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MADRID DÍA 15 DE ¡U N I O DE 1932 NUMERO SUELTO 10 CENTS. g g m W l DIARIO- ILUSTRA- DO A Ñ O V I G ÉS 1 M O C TA V O N. 9.171 SUSCRIPCIÓN: UN MES, 3 PT AS. PROVINCIAS: TRES MESES, 9. AMÉRICA Y PORTUGAL: TRES MESES, 10 PESETAS EXTRANJERO: TRES MESES, 25 PESETAS. REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN; SERRANO, 55, MADRID. APARTADO N, 43 EL DEBATE SOBRE LAS DENUNCIAS DEL SEÑOR GIL ROBLES DERIVA EN UNA VOTACIÓN DE CONFIANZA AL GOBIERNO, PEDIDA POR EL SR. AZAÑA El Sr. Lerroux. vota con la mayotia En la sesión secreta del miércoles quedó absolutamente, probado y confirmado que el Sr. March, el perseguido, es el hombre que había negado su dinero a la revolución y se le acusa por hechos notorios anteriores a la demanda de su dinero. Quedaron sin réplica, evidentes y abrumadoras, algunas revelaciones acerca de la forma, de los procedimientos y recursos empleados en la persecución, sobre iodo la gestión tenacísima y chocante del Sr. Galarza como fiscal de laRepública, como director de Seguridad y como vocal de la Comisión de Responsabilidades en pos del Sr. March. Todo esto, cosa juzgada, con sentencia firme por el tribunal de la opinión pública. Sobre esto 4 no había que volver, ni se ha vuelto, ni ¡o podía cambiar, ni lo lia cambiado la sesión de ayer. Pendiente de examen y juicio para (la sesión de ayer quedó un asunto incidental, pero gravísimo, de la sesión secreta, lil suplicatorio contra el Sr: Calvo Sotclo era un pie forzado en el. proceso del Sr. March. Contra el Sr. March no se podía ir sin complicar en el proceso al ministro- que le adjudicó el monopolio. Y el defensor del señor Calvo Sotelo, después de juistificar la gestión acertada y honesta de su defendido, pasó, a la ofensiva con un argumento enorme. Si el monopolio que firmó el señor Calvo Sotelo es justiciable, ¿qué habría que hacer con el monopolio concedido por los dos ministros de Hacienda de la Repúblicaf El Sr. Gil Robles mantuvo, amplió y razonó en el debate de ayer sus gravísimas denuncias de la sesión secreta, y en pie lian quedado, sin réplica eficaz y sin refutación. El Sr. Prieto, defendiéndose con un habilísimo discurso de contraataque, presentando un manjar sabroso al apetito de la mayoría con urf semblanza siniestra del señor March, se desentendió de los cargos que debía recoger y sólo se detuvo en algún detalie para dar explicaciones qne no afectan al fondo de la cuestión, a las irregularidades denunciadas. Nuestro juicio sobre el asunto es el que se le escapó al Sr. Sánchez Román. Este gran jurista, interviniendo con ingenuidad, un poco a lo Camprodón, y tirando el sentido jurídico a la escupidera, colocó ios puntos sobre las íes. Cuestión de legalidad? ¡Qué tapiería! En el caso del Sr. March, como en todos, la República tiene que hacer lo contrario que la- Monarquía. Lo que hizo el Sr. Prieto es lo que había que hacer, fuese como fuese, de cualquier manera. Desenfado, desahogo, arbitrariedad, para deshacer y substituir de cualquier manera uwr monopolio y desalojar a un. ene- migo que pudo, si lo. hubiera deseado, ser amigo y acreedor de la República. Esto es lo que hay en el asunto; cosa venial para el criterio ambiente. Insistió el Sr. Gil Robles en sus cargos y razonamientos, y como- quedaban sin respuesta, endosó las denuncias a la iniciativa de las Cortes. Allá las Cortes, a desentenderse o- a proveer. El Sr. Prieto respondió dignamente: quería que se le fiscalizase; aceptaba el trámite de una- Comisión depuradora y. aq i vino la parte trascendental y lamentable de la jornada. El presidente del Consejo interpuso la cuestión de Gabinete. El acuerdo de fiscalizar y depurar las denuncias sería la crisis total. Fue- un gran error, porque el acuerdo, aceptado y aún solicitado por el ministro, y votado por una mayoría incondicional, no sólo no prejuzgaba la gestión del Gobierno, sino que más bien significaba una actitud airosa y un convencimiento absolutorio. La intempestiva cuestión de confianza tiene otras interpretaciones. Pero el error más grave fue del señor Lerroux. El Sr. Azaña hacía del chitan sobre las denuncias sólo una uestión de Gobierno. El Sr. Lerroux, una cuestión de régimen. Declaraba en peligro la República por la depuración de las irregularidades. No es cosa de llorarlo. gos del presidente de la Cámara, iniciaría él el debate en, forma de interpelación. A todo esto, y en rápida gradación, se iba caldeando el ambiente en la Cámara. En el momento de levantarse el Sr. Gil Robles para hacer su discurso, los