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A B C JUEVES 34 DE MAYO DE 1934. EDICIÓN DÉÜA MAÑANA. PAGV 17, LA VISTA DEL I ROCESO DE CASAS Y 1 EJAS EL CAPITÁN DE ESTADO MAYOR; SEÑOR BARBA DECLARÓ AYER QUE RECIBIÓ DEL SR. AZAÑA, DI RECTAMENTE, LA SI. GUÍENTE ORDEN: NADA DE PRISIONEROS. TIROS A LA BARRIGAS pero con energía formidable: Está bien, está bien. Me parece muy bien que ro haya responsabilidad exigible, -pero. yo quiero declarar la verdad. La verdad a todo trance, sin importarme las consecuencias que su proclamación pueda traer para el quemo se encuentre limpio de pecado. Por lo pronto, consta en acta este gran puñado de verdades que. aventó el teniente Artal ante los jueces que han dé juzgar a Rojas. Ya no es Rojas quien acusa, amparado de su derecho de defensa. A B C en Cádiz. La importante declaración del teniente Artal. Todos los testigos que desfilaron ayer confirmaron las ordenes seve rísimas que llevaban las fuerzas. La declaración del capitán Barba proLa sesión de ayer duce enorme sensación. Por la tarde continuó el examen de testigos. Prosigue el desfile de testigos. Interesantes declaraciones de los, capitanes de la Gándara y López El teniente de Asalto Sr. Alvarez (D. Jesús) Se hizo saber a los guardias que aquellos en cuyos dis- confirma que se dio la orden Ni heridos, ni prisioneros tritos se detuviera a alguien con armas serían destituidos, por lo que; Cádiz, 23. 4 tarde. (De nuestro enviado los guardias tendrían que m tar para no ser dados de baja. especial) A. las once de la mañana se reclarar sobre, el asunto C; asas V 3i éjas, ¿porqué no lo manifestó; usted: así? Pues, sencillamente- -repliqué- porque me hallaba muy despierto en CaSás V. iejas. El fanático de la verdad j Lealtad, sinceridad respeto: a sí mismo, ií f Cádiz 23, 4 tarde. (Crónica telefónica propia, estimación. de nuestro enviado especial. i Nota intere- Las interesantísimas declaraciones delvteV: 1 niente! Artal, habrá n podido déjar algupa sante de la primera jornada de este: juicio, la que dio el teniente Artal, en su declara- duda, respecto a la actuación del. procesado ción! Ponderado, ecuánime, sereno, sin dar en- Casas Viejas, pero disijíari cuantas; püimportancia a sus respuestas, píénas de sin- dierán existir respecto al ¡miedo; de los: que ceridad, iba este testigo poco a poco disi- a todo trance, querían borrar del encerado pando las dudas que otras manifestaciones, un asunto cuvas responsabilidades, tarde o que otros dichos pudieran haber determina- temprano, tenían que alcanzarles. do, en el- ánimo de las gentes. Hombre rec Esto de Casas Viejas lo sabe todo el tilíneo, de fuerte voluntad, se advirtió que mundo. De lo que ahora se trata es de que iba al Jurado resuelto a decir cuanto su- r o lo sepa nadie, de que para, nadie haya piera, sin eufemismos, sin preservas men- responsabilidades. tales, sin temor alguno a las consecuencias Y el teniente Artal, ajeno a todo, sin de. su sinceridad. Leal a sus convicciones, otra preocupación que la de vivir en paz se nos antojaba este, testigo un fanático de con su conciencia, exclamaba sencillamente Na es un ardid de, jurista para que los jueces se impresionen, es la declaración veraz de un hombre- honrado, cuya sinceridad conmueve a- la opinión y la coiíveace... Ha sonado un recio- aldabonazo en él portalón, de la Justicia. -Manuel Tercero. A B C en Cádiz la verdad, enemigo mortal de la trapacería Vy del engaño; uno de esos: hombres que, como todos los ingenuos, los bondadosos, los bienintencionados, hállase siempre propicio a dar crédito, a cuanto le refieren, sin que