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I- FEBRERO DE 1932 NUMERO SUELTO 10 CENTS. IB jg 1 f EL PRESUPUESTO Se ha protestado en las Cortes por la falta de. documentación, memoria explicati, va y otros informes. indispensables para discutir el presupuesto. Para elaborarlo eran más indispensables, y tampoco ios ha tenido el Sr. Carner, que, a pesar cíe todos sus esfuerzos- -y así lo ha declarado- no ha podido saber a estas, fechas las cargas citie pueden echar sobre el Tesoro las liquidaciones pendientes por. ferrocarriles y casas baratas ni la suma de los avales que ha ido suscribiendo el Estado. El presupuesto ha salido a bulto y no cabe hablar seriamente de una ordenación que, aun sin esas liquidaciones, no tenía ninguna probabilidad en el plan presentado al Parlamento: Otra declaración más grave ha hecho el ministro refiriéndose a los apuros que le han creado a la Hacienda en estos meses las reclamaciones de acreedores a quienes ha sido necesario atender facilitándoles el endoso de sus créditos y por otros arbitrios difíciles; de lo que ha sacado razones para exhortar a los contribuyentes al sacrificio, indicándoles de qué manera desastrosa puede repercutir en la economía pública y en los negocios, privados una situación como la que tan angustiosas dificultades le preparan al Erario nacional si no se les pone remedio. Sería, es verdad, uña situación que en España sólo tiene un. precedente remoto y, por cierto, más explicable que la crisis actual, porque la del 73 y 74 se produjo tras un período larguísimo de turbulencias y quebrantos. No exagera el Sr. Carner en el pronóstico ni en la necesidad del remedio; pero en la fórmula del remedio se han equivocado él y sus colaboradores del Gobierno y del Parlamento con lamentable obstinación, porque el remedio no está ni lo ha visto el país en forzar con duros recargaos una recaudación súbitamente disminuida en 79 millones y considerablemente deprimida por una quiebra general de la economía, que todo el. mundo reconoce. El déficit comprobado y el que puedan arrojar las liquidaciones diferidas es inferior al aumento introducido en los gastos, por más de 700 millones. Ni son ineludibles todos los gastos nuevos ni lo son siquiera las antiguas consignaciones que han quedado intactas en el plan. Desde luego, en las cifras aumentadas hay algunas tan discutibles cómo los 57 y 47 millones que añaden los ministerios de Instrucción pública y del Trabajo. Son muy decorativos y provechosos los gastos de cultura si. los puede costear el país y se les da empleo eficaz, que no es el caso de las improvisaciones y de los lujos efectistas que desde la Dictadura vienen pesando sobre el presupuesto de la enseñanza. De la Dictadura datan igualmente las prolijas creaciones burocráticas del ministerio del Trabajo que ahora se llevan otro buen pellizco. No cobrar más, sino gastar menos, es la fórmula que aconsejan e imponen las circunstancias. Y aunque por la obstinada exigencia ministerial parece inevitable la aprobación de los proyectos, tributarios, las Cortes tendrán que atender a la más amplia reducción de gastos, por varias razones: por si la reforma fracasa en su aplicación; por estímulo a los contribuyentes que puedan pagarla, y porque, tal como el ministro na presentado la situación de la Hacienda, no le sobra ningún remedio, y el de las economías es el más seguro. ILUSTRA DO. A Ñ O VI S I M 0 C T A v. Ó N. 9 079 1 REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN: CALLE DE. SERRANO. NUM. 55, MADRID AYER, EN LA SESIÓN DEL CONGRESO, DESDE LA TRIBUNA PUBLICA, FUE ARROJADA UNA PIEDRA CONTRA EL BANCO AZUL En la Cámara coacciones, y no pueden ser disueltas- vidlentamente, por nada ni por nadie. Un largo murmullo de aprobación acó- 1 gió estas palabras, y la sesión continuó sin más. La agresión El objeto lanzado desde la tribuna publica fue una piedra, y el agresor, un joven de. unos- veinte años de edad. Se hallaba sentado en el segundo banco, y para realizar el hecho se puso de pie, sin exclamar palabra alguna. Aún tenía el brazo derecho en alto citando, fue detenido por él sargento de la Guardia civil, D- Francisco estaba que inMomento en que ocurrió el su- ¡Vázquez, que lo sacó de servicio, y y lo remediatamente de la tribuna tuvo en ei pasillo hasta que llegó la Po ceso. licía. A las siete y cuarto de la tarde de ayer. La piedra fue arrojada con