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Vida madrileña. EL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE ECHEGARAYÍ- -Para conmemorarlo se celebró ayer en la Escuela Especial de Ingenieros de Caminos una sesión solemne. Ocuparon la presidencia el ministro de Instrucción pública, el director de la Escuela, Sr. Machimbarrena, y el director general de Enseñanza técnica, Sr. Cebada. (Foto Días Casariego. afirmar es que en la inmensa mayoría de los labios que el año pasado por estas fechas vociferaban su júbilo con vivas diversos, estentóreos y pintorescos se han helado los gritos de entusiasmo, y ahora sólo se escucha en aquellos mismos labios la frase monótona y pesimista de Nos han engañado... ¿Quiénes a quién? Mediten los hombres de la revolución, que son poco más o menos los mismos que ocupan el Poder, si ese lamento va con ellos y si es justificado o no. Hagan examen de conciencia y vean si es que el apetito del triunfo les hizo excederse en sus promesas q que la realidad de la vida pública les ha obligado a quedarse cortos en sus actos. Hagan investigaciones filosóficas sobre la impaciencia de las masas, que no consigue calmar una semana de festejos variados después de un año de medidas de gobierno que no se tomaron ciertamente para atraerse a los de la acera de enfrente. Nosotros esperamos con la conciencia tranquila. Doblemente tranquila. Porque somos de los que ni prometimos nada, ni nos dejamos engañar, como algunos incautos, por aquellas promesas, ni aun viniendo avaladas por los que, al llegar la hora del pago, tuvieron la suerte de poderse declarar insolventes sin más castigo que el de la indiferencia pública. HONORIO MAURA EL SENTIDO. DE NUESTRA REVOLUCIÓN Leyendo el comentario optimista del doctor Marañón en El Sol para el primer aniversario de la República- hecho consumado, fuera de controversias, engranado definitivamente en la estructura de la Historia recordábamos una carta de Castelar a D. Adolfo Calzado, escrita el 24 de diciembre de 1 S 74. Cánovas- -dice Castelar a Calzado- -Conoce que está en ridiculo. La candidatura Montpensier es una ridiculez que han echado a volar los duques de la Torre para dividir más las fuerzas alfonsinas. La guerra en el Centro muy bien, y muy mal en el Norte. Serrano, perdido por haberse marchado sin medir la posibilidad de hacer alguna cosa. Pero así como D. Carlos no podría venir, aunque todo el país lo aclamara, aunque todo el país se fruslera en contra, no perecerá la República. Debía tardar entonces una carta con las dificultades de la guerra civil de Madrid a París, residencia de Calzado, lo menos tres o cuatro días. Casi, pues, el banquero republicano habrá recibido las noticias de su glorioso corresponsal cuando los periódicos le anunciaban que el 29 de aquel mismo mes el general Martínez Campos en Sagunto había proclamado a D. Alfonso XII... Lo decimos, aunque ciertamente ninguna semejanza literal haya entre los dos momentos, porque conviene reducir las grandes afirmaciones políticas a un discreto valor y relacionarlas con la especial función de sus autores. Así en el caso del doctor Marañón el optimismo nos parece explicable. Ai doctor Marañón y a la selección intelectual que con él operó los últimos tiempos de la Monarquía corresponde buena parte de responsabilidad por la caída de aquel régimen. Oligarquía brillante, bien servida por todos los medios de resonancia, sin verdaderas hostilidades enfrente, su labor fue decisiva y desembarazada, operaba este grupo con la pasión de un equipo político de combate y sin la carga de responsabilidad y pasado inseparable de la acción política regular. Y sobre un país perezoso, divagador, por ello mismo propicio al santonismo científico y a la admiración del sabio su acción debía ser perentoria. Daban los selectos una batalla de tipo cortesano y feudal, como de grandes señores ofendidos y turbulentos, sin marcado sentido doctrinal. Poco más o menos, el doctor Marañón y sus principales colegas vinieron a ser el maestre, el arzobispo o el condestable de la crónica enriqueña; con la misma familiaridad altiva frente al Monarca, la propia valoración de sí mismos y parecidísimos llamamientos confusos al bien público y la defensa de las libertades del Reino. De ahí su deseo de evitar ahora los aspectos políticos tradicionales y substanciales de la revolución. Concluidas las ceremonias del tablado de Avila- -esta vez de veras- mudados los altos servidores de! Estado, ellos no tienen nada nuevo que pedir. Consideremos el suceso como algo fatal, ineluctable, y como ya estamos contentos y no había cosa especial que mudar, pasemos a vivir lo más sosegadamente posible, dicen. Dejémonos incluso de esclarecimientos. Bien que otros países creen hasta cátedras de sus revoluciones, y los historiadores 1 analicen en- sus menores pasiones la vida de los hombres que las hicieron, y los movimien- tos públicos y secretos determinantes. Aquí, no. Estamos ante un bello milagro local, cantable por Berceo. Es, pues, inútil discutir vanamente la responsabilidad de los acontecimientos de hoy hace un año, escribe el doctor Marañón; porque los hombres pigmeos ante el mecanismo gigante de la Historia no podemos envanecernos de los sucesos felices ni achacarnos más que en mínima parte los que no lo son. Y hasta particularmente necio le parece que a algunos españoles se les haya ocurrido- -después de a incontables extranjeros- -buscar la labor de los organismos profesionales de estas cosas, en la revolución nacional. Terminado el movimiento de tipo quinteriano, alegre, expansivo, aceptémoslo todos sin más comentarios, resquemores ni grandes empeños perturbadores. Y así seria si la revolución la hubieran hecho ellos solos, los selectos, o con masas afectadas exclusivamente de sus propios piques aristocráticos y cortesanos. Pero la realidad española es distinta. La revolución republicano- socialista tiene antecedentes y exigencias de enorme volumen, imposibles de escamotear. Los colaboradores de última hora, hábiles en adaptarla al momento, sólo representan un episodio eficacísimo, pero pasajero, del gran movimiento. Y ahora conviene recordar... que la Monarquía hasta el año 1923, 110 tuvo apenas enemigos llega a escribir el doctor Marañór, situando un poco puerilmente la aparición de la hostilidad contra el régimen alfonsino en el momento de su enfado. No, por Dios. La Mo- t narquía en 1923 tiene tremendos enemigos. El expediente Picasso y la Comisión de los 21, después de Annual- -Annual antes de 1923, en 1921- -señalan el momento típico de la ofensiva contra D. Alfonso XIII. Desde el desastre de agosto de 1921 hasta el 13 de septiembre de 1903, toda la política española se encierra en un desesperado esfuerzo de las izquierdas por hacer recaer sobre D. Alfonso la responsabilidad de los infortunios militares de África. Se explota su amistad con el general Silvestre para suponer a este jefe realizando operaciones arriesgadas bajo la inspiración directa del Monarca. He pertenecido a la Comisión de los 21, nombrada por la últimas Cortes de la Monarquía, con el propósito de esclarecer los sucesos de África, y aún recuerdo el empeño desesperado de los representantes republicanos y socialistas- -ahora ministros varios- -por descubrir el más leve indicio de