
A sus grandes ojos, abiertos para abarcar de una vez la. re- dondez d: el orbe ha subido como una penumbra del caído mundo. Penumbra- que no pasa, que queda, que se hunde en las cuencas, porque ella quiere retenerla: ahí, para que no baje de nuevo a los hombres. Toda nuestra sombra profunda, la Virgen va a asumirla y guardairla, devolviéndonos hien par
mal, alegría, de g r a c i a por ne
gror dé pecados. Y la gracia idestíende, impalpable y visible, musical, y- poética, sobre el temblor de Sixto y sobre la santa en éxtasis. Si vero erat, sicui. erat, ipsUím vídetur Plato voCasse inteíligibilein mimditm. Acertói Platón al hablar de un rhundo. puro e inteligible, del cual todas las cosas son criaturas nostálgicas. Y acertó Rafael, mozo platónico, a pintar esas cosas que tenía en la mente, esos eidos sin vejez. y. sin. arrufas, que son modelos y también son melodías. Las figuras de Rafael, suele decirse, son académicas. N o hay una qne la matemática clásica no ha conocido, y es esa la que alarga, invisible, su resplan- dor alegre, y trágico sobre- todo su mundo de apariencias y de esencias. Una figura que es matemática y martirio, misterio y redención liberadora. Una cruz, y a sus pies una madre llorando. Esas lágritóas virginales y maternas que la pagania no. ha conocido, son la fuente del arte y la vida durante mil años. Una catedral no es, en su última esencia, sino eso: una plegaria a la Virgen, un Ave María, sin pecado concebida. Rezando el Ave María recibió Rafael a la muerte, cuando vino a buscarle a su estudio de Roma. El, Vasari nos cuenta. cómo, a la hora del tránsito, le rogó a sus discípulos que pusiesen una Madonna sobre su tumba. Quizá en sus ojos lívidos se reflejó entonces la imagen de esta Nuestra Señora pintada para el convento dé Piacénza. Nuestra Señora de Dresde, temblor de. plata, de sollozo, de cristal y de lágrimas, junto al río que quiso ser espej o del hastio. A la orillsa del Elba se curvaba Narciso para ver su. hermosura en d tedio del agua. A la orilla del Eiva vinieron, el 1547 los españoles a morir. Señora, por tu laermosura, por. el fruto, bendito de. tu vientre porque fuiste concebida sin pecado... Vinieron por ver tus ojos allá arriba; Y yo mismo, español- y a mucha honra- ¿crees acaso que he venido a Sajonia por ver el Zvringer y los surtidores? Es qiue España, que defendió tu doncellez contra medio mundo, hoy necesita qué la defiendas tú, ebúrnea, torre. No tiene otro aliado, ni lo quiere. Quiere qué intercedas, por ella, porque el Señor es contigo, qué sobre sus llanuras caiga, como sobre San Sixto, la alegría que baja: de tu rostro, que tu gracia remedie su infortunio- terrible. Mira, hoy a la noche, cimndo iNárciso y. él Z- winger se vayan al. diablo, hoy a l a noche. Señora, y sin. qué nadie lo s a tu me harás una seña; desde, el cielo y. lloraremos juntos por España, en silencio. Dios la salve, María, Llena. es de desgracias. iEüGEK- io M; OÍNTES
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tA MADONNA SIXTINA, DE KAFAEI, QUE SE CONSERVA EN EL MUSEO DE ZWIKGER
el agua, sino quien a solas con. el mistérjo atrañable y profundo, le pide a la Viraren su csleste melancolía. Pidiéndole celeste melancolía a la Virfijen, esta San Sixto en el cuadro de la Matjbñna. -que Rafael pinto por encardo kie tos benedictinos de Piacénza. Madonna Sixtina, mas hermosa aún que lá de Foligno, virgen morena e italiana, (raída de tierras de Parma al; Zwinger, para que el cielo le perdonase al cárlotercerista dé- spota ilustré, todas. sus. incontables vanidades. El cielo, y el arte, que también es de Dios, -si es arte de veras. Debió pialarse el cuadro íiacia i c i 6 Tenía entonces el artista treinta y tres años: 4 a edad de- Cris to. G i s t t a m no era enteramente lá edad- en qoe i vió, esa época confusa llamada ReuaiCiniiento, época de vac fecián e incertidumbfe entre, la fidelidad a. a CTUZ. y el imposible retorno a la pagataía itriste. De esas incertidumbres. Rafael Ihiizoí la síntesis feliz De esas movimientos de. ktda, él hizo lo más grande que puede
hacerse: éxtasis meditab- undos, pensativos cristales donde el misterio transparemta su revelación y cristaliza en í eometría y número. La verdadera matemática- -escribe Novalis- -es religión. La verdadera religrión- escribo yo- -es niSmero humilde.
Tvtte le cose qiial aggio créale Si so facté: ctni ivu meto tinesura Bt al lor fine son tufie ordénate...
Me suenan en lo- oídos del alma, sin que nadie los cante, los Laude de Sacopone, ante esta Madonna ovalada y mística, cosa mental, hecha con número y mesura, con compás de artesano y rezo de creyente. Movida por la fuerza entrañable de su maternidad intacta, por la propia esencia de su vientre redentor y fecundo, aparece Sobre nubes, melancólica y puntual, como una estrella. Trae la luz y la noche, trae el mensaje la sombra. Trae el niño- triste, anticipadamente triste- en loa brazos.