sea bastante a curarles de su infantil credulidad, de ia que, conscientes, se dan cuenta, la burla, lá traición, la superchería o el propio desengaño. Yo no 1 dudé- -decía -yieado ¿al capitán ¿Rojas en Sevilla. de que allí lo lle kban asuntos ajenos a; mí; pero, cuando pensando un poco en lo fútil del. pretexto, me convencí de lo contrario, abordé lá cuestión resueltamente. Rojas iba a: buscarme de parte de Menéndezj porque éste deseaba que callara, que- no propalase, como; en efecto propalá ba, cuanto sabía, de la triste actuación, én Casas Viejas. Sí; advertíase que aquéllo era verdad; verdad la misión que a Rojaj se fiara, verdad su viaje, verdad el difícil cumplimiento del encargó... y por creerlo así, nadie pensó dudar de aquellas otras manifestaciones que se referían a sus conversaciones con el Sr. Franqueira, a las alusiones a la fortaleza. del Gobierno y a los peligi os y males que su resistencia a firmar una det elaracióh, previamente preparada, podía acarrearle. anuda la vista de esta causa y previa la- sustitución de. uno de los jurados, que se ha puesto enfermo, se llama a declarar: al teniente de Asalto. D. Sancho Alvarez. Este, pertenecía a la compañía que. mandó el capitán Rojas y, por ello salió con. él pa; ra Cádiz el. día 10 de enero del año 1933. ün la estación dice que hablaron con el director de Seguridad, Sr. Menéndez, -á quien oyó decir perfectamente: que la represión había de ser enérgica pues no quería heridos ni prisioneros. Fiscal. ¿Pero lo dijo; así? Testigo. -Sí, señor. Habló, del movimiento revolucionario, de la situación de los pueblos y de la necesidad de sofocar inmediatamente aquello. Detalla la actuación de la tropa en pasas Viejas; las deteaciones. que- se practicaron entre los vecinos rebeldes, el ataque a la choza, de Seisdedos y la decisión de arrasarla tan pronto como se dio noticia del telegrama del ministro de la Gobernación, transmitido por conducto del- gobernador de Cádiz SOMBREROS MONTERA, fi El fiscal pregunta qué órdenes dio Rojas tan pronto como llegó a Casas Viejas y el testigo las va enumerando, distribución. de fuerzas, registros, detenciones, etc etc. F. -Cuando ya en poder de ustedes algunos de los vecinos, sé dirigían a la plaza, v se detuvieron ante la corraleta de SeisfledosT ¿QUIEREN USTEDES PENSAR UN MOMENTO EN LAS ÍÍÁBITACIOÑES DE SUS HIJITOS? El cuarto del niño es el rincón del hogar que debe preocupar rriás seriamente. LEAN USTEDES UN BELLÍSIMO ARTICULO DE ROMLEY SOBRE LA DECORACIÓN DE LOS CUARTOS DE LOS N I Ñ O S ILUSTRADQ CON FOTOGRAFÍAS, el próximo domingo, en T. -Sí, señor. Quiso el capitán queí. el grupo de detenidos contemplara este triste cuadro y dispuso que nos detuviéramos. F. ¿Qué más pasó? T. -Pues pasó que al recriminarles por su conducta, haciéndoles ver las consecuencias de su indisciplina, uno de aquellos hómr bres trató de agredir a nuestjo capitán. -En: tonces, Rojas sacó una pistola y disparó al aire dos tirp alr- mismo tiesnpoique daba la voz de. fuego. F. Pero fue ei capitán Rojas quien; la dio? Yo hube de contestar que me hallaba acostado cuando me preguntaron cierto día, a razón de determinada negativa. É eso pudo usted haber dicho al de- y T. A mí me parece que era quien lo ordenaba... verlo, no lo vi. F. ¿Pero usted, conocería la voz del capitán, porque... le habrá oíuo mandar en otras ocasiones? T. -Desde luego. A otras preguntas, manifiesta que con posterioridad, sé lamentó el capitán dé lo ocurrido, que no ha habido, dijo, modo de evitar, porque éstas eran las órdenes que traía de Madrid. El, acusador privado quiere saber- si- las