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DIARIO ILUSTRAD O AÑO VI G E SIMOCTAVO J 0 CTS. NUMERO FUNDADO EL i. 8 DE JUNIO DE 1905 POR D. TORCUATO LUCA DE TENA ABC DIARIO ILUSTRADO. AÑO VIGESIMOCTAVO 10 CTS. NUMERO EL MILAGRO HITLER Cciíio Adolfo Hitler tiene pocos amigos que expliquen sus proezas en la gran Prensa del mundo, catorce millones de votos parecen surgir de una alucinación, de una pesadilla o de algún enigma indescifrable. Pero en rigor lo más extraordinario de las elecciones últimas no es que Hitler hallara catorce millones de votantes, sino que su triunfal adversario, el general Hindenburg, encontrase 19 millones. Hitler, en efecto, pueda estar tan orgulloso de estos diecinueve millones como de los Catorce que obtuvo para sí. Porque la situación viene a ser ésta. Supongamos que al proclamarse la República española hubiesen elegido las Cortes Constituyentes al Sr. Besteiro como presidente de la nación, que al cabo de seis años de República y levantamientos comunistas se hubiera producido una reacción tan grande en el país, qué los socialistas no se hubieran atrevido a presentar candidato propio y que hubieran votado a uno del centro, como don Santiago Alba, por ejemplo, pero que la mayoría de votos hubiese sido para el general Primo de Rivera, equivalente español de Hindenburg. Supongamos que. entonces hubiera empezado a difundir sus ideas. el doctor Albiñana, al punto de alcanzar catorce millones de votos frente a los diecinueve del general Primo de Rivera. Besteiro equivale a Federico Ebert; Primo de Rivera a Hindenburg. Albiñana a Hitler. El triunfo máximo de Albiñana habría consistido en hacer que los socialistas y r. e publicanos- radicales hubiesen votado; a Primo de Rivera, como han votado a Hindenburg en Alemania. Cómo, ha sido posible este milagro? He leído una buena mitad de las ochocientas grandes páginas de Mi lucha, de Hitler. No es buen escritor, como 110 lo suelen, ser los oradores. Tampoco se propone serlo. Hitler proclama su convencimiento de que ios movimientos políticos no los hacen los escritores, sino los oradores. Con ello digo que para entender a Hitler no basta con leerle. Habría que verle en la tribuna, al frente de. los suyos. Pero Diego Láinez solía decir de San Ignacio que era hombre de pocas verdades, en el sentido de que su espíritu se concentraba en el menor número posible de principios, y el dicho es 1 aplicable a Adolfo Hitler. Sus ideas; son dos, y solo dos: a Patria y el trabajo. Ya lo dice dos veces en la misma denominación de su partido, que es el nacionalsocialista de los trabajadores alemanes. El concepto de trabajadores no hace sino precisar el de socialista, y el de alemanes viene a repetir lo de nacional. El propia Hitler no es sino un trabajador alemán que ha descubierto que hay muchos millones de hombres que se hallan en su caso. Es tan sencillo como el huevo de Colón, pero a los trabajadores no se les permitía darse cuenta de que eran alemanes, ni los buenos alemanes se solían sentir trabajadores, aunque trabajaran más que negros. Hitler no es sino el guión que une dos Conceptos políticos, ei nacional y el socialista, que antes andaban sueltos. Parece que no. es mucho. Implica, sin embargo, una revolución o una restauración, según sé mire. El éxito o el fracaso le Hitler no puede predecirse. Se ha echado encima un enemigo poderoso o implacable. Los judíos son ricos, tienen en sus manos los grandes periódicos y no figura, que yo sepa, entre sus máximas la del perdón de las injurias. Hitler tiene un concepto racial del patriotismo y un sentido material del trabajo, que excluye a los judíos, lo mismo por extraños a la raza germánica que por aficionados a ocupaciones usurarias, especulativas y comerciales, que no le merecen simpatías. Así que, me parece muy posihle que los judíos acaben ppr derrotar a Hitler, pero también creo probable que su causa triunfe, a pesar de, ello. Y es que- Hitler mantiene en Alemania, por lo menos frente a los socialistas y frente a los nacionalistas, la causa sagrada de la unidad del hombre. Sostienen los socialistas. que los obreros Carecen de patria. Lo habían dicho textualmente Marx y Eugels en el manifiesto- comunista: Los trabajadores 110 tienen patria. No se les puede quitar, lo que no tienen. Viceversa, los nacionalistas no han solido ocuparse de la cuestión social. Con tal de exaltar a su país sobre los otros, no se cuidaban de oponerse a la explotación de los obreros, como si fuera fatal e inevitable. Ya han pasado ochenta y cuatro años y cuarto desde que se promulgó el manifiesto conmriista, y ha habido ministros socialistas en casi todos los pueblos europeos, lo que no quita para que se continúe manteniendo el dogma de que los obreros carecen de patria. La verdad es. distinta, sin embargo. Lo pude ver en Londres, en 1911, cuando surgió la