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siéramos tener la pluma a mano para en- chas veces fue jugar al ralenii. El primer salzar la hazaña como se merecería. Proe- córner le tiró el Madrid, y el segundo, lanzas son éstas que elevan el tono del fút- zado por el Athletic, cayó sobre el larguebol, que matizan con la pasión más sana ro. Luego, en uno de los empujones de Elíel legítimo afán de victoria y que- -sobre cegui, quiso Quincoces estorbar el paso al todo esto- -ahogan las turbias acusaciones delantero contrario, y cerca ya del marco, de los que al hacer un reproche insensato envió el balón 1 a Zamora. con tan poco tino, confiesan la debilidad de sus convicciones. que no marcó el primer tanto porque e! En un partido decisivo, el Madrid, que- rio propio Zamora, en una estirada, alcanzó el necesitaba el triunfo, venció al Athletic, shot de su compañero de defensa. A pesar de su falta de enlace, los roijque todo se lo jugaba a esa carta. Para la estimación pública, deportiva y honrada, el blancos amenazaron el campo madri dista Madrid y el Athletic han resultado victo- con frecuencia, y en una. de estas arrancadas, Losada, cogió su mejor disparo en la riosos. Ese que bien resulta impaEl más cordial homenaje. -Ninguna re- tarde. y que esa vezdirigido en el larguerebotó aparición tan grata como la de Jacinto rable, terrible fuerza, para regresar al Quincoces, y pocas fiestas deportivas tan ro con y de sencillas, tan emocionantes y tan alecciona- campo; su aquí la precipitaciónque, Eiícegui frusto remate de cabeza alocado, doras como ese homenaje que culminó en fuese a kick. la entrega del álbum que el más diminuto Mediado el tiempo, los madridistas quisocio del Madrid puso en manos del defen- sieron enmendarse y lo lograron. Fueron sa internacional más grande, antes de co- primero unos líos ante el marco contrario, menzar el segundo tiempo del match en resueltos por la bravura de los defensas; y Chamartín. más tarde, a los treinta y cinco, minutos, la Fue, sobre todos sus valores- -de estímu- apurada situación de acosamento, de la que lo deportivo, de glorificación de hazaña surgió el goal cuando Lazcano, recogiendo excepcionales, de pago de deuda emociona- el balón por el lado izquierdo, salvó los da- aleccionador el homenaje, porque últimos obstáculos, y de un tiro raso y cuando los fotógrafos daban por termi- cruzado hizo ineficaz la intervención del nada su labor de archivar para la poste- portero. ridad uno de los recuerdos más felices de Como si ese goal fuera límite de aspiraQuirícoces, los jugadores del Athletic de ciones, los merengues volvieron a su abanMadrid, espontáneamente, sencillamente, dono, su juego sin alma y sin velocidad, con ese aire de camarades fraternos que fiado en su colocación y en ja seguridad de graba el sport en quienes bien lo sienten, su conjunto. Y el Athletic, otra vez en corrieron al encuentro de Jacinto para par- alardes entusiastas, se acercó al marco de ticipar en su alegría con apretones de ma- Zamora hasta cruzarlo, por fin, a los cuanos y abrazos de íntima, de profunda sa- renta y dos minutos. Un goal de escaso apatisfacción. Y en seguida eran de nuevo los rato, una descolocación defensiva, una sarivales en acción decidida, impetuosos, ar- lida a destiempo del portero y un flojo redientes; pero con tal nobleza, que ni los mate, oportuno de Arocha. Así quedaron a ciegos podían sospechar que allí podía ha- un tanto empatados, después de cuarenta y ber tongo... cinco minutos de juego. El brío y la calidad igualadas en el priLa emoción de la segunda parte. -Quiso mer tiempo. -Los briosos ímpetus del Ath- el Athletic iniciar el segundo tiempo con letic, ya que no la técnica, se llevaron de el mismo ímpetu que el primero; pero ahocalle al principio al Madrid, que no quiso ra el Madrid se impacientó antes. poro no pudo organizar una respuesta ento- que Quincoces salvó un córner cuando la nada. A pesar de ello, los rojos no, pudie- jugada parecía convertida en goal. ron dominar, porque para lograrlo les falEntonces atacó a fondo el Madrid, y Eutaban recursos futbolístico como les sobra- genio puso un centro a los pies de Sañudo. ban afanes. de un No es una novedad que esa vanguardia Este se desmarcó hábilmente, y cuando gran red, iban athlética carece de jugadores. Sólo el ex- tiro colocó el balón en la Melcón lo anuló tremo Lafuente, no puede abastece, y lo cinco minutos. ¿Por qué que es más importante, crear el juego que por off- side? Seguramente porque él lo vesus compañeros son incapaces de organizar. ría así. Pero íué el único espectador que Esa iniciativa hubiera podido partir de Aro- lo vio en el campo; y el partido, fácilmencha, que tiene dentro un gran jugador; te conducido hasta entonces, se complicó a pero Arocha sigue obstinado en que ese ju- medida que las durezas del Athletic pregador no se vea por fuera nunca. Cada vez tendían equilibrarle, y que las protestas del más de tarde en tarde, un relumbrón, y público se hacían más violentas. luego, apagamiento para una