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ABC. JUEVES 15 DE DICIEMBRE DE 1932. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. teoría muy acorde com la originalidad pcra dójica de D. Miguel de Unamuno? La de una gran pieda d, de un infinito amor fraterno por todos los hombres. No qncranios, no intentemos penetrar en el misterio de la vida. El autor, resume la moral de su obra en estas bellas pa labras, que transcribo y pone en boca de la nodriza- -luz entre aquellas brumas- -que arciamantó a los mellizos con maternal cuidado, sin diferenciar al bueno del malo, al verdugo de su víctima, con el mismo amon y ternura: ¿El misterio? El misterio es la fatalidad... el destino... ¿Para qué aclararlo? ¿Es que, si conociéramos nuestlo destino, nuestro porvenir, el día segure de nuestra muerte, podríamos vivir? La incertidumbre de nuestra hora suprema nos deja vivir; el secreto de nuestro destino, de nuestra personalidad verdadera, nos deja soñar... Soñemos, pues, más sin buscarle solución al sueño. Los dos grandes secretos son la locura y la muerte. El unánime y fervoroso asenso del senado se tradujo en reiterados y cálidos aplausos al autor, que al finalizar las jornadas los recogió desdíe el proscenio. A. ñdo el interés, despierta la atención, fue seguida la obra, digna de la recia mentalidad de quien ha creado tantas páginas maestras, por el auditorio, que, no sólo apreció en ella la serena visión de su artística belleza, sino su teatralidad, requisito que se le ha regateado siempre a Unamuno por aquellos demasiado apegados a las viejas fórmulas del teatro. Si el éxito de la obra fue rotundo, no le fue a la zaga el conquistado por los intérpretes. Difícil, dificilísimo el papel de Borras, tuvo en el gran actor un encaje perfecto, una realización completa. Las inquietudes, las cavilosidades, las ausencias de alma, las crisis y metamorfosis que se operan en el debatido ánimo del protagonista, hallaron en Enrique Borras actitud, gesto y expresión de una magnífica elocuencia. Margarita Xirgu infundió a su personaje humano aliento, pasión y brío; el orgullo de su maternidad triunfadora, entre los resplandores de un amor sensual. Laura Bori, actriz de positivo mérito, lealzó con su belleza y su arte la figura de su mismo nombre en el reparto. Amaha Sánchez Ariño, Aguirre y Contreras compusieron con gran acierto sus papeles. -F, TEATROS, CINEMATÓGRAFOS Y CONCIERTOS EN ESPAÑA Y EM EL EXTRANÍERO Informaciones teatrales. El otro Informaciones musicales. Guía del espectador. Cartelera madrileña. Informaciones y noticias teatrales En Madrid J NII M W- -I II I Español: E! otro Del ingente bloque de la tragedia clásica parece desprendida y labrada, por la elevación y dignidad de su pensamiento y de su forma, la nueva obra de D. Miguel de Unamuno. Su estética y tecnicismo se acompasan en ella al concepto filosófico, que de las ideas, de las pasiones o sentimientos se refleían en las novelas, en los ensayos y en sus dramas, musculosos, desnudos éstos de galas y arrequives superítaos, pero profundos siempre por lo enjundioso del discurso. Si el teatro es síntesis, o debe serlo, El otro, por su esquemática construcción, bien puede tomarse como ejemplo y, en cuanto al lenguaje, éste se caracteriza por su precisión y diafanidad para esclarecer las denfaas sombras que envuelven el misterio que se nos presenta en el ambiente opresor y angustioso en que viven los cuitados personajes. Basado en las normas clásicas, pudiera decirse, como del Edipo, que la conciencia tiene aquí categoría de protagonista. Todo gira a sus impulsos, y con fuerzas contradictorias, en una especie de desdoblamiento de lo consciente y de lo subconsciente, que se contrasta en su dualismo con intensa energía vital. Don Miguel de Unamuno nos muestra estos combates del espíritu en una desesperada lucha, que llega a trasponer las fronteras ele la razón, confundidos la realidad y el delirio, en el alucinado personaje que es centro de la obra y encarnación humana del mito de Caín y Abel, en que ha fundado su obra D, Miguel de Unamuno. El mismo rencor fratricida separa aquí a dos hermanos mellizos, Cosme y Damián, como los de la comedia de Plauto, de tan asombroso parecido, que se hace casi imposible su identificación. Este odio, que fermenta en sus pechps inflamados de amor por una misma mujer, cuya preferencia se disputan y codician, aviva sus infernales furias y los empuja a la mortal contienda, en la que, por imperiosa ley del más fuerte, éste, como Caín, mata a su hermano. Era fatal que así acaeciese. Si el uno no mata al otro, el otro mata al uno. Víctima de sí mismo y víctima del otro, la acusadora voz del remordimiento se alza clamante contra él. Los espejos reproducen la imagen del mellizo, y no la suya, cuando, espantado, desorbitada la razón, se mira en ellos. Su terrible monólogo comienza entonces; su extravío mental y el peso de su culpa le sumen en la inacabable noche expiatoria de la duda, de desconocerse a sí propio y de sentirse el otro, que tomara su misma hechura corporal. He aquí el misterio indescifrable. ¿Quién mató a quién? Ni Damiana, la esposa del muerto; ni Laura, que casó con el atormentado protagonista, pueden esclarecerlo. Cada una entiende que es el suyo, y lo reclama para sí; pero en tal pugna y forcejeo, más que el amor, se dibuja en ellas la compasión, y también el incentivo de la curiosidad liviana, que abre sus puertas al pecado, al deseo de poseer al que no es, engañándole con el otro. El suicidio del protagonista enreda más aún este insoluble pleito, que a la postre se pronuncia en favor de Damiana, que en su estado de gravidez invoca el sacrosanto derecho de la maternidad, razón suprema de la vida. ¿Qué lección, pues, aprovecha el espectador de esta tragedia, donde se dignifica la figura de Caín contra toda ley divina y humana, y se execra la de su hermano Abel, ARACELI SÁNCHEZ AKlSOj MARG RITV XIPGC, ENRIQUE EORRAS Y RICARDO CONTRDRAS, P R I I N C I P A L E S INTERPRETES DE EL OTRO ESTRENADA ANOCHE EN EL TEATKO ESPAKOIi