guerra- de Trípoli entre Italia y Turquía. Lqs. camareros: de los restaurantes italianos que yo frecuentaba empezaron a manifestarse- -orgullosos de las ¡hazañas de su Patria. Ahora Verán estos ingleses que también nosotros tenemos- acorazados y cañones; ¡y regimientos, y colonias. ¿Pero 110 son ustedes: socialistas? les preguntaba yo. Socialistas, sí, señor, pero italianos solían- contestarme Era un inundo nuevo el que surgía, un rnussolinismo antes de Mussolini. El acierto de Hitler consiste en haber sentido 1 lo mismo que vastas multitudes, que desean a todo trance conciliar sus reivindicaciones de clase social con sus sentimientos e intereses nacionales, y en haber visto que, a su vez, el patriotismo alemán necesita el activo sostén de las masas obreras para defenderse con probabilidades de victoria. En palabras de Hitler: Para recobrar la independencia de Alemania respecto del extranjero ha 3 que recobrar- primeramente la voluntad de nuestro pueblo. Del mismo modo que un socialismo. desna- cionalizado, sin el estímulo de los valores nacionales, de las banderas patrias, de los sentimientos- é intereses comunes, no es sino sectarismo, el nacionalismo necesita de la justicia social y del contentamiento popular para el buen servicio de la Patria. Y aunque es verdad que los intereses del pueblo y los de la Patria no son siempre los mismos, porque las rentas públicas pueden ser pequeñas y grandes las privadas, y viceversa, lo que hace surgir una dialéctica política- entre la causa del partido popular y la del partido de la cosa pública, tampoco son contrarios, y mucho menos extraños, los intereses de la República y los del pueblo, sino que hay una vasta zona común. en que pueden marchar de acuerdo la causa nacional y la de la justicia social, que es la razón de que surgiera el guión Hitler, que ha unido buena parte del nacionalismo y del socialismo en un mismo partido. RAMIRO D E M A E Z T U TEMAS DEL MOMENTO Hemos dejado pasar en discreto silencio estos días de alegría obligatoria y de feste- jos decretados con anticipación, procurando dominar nuestros naturales sentimientos con una serenidad benevolente, pero con la vista y el oído bien despiertos para recoger, del manantial mismo los latidos de la opinión pública. Estábamos para ello en condiciones excelentes. No hemos tenido que vestirnos de frac, esa librea burguesa que llevan ahora con interior satisfacción y mayor o menoí soltura tantos trabajadores de antaño. No lian tenido que soportar nuestros estómagos el menú oficial, acorazados en la pechera almidonada, que es tan aislante del calor y la electricidad populares. Ni hemos tenido que dar codazos y empujones para lograr la primera fila en los fuegos artificiales o en las regatas de los fuera de bordo (corno ha traducido algún periodista que posee un Diccionario inglés y lo usa) porque el espectáculo para nosotros no consistía en la pirotecnia ni en la sabia transformación del estanque grande de la Casa de Campo en pequeña bahía de Montecarlo. Para lo que nosotros queríamos ver, oír- y sentir, la fila era indiferente. Cualquiera era buena. Y la que nos cupo en suerte lo fue. Los que presenciamos la explosión de júbilo más o írtenos reflexivo, pero indiscutible y, desde luego, improvisado, que produjo, en las masas populares el advenimiento de la República el año pasado, podemos afirmar, sin temor a ser desmentidos, que la alegría de abril- de 1932 no ha sido en cantidad y en calidad ni comparable siquiera con la de 1931. Ni aun confundiendo, coii- optimismo de avestruz, la curiosidad por el espectáculo gratuito con el entusiasmo desinteresado. La experiencia que da el vivir nos enseña que las juergas improvisadas son las más divertidas. La del año pasado lo fue precisamente porque llegó de sorpresa, porque nadie la esperaba y porque se festejaba un porvenir. La de este año ha salido un poco desigual porque, aparte la minuciosa organización que en estas cosas es un refrigerante, faltaba lo principal: ganas de diver tir. se, y sobraba la experiencia de un año. No. podía resultar otra cosa. Se había prometido a los españoles, y una gran parte de ellos lo creyeron, porque la inmensa mayoría de nuestros compatriotas lleva dentro un isidro y son los clientes ideales para el timo de los perdigones, que en cuanto viniera el cambio de régimen todo sería paz, prosperidad y alegría. Y los resultados están a la vista. No. voy a entretenerme en hacer un balance del año que acaba de cumplir el nuevo régimen. Ya lo han hecho con la intención que! e correspondía a cada cual los periódicos de todos los matices, y, sobre todo, ya lo han hecho a diario, en su fuero inferno todos v rada uno de jos españoles. -Tampoco quiero hacer profecías. Yo eltoy convencido de que nadie, ni aun el que ocupa los más altos cuestos, es profeta en sn tierra. T fue sí puedo