pasillos se despoblaron, y la atención estuvo concentrada en el salón de sesiones durante las cuatro horas y media que duró el debate. Juicios, comentarios y actitudes después de ¡a votación de confianza a! Gobierno En otro lugar, y en amplio extracto, relatamos lo acontecido en el salón de sesiones. Concluido el debate, hubo gran nervosis; dad entre los diputados, que en avalancha salían del hemiciclo. Se comentaban los iíiicklerites de la discusión en forma, acalorada, según el temperamento y la situación política de los opinantes. Júbilo ministerial Los diputados ministeriales se mostraban satisfechísimos del triunfo qué, a su entender, habían alcanzado los Sres. Prieto, Cár ner y Azaña. Decían que las acusaciones del Sr. Gil Robles habían sido pulverizadas por los ministros de Hacienda y Óbrás públicas, y alababan la táctica política del presidente del. Consejo, al no consentir que se nombrara una Comisión depuradora, pues entonces los ministros señalados hubieran quedado, días y días, bajo el peso de una acusación; y al pedir, además, el voto de confianza a la Cámara. Decían también, sin duda poco duches en las lides parlamentarias, que era preciso sancionar la conducta del Sr. Gil Robles con un acuerdo de la Cámara. Antes de la sesión Durante la sesión de ruegos y preguntas, en la tarde, de. ayer, los pasillos de la Cámara se hallaban animadísimos. Se preveía entre los diputados, un debate apasionado y apasionante alrededor de la interpelación para dnr estado parlamentario a las denuncias formuladas por el Sr. Gil Robles en. la sesión secreta del jueves anterior. Socialistas, radicales- socialistas y azañistas descontaban el triunfo qué- habría de conseguir el señor Prieto al contestar las acusaciones; los radicales se mostraban reservados y esperaban el desarrollo de los acontecimientos, si bien entendían que el asunto, por su importancia, necesitaba de todos los esclarecimientos y los agrarios, amigos y correligionarios del Sr. Gil Robles, tenían el temor de que, fueran las que fuesen las incidencias de la discusión, ésta terminase con una votación de, confianza al Gobierno. Al llegar el Sr. Prieto a la Cámara fue rodeado por numerosos diputados y periodistas. Dijo ante ellos que había visitado al Sr. Besteiro para saber en qué momento, pensaba situar la interpelación acerca del monopolio de tabacos en las plazas de so- beranía de Marruecos. -Yo. le he rogado- -añadió el ministro- -que dé al debate la máxima amplitud, 1 pues deseo que hablen todos los que lo soliciten sin cortapisas de ninguna clase. Luego me. limitaré yo a hacer una defensa escueta y breve. Momentos después, D. Miguel Maura, a quien se suponía. en el propósito de defender la proposición incidental, manifestó a los informadores que había desistido de ello. Deseaba conocer nuevos datos, que el señor Gil Robles pensaba aportar al debate, y por eso creía más conveniente que r, u intervención f. e aplazara hasta conocer lo que el diputado agrario dijese. Hizo suponer esto a los informadores que estaba convenido ya que el Sr. Gil Robles explanara su interpelación, con el fin de reproducir las denuncias que hiciera en la íesión secreta. Así era, en efecto. El señor. Gil Robles dijo a los periodistas que, a. rué- La actitud de! Sr Lerroux sa 5 vax al Gobierno de un momento difícil Los radicales aplaudieron al Sr. Lerroux cuando éste apareció en los pasillos. Decían que D. Alejandro había saldado con su generosidad- un momento dificilísimo del Gobierno y añadían que, sobre todas las amarguras inflingidas a su jefe por los actúales gobernantes, estaba el grande y sincero amor que aquél tenía al régimen republicano. Uno de los radicales de mayor significación agregaba que la actitud del señor Lerroux era obligada en los momentos actuales, de peligro evidente; pero que era mal camino el de confundir al Gobierno con. la. República, pues de ese modo se. imposibilitaría siempre cualquier labor fiscalizadora de los grupos republicanos de oposición. Los agrarios dicen que Jas denuncias están en pie Los diputados agrarios elogiaban sin reservas el discurso del Sr. Gil Robles, de enorn e fuerza dialéctica, y su rectificación, espontánea y gallarda. Decían que ni tu- o sólo de los argumentos empleado: p ór el. Sr. Gil Robles había sido contestado de. de el banco azul. Aseguraban que el mismo Sr. Prieto había reconocido las, infracciones habidas, en todo el trámite de la gestión directa y del concurso, y que el éxito ílel Sr. Prieto se debió, rio a- la refutación de las denuncias de orden legal íor-