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MADRID DÍA 4 DE 1 UNIO DE 1933. N. EXTRAORDINARIO 20 CENTS. m W ¿0 1 DIARIO 1 LUSTRADO. AÑO V GÉSI M O N O V E N O N. 9.380 SUSCRIPCIÓN: UN MES, 3 PTAS. PROVINCIAS: TRES MESES, 9. AMÉRICA Y PORTUGAL: TRES MESES, 10 PESETAS EXTRANJERO: TRES MESES, 25 PESETAS. REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN: SERRANO, 55, MADRID. APARTADO N. 43 DESPUÉS DE LA FIRMA DE LA LEY DE CONGREGACIONES RELIGIOSAS SU SANTIDAD EL PAPA REPRUEBA Y CONDENA EN UNA ENCÍCLICA TRASCENDENTAL LA PERSECUCIÓN CONTRA LA IGLESIA EN ESPAÑA El importante documento examina la legislación laicista del Estado español y señala la conducta a seguir por los católicos. Manifiesto délos diputados agrarios y vasconavarros. Renovación Española pide que Ja ley sea sometida al referéndum del Cuerpo electoral. Otras informaciones. La Iglesia ha respondido a la guerra sectaria y sañuda del nuevo régimen español con actos y palabras de paz, con el deseo de serenar y contener en lo posible a los perseguidores, de aminorar la injusticia de la persecución y de evitar el estallido de la más qrave discordia sobre un país que viene sufriendo en larga medida el estrago de los disturbios políticos y sociales. Los católicos españoles, que es decir los españoles en su inmensa mayoría, no podían ir más allá de los límites que a su acción señalaba la Iglesia ni responder de otro modo al agravio de sus sentimientos y a las provocaciones del sectarismo. No diremos que haya sido en vano un ejemplo de magnanimidad que colma la razón de los católicos y fortalece la posición de la Iglesia para la reivindicación de sus derechos, pero no ha servido para desarmar ni suavizar a los perseguidores, que con la última, ley promulgada en la Gaceta han consumado implacablemente su nefanda obra, sin omitir en ella ningún detalle de agresión y vejación. La actitud de tregua, que no ha evitado nada, no tiene ya objeto, y la Iglesia convoca al católico pueblo español a la defensa de su fe y de su, vida espiritual dándole normas precisas y razones de tal pesadumbre que para todo creyente y para todo hombre justo hacen caso de conciencia la prestación que se le pide. Es la voz augusta del Sumo Pontífice la que reprueba y condena la ley usurpadora, negación del derecho común, última y más grave ofensa, no sólo a la religi- ón, sino también a los decantados principios de la libertad civil, e inspirada, más que en la incomprensión de la fe católica, en el odio a Dios Es el Episcopado español el que se dirige a los católicos para que graben en su mentó) ia y en su corazón los atropellos que sufre la Iglesia en España y que expone v recapitula con abrumadora precisión el documento pastoral que ayer publicábamos íntegramente. Ningún católico podrá vivir en paz con su conciencia si abandona o descuida los deberes apremiantes y sencillos a que los llama la doctrina irrebatible y excelsa del Sumo Pontífice y del Episcopado español. dente expectación que la Iglesia ha impuesto hasta hoy a los católicos. Cuenta el sectarismo con la relajación del sentimiento religioso, con la molicie claudicante y egoísta que en otros órdenes ha permitido tantos acomodamientos. La suposición de tal desventura nos ofende más que todos los desmanes de la política revolucionaria. nación. Lo hemos hecho por medio de nuestro representante, cada vez que amenazaba el peligro de alguna nueva ley o medida lesiva de los sacrosantos derechos de Dios y de las almas. Ni hemos dejado de hacer llegar, aun públicamente, nuestra palabra paternal a los queridos hijos del clero y pueblo de España, para que supiesen que nuestro corazón estaba más cerca de ellos, en los momentos del dolor. Mas ahora no podemos menos de levantar de nuevo nuestra voz contra la ley, recientemente aprobada, referente a las Confesiones y Congregaciones religiosas, ya que ésta constituye una nueva y más grave ofensa, no sólo a la religión y a la