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MADRID PÍA 30 DE NOVBRE D 1932 JO CENTS. DIARIO ILUSTRADO. AÑO VIGÉ SIMOCTAVO N. 9.220 ÍS jf IB SUSCRIPCIÓN: UN MES, 3 PTAS. PROVINCIAS: TRES MESES, 9. AMÉRICA Y PORTUGAL TRES MESES, 10 PESETAS EXTRANJERO: TRES MESES, 25 PESETAS. REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN: SERRANO, 55, MADRID. APARTADO N. 43 LA SUSPENSIÓN DE ABC La suspensión gubernativa de A B C ha durado nada menos que tres meses y medio, ¡quince semanas! Ni en los tiempos de Calomarde, ni en los de Narváez, ni en los de Primo de Rivera; durante todos los Gobiernos de seis reinados y de dos Repúblicas se aplicó jamás a un periódico una sanción gubernativa tan dura sin justificación legal. No hablemos- de la Constitución, que prohibe la suspensión de periódicos si no es por sentencia firme de Tribunal competente: nuestro caso no puede justificarse ni siquiera con la ley de Defensa de la Re pública, que faculta al ministro de la Gobernación para suspender los periódicos por un determinado tiempo, que debe fijar al acordar la sanción, y que determina las causas o motivos en virtud de los cuales puede ser impuesta. A nosotros no se nos ha comunicado jamás por qué se nos imponía este castigo, excepcional en España. Más de cien periódicos suspendidos al mismo tiempo que el nuestro, al ir reapareciendo, han protestado enérgicamente de la arbitrariedad, más prolongada en nuestro caso, con que el Gobierno ha querido castigar no sabemos qué imaginarios delitos. A todos esos queridos colegas y a otros que no fueron suspendidos nuestra grati- LA SUBLEVACIÓN Y tud más efusiva y cordial. SUS DERIVACIONES Séanos permitido nombrar únicamente a Los que quieran conocer nuestra invarialos de Madrid, para no caer en alguna omi- ble opinión, con Monarquía o con República, sión involuntaria: La Nación, hiforv- vacio- sobre los golpes de Estado, conspiraciones y fies. El Siglo Futuro. El Débale, Diario sublevaciones militares, la encontrarán en Universal, El Im parcial, La Época y El artículos de A B C de septiembre de 1923, Tiempo han publicado a diario artículos, diciembre de 1930 v, últimamente, en un edisueltos y caricaturas, rivalizando en una torial, publicado semanas antes de nuestra nobilísima campaña, que cuantos escribirnos suspensión, en el que nos declarábamos eneen A B C no olvidaremos nunca. Quede migos del posible movimiento de que tanto consignado, también, nuestro profundo agra- se hablaba y que, al fin, estalló en la madrudecimiento hacia un diario madrileño de gada del 10 ele agosto. Sin embargo, y por ideas republicanas, que, sin necesidad de curiosa paradoja, hemos sido nosotros de abdicar de ellas, sino, por el contrario, man- los más perjudicados, en formas diversas, teniendo el mismo criterio eme sustentó siem- con las consecuencias de la sublevación. Mas pre sebre la libertad de Prcnra, ha sab- do después del fracaso, que ha costado vidas en defenderla ahoia como en otras ocasiones. flor y destruido la paz y el bienestar de inLa Libertad ha hecho honor a su nombre. numerables familias, no sería noble comen. De los oíros periódicos de izquierdas pre- tar con argumentos de convicciones ya púferiríamos no hablar. Nos han dado una blicamente enunciadas, y menos de daños magnífica ección de... comodidad. Ninguno sufridos. A B C se inclina, respetuoso y dolido, ha dicho, natu almentc. que era contrario ante los que murieron en la refriega y ante a la libertad de imprenta. Estos periódico: intentando defender lo aquellos otros que, no pudiendo ambicionar ni laureles indefendible de su posición, han afirmado posición una existenciaya conquistados, desdedicada a la que los periódicos suspendidos no preten- pués de sirvieron lealmente, dando Patria, díamos libertad de Prensa, sino impunidad a la que su sangre por España, lo numesacripara nuestras campañas de oposición al Po- rosas veces en un dia, influidos por el egoísder constituido. Contra este argumento ha- ficaron todo bilidoso tenernos qu: declarar una vez más mo de muchos elementos que, no sabiendo cumplir los deberes ciudadanos que les imnuestro criterio clara y reiteradamente ex- ponen sus ideas, lo esperaban todo de una puesto: jamás hemos pretendido nuestra im- violencia suicida, suponiendo en su desidia punidad, ni cur. ndo, durante la Monarquía, que había de ser ajena a sus intereses y a su defendimos a esos periódicos deseábamos la comodidad de espectadores. La lección ha de ellos. Queremos unas leyes que definan sido dura y, nos atrevemos a esperarlo, será los c e iíos. y unos Tribunales de justicia que provechosa. los castiguen, señalando Jas sanciones, la Que lleguen estas líneas, como expresión au. ntía th las i íull. is, las penalidades de los de nuestro sentimiento, a los tristes hogaresponsables del delito y la duración de la res donde definitiva o transitoriamente íalsuspensiones. Nuestro constante criterio de ta un hombre. Y lleguen también, con el máxima libertad y máxima responsabilidad