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A B C. DOMINGO 27 DE MARZO DE 1932. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 61. TEATROS. CINEMATÓGRAFOS Y CONCIERTOS EN ESPAÑA Y EN EL EXTRANJERO Informaciones teatrales. La duquesa de Benamejí El hogar La maté porque era mía Juanita, la loca Luisa Fernanda Casimiro Ortas. Ideal. Romea, 1932 ¡Cómo están las mujeres! Price. Informaciones musicales. Guía del espectador. Cartelera madrileña. Informaciones y noticias teatrales En Madrid Español. La íuquesa de Benamejí Quién naciera de limpio linaje como Lorenzo Gallardo y pensara en sus moceriles años abrazar la carrera eclesiástica, vióse lanzado, por azares y extravíos de su juventud, a los despeñaderos de una afrentosa vida; a capitanear una cuadrilla de bandoleros, que por su hombría y guapeza le proclamó rey de la serranía. En todos los contornos de la sierra cordobesa Lorenzo Gallardo era temido y admirado a un tiempo, que tales eran su arrojo y su caballerosidad ingénita. No era, pues, el bandido vulgar, sino el legendario cuyas hazañas corrían en coplas y romances heroicos; el bandido rumboso y patriota al par, denodado, guerrillero que al frente de su partida hostilizaba desde los peñascales de su madriguera el paso, de las dispersas huestes napoleónicas ya en trance de abandonar España, época en que los ilustres hermanos Machado sitúan el escenario de La duquesa de BenanvejL Acorralado, perseguido por un destacamento del Ejército liberal, Lorenzo Gallard o se refugia en el palacio de la; aristocrática dama. Un momento extraño, embarazoso y difícil para ambos. No tardan, en reconocerse los que desde niños sólo sé vieron una vez. Fue un día en que la bra- vura de Gallardo salvó a la duquesa de un grave oeligro. Llena de gratitud, la Benamejí le recuerda su hidalga acción y le exhorta a que abandone vida tan azarosa, mientras su vista se recrea en la contemplación del guapo mozo. Porque en las tiernas reconvenciones de la duquesa habla más su naciente pasión por el hombre de gesto varonil que la moral catequista, pues entre Lorenzo Gallardo y la corte de señorones y lechuguinos que le rodea, la bien plantada figura y los arrestos de aquél no admite comparanza. Ella, desde entonces, se convierte en protectora, amiga y enamorada, decidida a salvarle a toda costa e imaginando posibles venturas en no lejano día al elevarle hasta su corazón. Y en este crescendo pasional y romántico transcurre el drama, al que pone fin el afilado puñal de los celos, esgrimido por una gitana, que da muerte a la duquesa, Los altos poetas Antonio y Manuel Machado, con deliberado propósito, claro es, han circunscrito la acción a este episodio para no distraer la intensidad emocional que pretendían infundir a los protagonistas del drama- -por el que pasa en algunos momentos la sombra de Don Alvaro, y cuyo ápice se señala en la gran escena patética del último cuadro- Como en sus ejemplares producciones Julictnillo Valcárccl y La Lola se va a los puertos, el elemento popular y pintoresco está presente con alusiones episódicas en La duquesa de Benamejí, En el primer acto, de animada y graciosa pintura, evocadora de un período que pudiéramos llamar prerromántico, se perfilan algunos personajes de rastro galdosiano, que bien hubiéramos querido adquirieran, más cuerpo en el drama, como preciosos dócu mentos para su composición; pero ya hemos revelado cuál fue el intento de los autores: el de revivir sintéticamente la España pintoresca y hazañosa del bandido andaluz estilizado y. de sus amoríos y aventuras galantes con encopetadas damas; la España que vieron y 1 fantasearon Dumas y Gautier, que rechazamos por absurda, pero que, en efecto, se enraizaba en la leyenda, brazo de la Historia. Acaso sea pueril, con un criterio rigorista, volver a cribar tan macerado trigo; agitar la clásica pandereta, que, en manos de los Machado, eso sí, tienen sonajas de buen sonido y madroños de fino torzal, como poetas y prosistas de literaria alcurnia que son y acaso también muchas escenas del drama aparezcan no más qué abocetadas; pero, sobre estás y otras objeciones, veamos y admiremos en La guquesajde Benamejí lo que le da categoría y sensibilidad: la exaltación y el aliento romántico, que ennoblece y empapa las figuras propulsoras del drama, acción, pasión y conciencia- -dicen los autores- que aspira a deleitar con el mero espectáculo de la vida Prendió en Margarita Xirgu el apasionado acento de su personaje, su arrebato, su brío, qué tuvo en la gran actriz la más adecuada forma de expresión. Alfonso Muñoz supo destacar las específicas cualidades de su papel, y descubrir cuanto hay- en él de noble condición, lo que dormía en el fondo de su alma y era reconquistado por el amor de la duquesa, todo abnegación y sacrificio. Maximino compuso y caracterizó con acierto un tipo de bandido, pmuy dado a las meditaciones, que tiene más de buena persona que de facineroso. Angelita Olmo fue eficaz intérprete de. la gitana. López Lagar, Gontreras, Grtiz, Porredón, Alvarez y Cañizares tuvieron a su cargo los demás papeles, que desempeñaron muy discretamente. El público aplaudió a los Machado, y éstos recogieron desde el proscenio, al final de todas las jornadas, tan afectuoso y expresivo homenaje. Las decoraciones dé Miguel Xirgu dan apropiado carácter a los diversos 1 escenarios del drama- -Floridor. i 4 XTONS 0 MUÑOZ, MARGARITA XIBGjr, P. PÉREZ LAGAR Y ALEJANDRO MAXIMINO, PRIKCIPALES INTERPRETES DE- LA DUQUESA DH BENAMEjrpJ