Iglesia, sino también a los decantados principios de libertad civil, sobre los cuales declara basarse el nuevo régimen español. Ni se crea que Nuestra palabra esté inspirada en sentimientos de aversión contra ja nueva forma de Gobierno o contra otras innovaciones, puramente políticas, que recientemente han tenido lugar en España. Pues todos saben que la Iglesia católica, no estando bajo ningún respecto ligada a una forma de Gobierno más que a otra, con tal que queden a salvo los derechos de Dios y de la conciencia cristiana, no encuentra dificultad en avenirse con las diversas instituciones civiles, sean monárquicas o republicanas, aristocráticas o democráticas. Prueba manifiesta de ello son, para no citar sino hechos recientes, los numerosos Concordatos y acuerdos estipulados en estos últimos años y las relaciones diplomáticas que la Santa Sede ha entablado con diversos Estados, en los cuales, después de la última gran guerra, a Gobiernos monárquicos han substituido Gobiernos republicanos. Ni estas nuevas Repúblicas han tenido jamás que sufrir en sus instituciones, ni en sus justas aspiraciones a la grandeza y bienestar nacional, por efecto de sus amistosas relaciones con la Santa Sede, o por hallarse dispuestas a concluir con espíritu do mutua confianza, en las materias que interesan a la iglesia y al Estado, Convenios adaptados a las nue as condiciones de los tiempo Antes bien, podemos afirmar con toda certeza que los mismos listados han reportado notables ventajas de estos confiados acuerdos con la Iglesia; pues todos saben que no se opone dique más poderoso al desbordamiento del desorden social que la Iglesia, la cual, siendo educadora excelsa de los pueblos, ha sabido siempre unir en Encíclica de Su Santidad sobre la situación de la Iglesia en España Cómo se corresponde a la prudente actitud del pueblo creyente Del Santísimo Señor Nuestro Vio, por divina Providencia Papa XI, a los obispos, al Clero y a todo el pueblo de España, sobre la injusta situación creada a la Iglesia católica en España. A nuestros amados hijos cardenal Francisco Vidal y Barraquer, arzobispo de Tarragona; cardenal Eustaquio Ilundáin y Esteban, arzobispo de Sevilla, y a los otros venerables hermanos arzobispos y obispos, y a todo el Clero y pueblo de España, Pío PP. XI. Venerables hermanos y amados hijos: Salud y apostólica bendición. Siempre Nos fue sumamente cara la no ble nación española por sus insignes méritos para con la fe católica y la civilización cristiana, por la tradicional y ardentísima devoción a esta Santa Sede Apostólica y por sus grandes instituciones y obras de apostolado, pues ha sido madre fecunda de santos, de misioneros y de fundadores de ínclitas Ordenes religiosas, gloria y sostén de la Iglesia de Dios. Y precisamente porque la gloria de España está tan íntimamente unida con la religión católica, Nos sentimos doblemente apenados al presenciar las deplorables tentativas que, de un tiempo a esta parte, se están reiterando para arrancar a esta naa la fe tradicioEl Sr. A zana, caudillo de ht guara con- ción los Nos tan querida, con nacional rannal, más bellos títulos de tra la rchqión, atrevióse a decir desde el de? a. No hemos dejado de hacer presente banco azul que España había dejado de ser con frecuencia a los actuales sobornantes católica. No hay problema reiicjioso en lis- de España- -según nos dictaba Nuestro papaña- -vuelve a decir ahora- y dentro de unos meses nadie hablará de estas cosas. ternal corazón- -cuan falso era el camino no hiLos sectarios vieron arder conventos e iqle- que seguían, y de recordarles que másesprosus sias sin acertar a explicarse la quietud de riendo el alma del pueblo en como se confundos y caros sentimientos un pueblo paralizado por el estupor ante sigue aquella concordia de los espíritus que una inaudita crisis de autoridad, y tampoco es indispensable para la- ftro: peridad de una han sabido interpretar la conducta de pr. t-