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A B C EN BERLÍN DEL PLEBISCITO la política exterior e interior del Gobierno? Luego, la candidatura para el Reichstag, ahora orientado en el sentido de Cuerpo consultivo. Lista única, integrada por miembros del partido y personalidades relevantes, de estatura nacional, aunque ajenas a la organización nazi. A esos nombres propuestos no cabe oponer otros. Pero el elector puede, si quiere, no votarlos. ¿Qué, así no hay lifbertad? Según. Mire usted: Hegel, que sabía! de esto, decía que donde no tíay límites n, o hay albedrío; definiendo eí concepto en dos vocablos: necesidad comprendida Porque- el movimiento hitleriano es necesidad y no capricho; íué Hitler, hace tiempo, llamado y elegido. Hoy se le llama más que nunca. En. todas las plazas, en todas las calles se pregona su nombre, que las guirnaldas cercan de requiebros. Son las fachadas ricas; los balcones burgueses; las chimeneas fabriles: las chavolas arrabaleras. Pendones en los mástiles de- los tranvías. Cruces en los postes. De ventana ai ventana, un vuelo de letreros. Horas de multitud bulliciosa; de ruido de altavoces; de fervor retórico y. poético. Las gentes, con paso ágil. Los carteles, dándole el alto, a los transeúntes. Carteles, a veces, conmovedores. Como aquel que dice: Venimos contra, el hambre y el frío. O el que demanda: Paz con honra e igualdad de derechos. O ese tercero, aun, que muestra un parado y dice sólo Sacrificio. Sacrificio, entusiasmo. Los Viva Hitler en todas las esquinas. Así elegían en Esparta, madre de héroes. Así, a gritos. EUGENIO MONTES Berlín, noviembre, 1933. Adolfo Hiíler, en un discurso de propaganda en la Prusia Oriental. Al pronto no se comprende bien por qué Adolfo Hitler organiza elecciones y acude a plebiscitos, como uno de esos, dcmócrata- s vulgares, para quienes sólo en las urnas se demuestra, de manera cristalina, el origen popular de los Poderes. No es ese- -ya se sabe- -el modo fascista, sino el opuesto. Aquel de nuestro primer camisa negra y hábito pardo, canciller del Imperio, gran duce de Alcalá, enseñando- -libro e moschetto- -ios cañones y la Biblia en su simple discurso de las armas y las letras. El demócrata- sí que tiene que demostrar, porque la democracia es puro sofisma y el sofisma es quien lo demuestra todo. Pero el místico, el místico no necesita demostrar nada, porque el suyo es un mundo de evidencias, de visiones, de actos de fe, de cosas que entran por los ojos. Como el árbol o la tierra, así el creyente se halla unido a la comunidad por lo más hondo. Todo en él es sentido común y entraña popular, de arriba a abajo. Vínculo religioso. Haz de dichas y penas. El. país- -el paisaje- -es su propia raíz; sostén a la vez que impulso. ¿Quién le pregunta al árbol si el terruño lo quiere? ¿Quién le pregunta al profeta si le sigue la patrir. A Hitler se lo preguntan, empero. Dudan algunos, al otro lado del Rhin, de que su voz resuma la de toda Alemania. No bastan los desfiles sin fatiga, el fervor espontáneo de cada minutó, el latir ele las banderas, corazón civil al viento. No les basta que la verdad entre hecha luz por los ojos, porque si el Señor se los ha. dado, la 4 escuela, en cambio, les dio prejuicios- Pal í 3 w í cn a prioris leguleyos se nublan la pupila, suscitó el canciller- -de caldo, dos tazas- -la doble y calurosa elección del domingo. Primero, el plebiscito. Sobre el verde de El pueblo alemán, en la votación del plebiscito y en las eleccio es al Reichstag, ha. pv. eslas papeletas estas palabras ¿Aprobáis la to de relieve su identificación con Hitler. Los mutilados de la guerra se ¡dirigen a emitir el sufragio por las valles de Berlín. Telefoto Ortis- Keystone. T i n i- rrri nirmrninrninirirr rir