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sión. El autor lleva al viaje mundial su repiedra alcanza considerable valor documentina virgen y su memoria en blanco, y. natal, aunque, no. lo tuviera ya en el- designio de pintar una figura tan relevante y poco rra, ahora lo que. vio y lo que sintió: no los espectáculos ni, las: sensaciones con que otros divulgada como la de González Bralxi. A Je influenciaron. los alicientes del Jibro hay que añadir el de La vuelta al mundo de Antonio Pérez de un certero p r o l o g ó l e D. Antonio- Goicoe. chéa. ríco en sugestiones de profunda vena Olagtíét se contrae a un viaje de España a política... L u i s D E GALINSOGA Mi VUELTA, AI, stirsuo, -por Antonio Pérez de laguer. -El autor de este libro posee el O tnejor de los tesoros 1 el de la juventud. El -español a la- edad del Sr. Pérez de Olaguer, ha hecho unos viajes a la Universidad de, su distrito si no vive en la capitalidad de él, o en verano al puerto de mar escogido. por su familia. Acaso, acaso, ha formado en una de esas expediciones colectivas a Tierra Santa o a las ciudades pintorescas italianas. Pero ahí se detienen las. posibilidades migratorias de nuestra juventud. Por ello, el hecho de que un muchacho de veinte a veinticinco años haya podido coger: un puñado de cuartillas y, escribir en la primera Mi vuelta al mundo, es motivo: más que suficiente para Hartar la atención del público hacia su obra. Mi. vuelta- almundo tiene aún otro mérito, y éste más recomendable. El autor viajero ha emprendido la partida hacia sü periplo sin prejuicios ni preparación. No ha curioseado en la obra de- viajeros anteriores, ni. ha estudiado previamente los países que pensaba recorrer. No ha anticipado la visión intelectual á la física, con lo que ésta se ha manifestado libre dé deformaciones. No ha tomado como modelo autoridad alguna nacional ni extranjera, con lo que sus impresiones tienen, él perfume de la flor recién abierta, la. claridad y el sabor del vino y del aceite de primera pre- Filipinas por Suez, con un detenido estudio de, aquel archipiélago; más un viaje de regreso a España por Japón y los Estados Unidos, con sendas paradas en estos, países. El cinturón al: planeta resulta así completo; aunque las rutas no pretendan buscar nada extraordinario ni aventurero. El autor hace la primera parte del peri- pío, aquélla tari trillada por nuestros viejos militares de las colonias, que iban por el doble más. de la- mitad y solían volver disentéricos o con. un miembro inútil por las lantacas de Joló o Mindáhao. Corno aque? líos, hace etapas el Sr. Pérez Olaguer en Aden, en Singapur, en todos los paraísos de los mares, amarillos. Ya en Filipinas, el autor nos hace trabar conocimiento con el elemento aborigen, los ig- orrotes de Bontbc, y i el elemento civilizado, comerciantes y artistas de Manila, refiriendo de unos y otros sus costumbres, sus diversiones, sus personajes representativos, el pintoresquismo de aquéllos, las virtudes de éstos... A su paso por eí ¡Japón, surgen las leyendas, -el teatro, las gheisas de porcelana, los antiguos- guerreros de terribles caretas y los modernos constructores de acorazados que no no usan más que aquella que les dió. Naturáleza. Y en América, donde el autor hace otra larga estada- -un poco en viaje de instrucción- desfilan las estrellas, de Hollywood, los gángster, de Chicago, excursionistas del Niágara, automqviles de Detroit, en Wásíiington, el Capítol; en Nueva York, Broadway y la Quinta, Avenida... El libro tiene unos lindos grabados, producto de fotos hechas por el autor. Está primera mano, esta, impresión directa, este perfume, de visión propia que hay en todas las páginas del libro, dan a la obra del señor Pérez de Olaguer ún encanto delicioso que hace mayor el atractivo de una vuelta al mundo, pródiga siempre en incidentes. c ANTONIO PÉREZ DE LAGUER.