad como Sevilla para alojar al Fénix de los Ingenios españoles, caldear su fantasía y sugerirle tantas y tan portentosas fábulas. Sevilla, como dijo el divino Herrera, era orbe más que ciudad; en ella se admiraba compendiado lo que en otras repartido; así lo entendió Lope en Los Vargas de Cartilla: INGUNA N Adiós, Sevilla, soberbio teatro ¿el n. undo, esfera da la discreción y centro de la grandeza de España, y cifra y mundo pequeño. Pero la metrópoli andaluza era aún más, según el sentir del monstruo de naturaleza encerraba otro mundo, como se lee en El amante agradecido: Y si a ver te persuades ciudades, vete a Sevilla, que en ella, por maravilla, están todas las ciudades. T aun otro mundo está en ella, y esto no és cuento ni engaño, que dos veces en el aftd se entran las Indias por ella. ¡Escenario magnífico el de Sevilla! En sus calles bullía la vida de! vieto continente y ¡la savia del Nuevo Mund o, que. por el Guadalquivir se adentraba en el corazón de la ciudad. Lope, cuando su cerebro empezaba a poblarse de los seres fantásticos otte habían de Rozar vidn eterns por el poder soberano de su genio, quedó prendido en los hechizos y embrujamientos de la e t n o grafía hispalense. Roma triunfante, la llamó- el Príncipe de los Ingenios, y el Fénix aún le superó en el elogio: Ciudad que a Teba en grandeza igualas, a BofiVa en letras y armas preferida. VISTA 0 E, SEVILLA. (DIBUJO INÉDITO DEL SIGLO XVII. Muy niño llegó Lope a Sevi la. Se hospedó en casa de su tío el inquisidor don Miguel del Carpió, vecino de Triana. -Espectáculo maravilloso contemplaba el niñn desde la recoleta morada del inquisidor. Al frente, la ciudad insigne, cercada de sus dobles muros, con sus innúmeras torres, entre las que señoreaba la Giralda, ceñida por el Guadalquivir, tan poblado dé naves, que, en frase feliz d e Lope, semejaba otra Sevilla fundada en el río. ¡Él Guadalquivir! ¿Qué aventuras, qué lances insospechados, no podrían imaginarse en sus riberas? A los oídos del hiño llegaban los mil ruidos del ensordecedor ajetreo de los muelles, con la cargazón de las naves de todas las naciones y la. rica flota dé las lnuias; y en las noches serenas, cuando los barcos enramados, selvas de. aventuras desde Sevilla a Triana- -según Lope- hacían el pasaje a las Cuevas y a los Remedios, conmovían su fina sensibilidad, las seguidillas con que los remeros acompañaban su trabajo: Barcos enramados van a Triana; el primero de todo me. llevas el alma. Vienen de Sanlúear ronYpiendo el agua, á la torre del Oro barcos de plato. L ARZOBISPO SEVILLANO DON RODRIGO BE CASTRO, EN CUYO SÉQUITO, A LAS OKDENP. S J) MAK ¿IJES DE GAVIA, SIRVIÓ LOPE DE VEGA. (íXVVIO FOTOGRÁFICO DE SANTIAGO MÓKTOTO. Quizá esta visión fue la que a Lope en su niñez se le quedó más fija en el mundo de sus recuerdos sevillanos. Acaso por esto tiene más fuerza y más vigor y más alusiones en sus abras. Casi toda una comedia, por cierto de las más gallardas, El Arenal de Sevilla, dedicó a pintar y a ensalzar estos parajes. Mozo Lope de Vega, vuelve, en más de una ocasión, a la ciudad de la Giralda. Ya es de tránsito para las jornadas de las Terceras y de la Invencible, ya huido de la Carte, buscando en el Guadalquivir las aguas del Leteo, para olvidarse de los locos amores y de. los insufribles celos, según refiere en su admirable Dorotea. Sevilla, entonces, es el escenario que el Fénix, estudia para sus comedias y, al propio tiempo, teatro de sus devaneos amorosos. ¿Por qué no relacionar algunos de los episodios del Arenal con el pasaje de La Dorotea, en que don Fernando llega a. orillas del Guadalquivir? De todas las estancias de Lope en la capital andaluza es la más importante la comprendida de 1602 a 1604 en que reside habí-