Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MADRID DÍA 9 DE M A Y O D E 1933. NUMERO SUELTO 10 CENTS, jg g M g ILUSTRADO. AÑO V 1 GÉSI M O N O V ENO N. 9.357 íff SUSCRIPCIÓN: UN MES, 3 PTAS. PROVINCIAS: TRES MESES, 9. AMÉRICA Y PORTUGAL: TRES MESES, 10 PESETAS EXTRANJERO: TRES MESES, 25 PESETAS. REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN: SERRANO, 55, MADRID. APARTADO N. 43 MAS DE MIL REPRESENTANTES DE LAS FUERZAS VIVAS DE SEVILLA LLEGAN A MADRID EN DOS TRENES ESPECIALES, PARA PEDIR A LOS PODERES PÚBLICOS PROTECCIÓN EN LA ANGUSTIOSA SITUACIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL DE AQUELLA CIUDAD El recibimiento fue expresión de la solidaridad de las clases mercantiles de Madrid con los anhelos de los sevillanos. Los comisionados empezaron ayer sus gestiones. En la Casa de Prensa Española, Hoy serán recibidos por los jefes del Estado y del Gobierno. Dos trenes especiales, cada uno de ellos con dobles unidades que un tren ordinario, ocupaban enteramente los enviados de las fuerzas vivas de Sevilla que ayer llegaron a Madrid. A ese contingente se han de sumar los que vinieron en el expreso y en numerosos automóviles. Son mil quinientos ciudadanos que envían todas las esferas de la producción, para decir a los Poderes públicos Sevilla, bajo el imperio del terrorismo, zíctima de continuos crímenes y disturbios, desamparada de autoridad eficaz, herida en la entraña de sus medios vitales, indefensa en su dolor, se asfixia y se arruina; su industria, su comercio su agricultura, amenazados por la cesación forzosa? están en camino de perecer; su exportación, cohibida y perturbada, es una fuente que se ciega por la imposibilidad de restaurarla a un periodo de normalidad. Si el Gobierno no pone, con energía y presteza, recursos que restablezcan el orden y garanticen las vidas y el sosiego público, la cronicidad del mal proseguirá el estrago con progresión galopante, y Sevilla se hundirá en la miseria. No podrá decirse que la autenticidad de Za representación se adultera con estímulos ni matices ajenos a la pesadumbre del conflicto, ni que se mueva la demanda por impaciencias o apremios que no justifique la realidad. Sevilla ha prodigado su paciente resistencia durante muchos meses; no ha hecho f ¡gateo de energía y de reacción, con lucha abierta y constante para mantener en pie stis centros y núcleos productivos, todo el aliento propio y vigoroso de su vida diaria. Las decepciones reiteradas, la quiebra de sus anhelos y de sus esperanzas en una acción provechosa, apropiada y sostenida por parte del Poder público, no entibiaban los esfuerzos de resistencia porque éstos se alimentaban en el amor a Sevilla, en- un estímulo defensivo, que era, a la vez, latido patriótico y ansia de vida. Pero todo ese esfuerzo, que se traduce en puro sacrificio, es ya estéril frente a la impunidad con que se teje la persistencia de todo género de coacciones, de sabotage y de atentados. Sevilla, durante veinte años, con magnas propulsiones, que han sido ¡a admiración de España, logró situarse en una primera línea de progreso, que culminó en los esplendores de su magnífico Certamen hispanoamericano. No era ya sólo la perla del Guadalquivir, que se definía por sus bellezas insuperables y por el influjo sugestivo de su ambiente tífico; era también un nuevo emporio de la riqueza de España, calificado por la creciente multiplicidad de sus productos industriales, por el surgimiento asombroso de nuevos elementos, por la vena pictórica de su puerto, cuyo próspero avance para el intercambio mundial se acercaba en un futuro ya visible en el horizonte... El lógico colapso que sucede irremediablemente a una Exposición del coste y de la categoría qtie mereció la sevillana había producido su efecto mecánico. No era, con todo, profunda ni de largas consecuencias la depresión; Sevilla hace tres años vibraba nuevamente en el tráfago, con nuevas y robustas creaciones, y su- existencia, laboriosa y fecunda tendía rápidamente a rehacerse con espléndida plenitud. Iba cediendo la languidez del comercio; el enervamiento de algunas fábricas se tonificaba paulatinamente, y el paro obrero se limitaba a proporciones que hacían factible