enorme viohablaba el diputado agrario Sr. Madáriága, lencia tanto, que chocó con el respaldo déi en el debate sobre los proyectos económicos, banco azul, e- n su primera mitad, a partir del ministro de Hacienda. En- je! banco azul de la cabecera, dejó una huella profunda, se encontraban los ministros- de Trabajo y cruzó entre los Sres. Veígara y Azcárate, Hacienda; aquél, en el extremo opuesto a que se hallaban en el banco de la Comisión, la cabecera, y el Sr. CárnerV en su sitio pasó sobre el escaño que habitualmente ocude costumbre, o sea en medio del banco del pa D. Pedro Rico, y fue a chocar contra el Gobierno. La Cámara aparecía desanimada cristal de la puerta, que tiene un grosor y- presidía el vicepresidente primero, señor aproximado de. un centímetro, y que qued- ó Castriilo. materialmente hecho trizas. El ujier de canEl Sr. Madariaga decía que estaba con- cela, Ismael Díaz, la sintió rozar por la forme con la teoría expuesta. momentos, an- mejilla. Es de notar que entre el banco azul tes por el Sr. Balbontín acerca del régimen y la puerta de referencia hay una distande tributos para la pequeña propiedad. De cia de varios metros. los bancos. de la minoría socialista increpaLa piedra es de pedernal, muy compacto, ron al orador y, refiriéndose a esta coincidencia entre el diputado de extrema iz- del tamaño de una pina pequeña, de arrasquierda y el de extrema derecha, exclama- tre de río, con dos aristas, muy pronunron algunos diputados de dicha minoría: ciadas, limpia, y pulimentada. ¡Ya hay boda, ya hay boda! El Sr. Balbontín, airadamente, se volvió hacia los es- El Sr. Besteiro ordena que el caños de la minoría socialista y gritó: agresor sea conducido a su ante ¡Sois los asesinos de los obreros! despacho En este momento se oyó un gran estrépito y cayó al suelo, hecho añicos, uno de En el pasillo de la tribuna pública se hilos grandes cristales de hr puerta lateral de- cieron cargo del detenido los comisarios de recha que da acceso al salón de sesiones. la brigada social, Sres. De Miguel y VaSe produjo un movimiento de expectación quero, y el inspector Sr. Castillo. y ansiedad. ¿Qué había ocurrido? ¿Un disEl joven fue conducido por las escaleras paro? No era admisible, porque no se había interiores de la Cámara y llevado al anteoído detonación alguna. Tampoco había despacho de la presidencia, donde ya se ocurrido nada anormal al otro lado de la encontraban los secretarios. puerta, pues varios diputados entraron rápiComo es natural, numerosos diputados damente por ella al oír el ruido, para enteacudieron al escritorio de periodistas y al rarse de lo que ocurría. pasillo posterior del Congreso, para oresenEn realidad, nadie acertaba a explicarse ciar el paso del detenido. lo sucedido, aunque todos) os presentes comprendían que la rotura no había sido caLas señas personales de! indivisual. El Sr. Castriilo, con calma y sereduo. Este se niega a prestar denidad, hizo señal a los diputados para que tomaran asiento, y dio órdenes a los ujieres claración para que cerraran las puertas. El autor del hecho es alto, delgado, rubio, Algunos diputados, desde el 1 centro del hemiciclo, señalaron a la tribuna pública, de facciones finas y correctas. Vestía aly. momentos después se ponía en claro el. pargatas, traje gris en mediano uso y jórsey blanco, sin sombrero. Llevaba un abrisuceso. Desde la mencionada tribuna un ingo marrón, de corte francés, nuevo, sin dividuo había arrojado un objeto al salón. etiqueta. Desde el primer momento se negó Simultáneamente se supo que el autor del de un modo rotundo a decir su nombre y a hecho estaba detenido. Entraron precipitadamente el presidente explicar el hecho. El comisario Sr. De Miguel le instó redel Consejo, el de la Cámara, que ocupó petidas veces, ya en el antedespacho, a que la presidencia; ios ministros de Marina, Estado y Obras públicas y numerosos diputa- -siquiera dijera su nombre; pero respondía con movimientos denegatorios de cabeza. Sedos que se hallaban en los pasillos. El presidente, ante ia agitación que ha- gún parece, en el momento de la detención dijo al. sargento Sr. Vázquez que fue cabía en el salón, pronunció las siguientes pacheadOj como todos 1 los. qué asisten a la trilabras: buna pública, en la puerta de acceso a la- -No- se puede suspender la sesión. Esmisma; pero que la piedra pudo pasarla entas Cortes Constituyentes no deben tolerar