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execrable misión, y el madrileño hubo de ayudarle dando la vuelta homicida al torniquete trágico. El miércoles 23 de diciembre de, 1908, víspera- de Noche Bue- ca, fueron ajusticiados el Cojo de Bailen y un tal Conejero, coautores del salvaje asesinato de dos guardias civiles que los conduelan al penal donde iban a expiar otros delitos. Los hechos ocurrieron en un coche de ferrocarril, entre las estaciones de El Cuervo y Jerez. Conejero y el Cojo, detenidos en Pedrera, comparecieron ante un Consejo de guerra, quejes condenó a muerte en garrote, sentencia confirmada por el Supremo de Guerra y Marina que volvió a ver la causa. El alto Tribunal castrense in puso el correctivo de quince días de arresto a los componentes del Consejo de guerra, por haber considerado a 1 Conejero cómplice y no coautor. Intervino también en el asesi nato de los guardias, o t r o presidiario Ua rnado el Herrero, que anduvo algún tiempo huido, pero precisa mente la víspera, de entrar en capilla sus compañeros, fue dei rii o en San Vicente (ATi c a n t e) y poco tiempo después sufría la pena capital en- el mismo lugar. El Cojo en carta dirigida a El Liberal sevillano, pidió perdón a la ciudad por el horror que la causaba. La última ejecución fue la de Antonio Martínez, el Rabaso, autor del espeluznante icrimen de Cazaíla. Murió el Rabaso a manos del verdugo, el jueves 7 de febrero de 1924. Sevilla, conmovida, 1 se enlutó d u r a n t e rr todos estos días. Aún Una de las rejas de la ni cJ Rcü tía recordamos cómo los fue trasladada a la del Pot- ¡lo cat la fihermanps. de la Paz- ñiosas puertas de oro IÍ C cobi t y Caridad, bajo la etiqueta de sus negras levitas, recorrían las calle 1 1 -ia compasión de los sevillanos hacia los reos en ca I 1 Fugas importantes hubo pocas. La noche del 1) LI vedades se marcharon dos presos, por la cocina, 1 tenidos horas después en sus respectivos domicilk 1 de, cinco- reclusos intentaron ia evasión por el ti 1 del casó los oficiales, pudo evitarse la con- sumacic 1 1 I1 cierto, que al ser sorprendido en el mismo, tejado unu ut; IUS que huían, y como utl oficial le diese el alto preguntándole dónde iba, contestó tranquilamente que a buscarle para dar aviso de cuanto sucedía. A buen seguro era gitano el fugitivo. La fuga sensacional fue la de Rada, el mecánico del Plus Ultra, con el Mi jifas y el Potaje. A este último estaba encomendado el. servicio de café, y, aprovechando su relativa libertad de movimientos, abrió las cancelas y él postiguillo por donde entraban los canastos- de la comida, que aunque. pequeño, permite el pas. o de un cuerpo humano si no. es muy grueso. Hubo indudable negligencia, seguida de severas sanciones para los culpables. Plantes graves no hubo sino uno en 1910, contra los cabos de vara, que aún existían por aquel entonces. En el motín resultaron heridos algunos cabos, por cortes producidos con latas afiladas. Riñas sangrientas no se han registrado en. El Pópulo, y únicamente contra los chivatos- -así se llama en Sevilla a los delatores- -se ha usado la represalia del baño n el pilón del patio grande. Para que el sentenciado no pudiera defenderse, le echaban una manta por la cabeza y luego, entre varios, lo zampaban, en el pilón. Doblas nos habla de las blancas, desaparecidas del régimen carcelario. Él nunca las puso, porque sabe que hubiera concitado sobre sí el odio solidario de los castigados. Las ponían otros presos conocedores del oficio, y él las quitaba. Algunos se mostraron agradecidos. La época de mayor población fue el año 1917. A causa de la represión del terrorismo llegó a haber en El Pópulo hasta ochocientos presos en K. égimen de hacinamiento. Estuvo, en cambio, vacío el día de la proclamación de la República. No es cierto que entonces las turbas libertasen a penados y detenidos. La verdad es que se amotinaron los reclusos, y ante la pasividr. d de la desorientada guardia. exterior, los oficiales fueron impotentes para evitar ia evasión. Después del lance, gentes en tropel invadieron El Pópulo causando destrozos. En actitud ihtranqui izadora llegaron algunos grupos hasta el pabellón del director L) Lu- ii Llorens, quien salió al rellano de. la escalera llevando en sus brá, zos a un hijito gravemente, enfermo. El cuadro- impresionó a los invasores, que volvieron a la calle acto seguido. He aquí compuesto nuestro breve índice, a falta de un episodio que conviene separar. No por sobradamente conocido dejará de conmover nuestros recuerdos. Se repitió siembre que las Cofradías de Sevilla hubieron de hacer estación a la Catedral metropolitana durante las solemnidades de Semana Santa. La Virgen de la Esperanza del barrio trianero pasaba ante las rejas del dolor, y ante ellas hacía la caridad de apararse para escuchar plegarias y saetas, que también son oraciones, nacidas de pechos anhelantes redimidos de culpas en aquel trance fervoroso. Por la comunicación- del patio chico veían los presos a la Esperanza. Y los que supieron esperar encontraron la senda. 1 Desde que por Real decreto de 29 de octubre de 18 S 9 se reorganizó la Junta de reforma de cárceles. de Sevilla, con el tiombre de Junta de inspección vigilancia y administración de las obras de la nueva cárcel; hasta que en 15 de mayo de 1933 fue inaugurada la edificación, labrada sobre terrenos inmediatos a la Cruz del Campo, donados por el marqués de Neryión, han transcurrido cuarenta y cuatro años. Demasiados tal vez. Pero, al fin, podemos congratularnos porque Sevilla se vea libre de mortificaciones impropias, de su rango. El citado 15 de mayo de 1933 quero evacuado. El Pópulo, pero la Insuficiente capacidad de la nueva cárcel rechazó a la sección femenina. Finalmente las hembras han abandonado en 14 de febrero dé. año en curso la ruinosa. prisión, cuyo próximo derribo ha declarado eldirector general, de Prisiones. Que sea cuanto antes. No nos tengamos que árrepentir de haber puesto punto final a la historia del antiestético pozo de miserias que aún obstruye una de las arterias de la urbe y oprime su corazón. OLMEDO. Un rincón del patio grande, donde se ve el baño de los chivatos Se advierten- claramente los estragos causados por el tiempo en los recios muros conventuales. (Fotos Serrano.