respeto que en teda conciencia honrada y no puede consentir sin la más enérgica pro- española debe merecer una figura y ura testa que la vida de los periódicos esté pen- I historia gloriosas, hasta la pobre celda de diente de sectarismos, vengan- s o pasiones. un rincón de España donde cumple la conEsos periódicos republicanos, que con su 1 dena que la ley le impone el recluso José actitud dicen defender a la República, van 1 Sanjurjo vJ contra ella, porque su nueva, manera de pensar en muchos asuntos está en patente contradicción con lo que antes decían era esencia del régimen nuevo. Pedimos normas claras y terminantes para poder vivir. Si es un delito no pensar como el Gobierno, y no rendirse incondicionalmente al fervor ministerial, que se nos diga. Si la critica razonada de los actos de un Gobierno se considera ahora delictiva en España, que se señalen en una ley aquellos asuntos de los que se quiera prohibir traten los periódicos, y nosotros la acataremos, nos parezca buena o mala, como hemos acatado la de Defensa de la República. El Gobierno, éste o cualquier otro, hace muy bien en imponer la ley. Es su derecho v su deber. Lo inadmisible está en que, mientras obliga que los ciudadanos la cumplan, sea el mismo Gobierno el primero que la infringe. Allá él. A B C la ha cumplido y la cumplirá siempre. Nuestras ideas son cada día más firmes, y continuaremos nuestro camino serenamente, sin ánimos de venganza ni bajas pasiones personales por el incalificable atropello de que se nos ha hecho víctimas, porque A B C no es un libelo, pero también sin temores ni sobresaltos para mantener en cada caso la firmeza de nuestro criterio hasta donde la ley nos autorice. LEYES DE EXCEPCIÓN No se puede anular, ni substituir, ni alterar ningún precepto de la Constitución smo por las normas que para revisarla establece la misma Constitución. Tampoco se puede privar de las g arantías constitucionaJes a los ciudadanos sino por los procedimientos que la propia ley exige. Ante la sedición ce agosto el Gobierno hizo tabla rasa de todas las garantías cuando no le bastó la ley de Deíensa, pero sin cumplir; los requisitos de la suspensión por los inconvenientes que alguno le ofreciera. Sabe ya el país en qué condiciones de arbitrariedad y ensañamiento fue suprimida la Prensa de oposición y cómo se multiplicaron en Madrid y en provincias las prisiones gubernativas ilimitadas. Estas irregularidades, al fin transitorias y circunscritas a la gestión ministerial, no son las que más nos han escandalizado. Lo más grave ha sido llevar a la Gaceta derogaciones y alteraciones permanentes de la Constitución, añadir a las leyes de excepción y represalia contra los adversarios del régimen otras de igual índole, pero además francamente anticonstitucionales. Se üa votado una para privar de sus tierras, sm conceder indemnización, a determinada clase de propietarios que por prueba judical o de cualquier modo resulten coadyuvantes, favorecedores o simpatizantesde la sedición militar. Esto es inventar una pena para hechos que en la legislación preestablecida tienen otra o no tienen ninguna, según cómo y dónde los busque el Gobierno. La Constitución prohibe terminantemente la retroactividad de las leyes penales. Sólo se castigarán los hechos punibles por ley anterior a su perpetración. (Artícu o 2 b Pero además prohibe en absoluto que se incluya la confiscación en las leyes penales. En ningún caso se impondrá la pena de confiscación de bienes. (Artículo 44. Se ha pretendido encubrir la inconstitucionalidad de esta ley con un artículo de la Constitución, que permite las expropiaciones forzosas y gratuitas v; por; utilidad pública pero la ley que comentamos establece uaa relación declarada entre la expropiación y la culpabilidad del propietario, y una finalidad explícita de castigo. El Gobierno, al presentar el proyecto, manifestó que antes del 10 de agosto no pensaba proponer ni realizar estas expropiaciones y que su iniciativa obedece a la insumisión y a la ingratitud de los grandes terratenientes. Incluyóse después en la Reforma agraria una base análoga a la ley, referida, pero de más extensión, para desposeer de sus bienes rústicas a la extinguida nobleza. Otra lej- votada también con entusiasmo y prontitud, autoriza la destitución fulminante de los funcionarios desafectos. Otras leyes y decretos complementarios tienden a reorganizar las carreras diplomática y judicial, purificar ios escalafones y republicanizar la Administración. Así se ha dicho en los debates: purificar y republicanizar. Lo que se finge corregir es precisamente lo que se quiere asegurar: la parcialidad política del funcionario. No se podrá molestar ni perseguir a ningún funcionario público por sus opiniones políticas, sociales o religiosas esto d cc la Constitución, y a esto se arguye que no a nada contra la conciencia, contra el albedrío ni contra la opinión política de nadie; que sólo se trata de impedir BfS ligen s ¿incjJmpljrnientos, resisten- J