temporada. Los empujones rojiblancos, frustraidlos Losada es una gran voluntad al servicio por la torpeza de Elícegui, no sacaron al de una torpeza de la que todavía sus men- Madrid de su sopor, hasta que, a los veintores no están suficientemente convencidos. ticinco minutos, Lafuente envió un gran Y Cuesta, en el extremo izquierda, es una shot, que originó una gran confusión figura capaz, aun en este match dificilísimo, área madridista. Todos, descolocados, en el de conservarse dentro de los tonos discre- sieron despejar, sin lograrlo, hasta que quiElítos. Pero, ¿y Elícegui? ¡Ah! Este jugador tiene una condición inmodificable; por eso, cegui, con certero cabezazo, remató el seobstinarse en hacer de él un conductor de gundo goal. ¡La victoria del Athletic! ¡La línea, e 3 creador de ese juego que no sur- ovación de los partidarios! ¡La protesta de ge en el Athletic, es pueril. Pero cuando los madridistas para sus... indiferentes juElícegui quede encuadrado entre compañe- gadores! Y los gritos de ¡tongo! ¡tonros que sepan darle esos balones que su- ra- go! queriendo malbaratar un partido que giosa codicia necesita, él será un forjador tuyo en ese instante su evolución magníde tantos. No es pues, esto de ahora, un fica, decisiva. fracaso. Es sencillamente la respuesta al Porque ios madridistas reaccionaron acoimposible que de él solicitan. metedores, decididos a jugar, que era gaA empujones o a saltos, esa línea delan- nar. Todas las líneas respondieron y la pritera fue cediendo en impetuosidad, porque mera amenaza fue un centro de Lazcano, los merengues, con un eficaz funcionamien- que remató Luis Regueíro con la cabeza y to de línea media, frenaron sus esfuerzos. sirvió a Guillermo para hacer una parada No fue eJ del Madrid un fútbol brillante i aérea maravillosa. Pero luego, la presión fue de otras veces, ni siquiera rápido. Los blan- haciéndose más tenaz, hasta que, a los treincos se movieron con una lentitud que mu- ta minutos, Lazcano colocó un buen centro y Luis Regueiro dibujó el remate impara- ble que volvía a igualar la partida a dos, Con la presión madridista, la codicia y la valentía de Corral y Alejandro fueron haciéndose peligrosas, aunque no tanto como el juego de Basterrechea, a quien Méli con, al cabo, castigó con un penalty cuan do cargó violentamente a Luis Regueiro, dejándole inutilizado un rato. El castigo le; lanzó Hilario, y Guillermo le rechazó dos veces; pero antes de que la jugada concluyera del todo, a los treinta y tres minm tos, Eugenio centró largo, e Hilario, dé espaldas al marco, recogió la pelota en el aire y, a modo de cuchara, la envió a la red, sin que la desesperada estirada de GUH llermo pudiera atajarla. Eué un tanto brillante, de gran efecto, y que contribuyó a sostener la tensión emotiva en el público hasta el último instante del duelo. Que concluyó sin que el 3- 2 favorable al Madrid pudiera ser modificado, ni siquiera cuando Cuesta largó casi al final un gran tiro cruzzado, que Zamora detuvo. Detalles y figuras. -Quizá no ha resultado bastante censurada én lo escrito la labor de Melcón; pero ya está dicho que fue de error en desaguisado a partir de la anu. lación del tanto de Sañudo. Este equipo del Madrid, en juego, es hoy probablemente el mejor once de la Península; sin que en una fecha en la que todos erraron, y todos rectificaron a tiempo, valga la pena hacer otra excepción que la que antes quedó señalada en méritos de Jacinto Quincoces. Destrenzados, al paso de la reseña, los nudos de la línea delantera rojiblanca, cabe subrayar el esfuerzo de M? rculeta, mejor secundado por Peña que por Basterrechea; la labor temeraria, por lo valiente, de los defensas, y la actuación segura- -su mejor tarde en Madrid- -de Guillermo, el guardameta que ha conseguido afianzarse, sin que en la derrota le quepan responsabilidades. Detalle digno de mención es que Melcón buscó asesorarse con jueces de goal, y así no hubo tantos dudosos. Pero el único que hubiera necesitado asesoramiento, el, propio arbitro, no quiso atenderse a sí mismo. Y tuvo que atender al público. -Te iisr DEPORTISTA. Equipos. -i Madrid: Zamora; Ciríaco, Quincoces; P. Regueiro, Valle, León; Eugenio, L. Regueiro, Sañudo, Hilario, Lazcano. Athletic: Guillermo; Corral, Alejandro Basterrechea, Marculeta, Peña; Lafuente, Losada, Elícegui, Arocha, Cuesta. goals. Notas de un escéptico Una entrada regia- -muchos miles de duros- -correspondió el domingo último a la eterna rivalidad -del Madrid y del Athletic de Madrid. Pero el público no fue, probablemente, a ver quién perdía, sino a ver si era cierto que itno de los equipos tenía el propósito de de jarse ganar... La responsabilidad de los jugadores del Madrid fue enorme. Basta que a alguiep j e le ocurra pensar que el Madrid sale decidido a perder para que ellos tengan la obligación de ganar de cualquier manera. Se confirma que la versión del tongo fue inventada por Brú. Hay gentes que creen que Elícegui salió disfrazado de Eugenio pero no faltan los que aseguran que Eugenio jugó, de EUcegtii derecha.