una pronta solución. Pero ese camino de restablecimiento se corta súbitamente a partir del verano de 1931. Al amparo de la tolerancia y aun de la ayuda desde las esferas oficiales, los elementos extremistas, apoderándose de los Sindicatos y Sociedades obreras, desencadenan su ira desenfrenada, destructora y aciaga. Sobrevienen las huelgas revolucionarias, sin objetivo leal y concreto. En pugna comunistas y sindicalistas, lievan su rivalidad al ciego estímulo de ver quién causa daño mayor. El prestigio de la autoridad se quebranta y anula. Queda relajado todo laso de posible armonía. La intervención de gobernadores y de Jugados es escarnecida, porque apenas firmadas unas bases se- rechazan e incumplen, promoviéndose nuevos choques. El paro fabril se prolonga semanas y semanas, sin que la autoridad consiga reducir a los terroristas ni proteger de manera efectiva la libertad de trabajo. Los atentados se suceden, las coacciones se producen insistentes y descaradas; la clase patronal se ve acosada, por la amenaza de muerte, y los explosivos, sembrando el pánico a diario, completan el programa terrorífico para amedrentar y encoger a la población. No hay modo de organizar y mantener jornadas reculares, ni aun en los servicios que, como los de embarque, merecen la consideración de públicos. Y para otros públicos, y de primera necesidad, se apela por los perturbadores a los procedimientos coactivos que en estos witmes días aún pueden comprobarse. Llega un instante en que lo excepcional y casi milagroso es poder trabajar... La triste realidad de Sevilla no puede ser indiferente a España. Ni puede subsistir con la fría indolencia de los Poderes públicos, que limitan su inspiración y su iniciativa al cambio de gobernadores, sin compulsar desde el primer momento el acierto d desacierto de sus métodos y de las medidas de su albedrío. Limitarse a contemplar, el siniestro, en espera de que se atenúen pleitos aislados, o de que remitan otros con- flictos por desgaste y cansancio, no es un sistema de gobierno ni un modo adecuado de cumplir los deberes de tutela y de protección para las poblaciones que quieren ejercitar su derecho de entregarse a la, labor. La situación de Sevilla es de tan aguda gravedad, que no admite remedios dilatorios ni fianzas de vanos optimismos. Desde aquí, desde Madrid, como desde cualquier otro punto de España, no podemos ver toda la amplitud y profundidad del trastorno, tan sólo contorneado por la información de conjunto. Pero la referencia de cuantas personas pasan por Sevilla- -aunque sólo permanezcan allí horas contadas- nos instruye, con pormenores y episodios, de toda la triste verdad. La reflejaba sobriamente, pero con suficiente resalte, el documento recentísimo de la Federación Económica de Andalucía, que reprodujimos y comentamos. El Gobierno pudo enterarse por esa exposición de las dimensiones y del alcance del problema; si es que lo necesitaba, porque cumplía a su deber no desconocerlo. Aquél escrito no obtuvo el eco inmediato que merecía. Nada se ha adelantado. Más bien diríase que se acentúa el empeoramiento. La representación que viene ahora es un testimonio vivo e irrecusable de ello. Su vos es el clamor de Sevilla en masa, de toda la Sevilla que pende de los recursos de la producción y que clanm por su derecho a la vida. Madrid no es insensible a ese llamamiento. Lo atestigua la acogida fraternal y cordialísima en el Círculo Mercantil y en todos los centros donde el trabajo está personificado. Hoy llegará esa voz, articulada sobre hechos indubitables y razonamientos incontrovertibles, no sólo al Gobierno, también al jefe del Estado. Del Estado, que no puede desoírla, aue no puede, ni debe, prolongar ni ha de consentir pasividades y abandonos, aunque se encubran con fingidas diligencias y con malogradas habilidades. El problema no es de métodos y destrezas superficiales. Precisa el atacarlo a fondo, cotí procedimientos resolutivos que no son únicamente los de represión, sino de prevenciones reflexivas y sólidamente trabadas. Sevilla no puede continuar así ni una semana más. Hay que remover personas y hay que variar conductas, para que renazca Ui tranquilidad, y con la tranquilidad el orden;