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A B C. MIÉRCOLES iS DE NOVIEMBRE DE 1931. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 26. DE SOCIEDAD ECOS DIVERSOS Casanova, en Madrid Me gustaría poder reconstruir el Madrid que conoció aquel aventurero veneciano que se llamó Jacobo Casanova. Casanova- -bala lanzada en la vida, cuyo curso sólo detiene una sonrisa de mujer- -llegó a Madrid ya cumplidos los cuarenta años. Madrid le- sorprende cuando comienza a declinar su estrella amorosa y están ya lejanos los días en que frecuentó, en Suiza, el trato del señor Voltaire. España es- por entonces una nación hosca y cerrada. Casanova la ha recorrido a lomos de un nsuio. El viajero, en las posadas, únicamente cuenta con la seguridad de comer cuando lleva consigo su alimento. Las habitaciones donde se hospeda desconocen los pestillos. Casanova se extraña de esta modalidad, que le impide aislarse en las noches, e inquiere su causa. -La Santa Inquisición debe tener la puerta franca en cualquier parte y a toda hora- -le responden. Y, sin embargo, el Rey Carlos III acaba de dictar su famosa orden de expulsión a los padres jesuítas. ¿Cómo sería la Aduana- de Madrid, donde revuelven el equipaje de Casanova... El único libro que trae con -él- -escrito en griego- -le es decomisado. El aduanero registra sus tabaqueras y las vacía en presencia del viajero, no sin antes probar el tabaco de una de ellas en una toma que le hace estornudar. Deja, en cambio, a Casanova las armas: sus pistolas, su espadín de duelista acreditado... Casanova va a parar ai café de la Cruz. Tiene una habitación que ie satisface. Lo que ya no le satisface es la temperatura fría de su cuarto madrileño. El brasero no le reconcilia con España; él quiere una estufa y va hasta la Puerta del Sol en busca de un fumista, al que tiene que aconsejar y dirigir para que la instalación de la estufa quede a su gusto. Casanova, en Madrid, busca ías diversiones. Cierto día, en el teatro, presencia una escena que le sobrecoge. En medio de la representación, desde la calle, llega hasta eí coliseo un íin- tin de campanilla. La comedia se interrumpe como por encanto. Los actores caen en escena, sobre sus rodillas; los esDectadores se apresuran a desalojar sus asientos para arrodillarse. Y unos y otros dirigen una mirada instintiva hacia el solo palco con rejas, tras las que debe ocultarse el censor de los inquisidores, be trata del Viático, con su cortejo, que na cruzado la calle, en busca de un enfermo moribundo a quien administrar los Santos Sacramentos. Carlos III está ya viudo y apaga en un diario y rudo ejercicio de caza sus anhelos de falta de mujer. El conde, de Aranda- -amo de España- -recibe anónimos, con los que se le amenaza de volar un día dentro de su palacio. Casanova asiste a los bailes de máscara que se celebran en los escaños del Peral Ve bailar el fandango y se apasiona por este baile. Ajusta un profesor que se lo enseñe. Pero, 1 de que le sirve su nueva, ciencia coreográfica si no dispone de pareja con quien luana? El lamoso veneciano contempla con ojos de envidia a los bailarines que acuden al baile con pareja. En este trance de espectador es sorprendido por cierto caballero de edad, eme le aconseja: -Debe usted seguir a la primera muchacha que le guste en la calle y dirigirse directamente a su familia. Ccri enviar después un dominó a su casa y un coche a su puerta, no han de faltarle parejas de baile en Madrid. Este consejero amable lleva al aventure- ro a su palco. Allí lo presenta a- ana mujer a quien llaman La Pichona. Por esta misma mujer, sabe Casanova, unas semanas después, la muerte del simpático caballero y su título, que es nada menos que el de duque de Medinaceli. Cierta mañana, en la iglesia de la Soledad, Casanova. percibe cómo una sombra femenina se separa de un confesonario. En la ohscuridad del templo, el galán cuarentón presiente, mejor que ve, un cuerpo grácil y joven. Sale a la calle en pos de la mujer. No se trata de una de esas damas de tono que van. a lucir sus encantos a los cirios parpadeantes de la iglesia de 1 Buen Suceso; su continente es humilde; pero dispone de un cutis terso, y su andar es gracioso y en su figura existe la proporción. El paladar de Casanova, que sabe de los manjares aristocráticos, no lia de hacer remilgos ante, la figura de esta madrileñita que avanza delante de él. El eterno galanteador siente revivir su inquebrantable dinamismo. Sigue a- la muchacha por las callejas mal empedradas, hasta que la ve adentrarse en un portal. Alguien, al entrar la muchacha, ha saludado con, esta frase: -Buenos días, doña Iguaria. Casanova se detiene en su curso. La boca- obscura del portal está frente a él. como una tentación. ¿Entrará? No entrará? Solo un minuto de titubeo, en el que Casanova ha repetido, deletreando, un nombre, como si quisiera paladearlo ¡Doña Ignacia. doña Ignacia... Luego se dispara hacia el portal renegrido y comienza a ascender rápido por los tramos de una escalera pina... -Gü de Escalante. pasando unos días la señora viuda de Núñez de Prado, quien en breve regresará a Madrid. Crónica de París Boda hispanofrancesa Con gran pompa se ha celebrado en el templo de Saint Honoré d Eylau el casamiento de la bella señorita Simone Berthélemy- Supervielle con el marqués de VillaAlegre de Castilla, hijo de los grandes de España marqueses de Rafal. Fueron testigos, por parte del novio, el duque de Alba, D. Eduardo Cobián, D. José Quiñones de León y D. Eduardo T- ravesedo, y las señoras B. Supervielle y Berthélemy- Sandrart, por la de la novia. Esta, que es una encantadora joven de delicada belleza y esbelta figura, vestía elegantísima toilette de pean d ange, firmada por una de las más notables casas de París, y llevaba, en la mano una rama de. blancas orquídeas. El servicio de honor estaba formado por las lindas señoritas Denise Supervielle, Francoise Supervielle, vizcondesa de PeñaParda de Flores, Pardo y Manuel de Villena, Violette de Lasala, Odile de Lasala e Ivonne Bérthélemy- Supervielle. La iglesia aparecía profusamente adornada con plantas y crisantemos blancos. Entre la brillante concurrencia que asistió a la ceremonia figuraban: la duquesa de Alba, duquesa de Hijar, marquesa y marqués de Aranda, condesa de Torrejón, marquesa y marqués del Mérito, condesa de San Juan de Buenavista, señora de Patino (Cristina de Borbón) señorita Concepción Heredia, marquesa y marqués de Valdesevilla, señorita de Patino, señora de Silva y Goyeneche, señoritas de Prado- Ameno, señora y señoritas de Eiseley, duquesa de Sanlúcar la Mayor, marquesa de Cayo del Rey y señorita de San Miguel, señores de Cobián, señoras de Limontour, Loriga, Miglieta, Ros, marquesa de Saint- Sauveur, señores de Baeza- Ocampo, el ministro del Uruguay en Berlín y señora de Cosío, D. Carlos de la Huerta, D. Alfonso Broque, D. Carlos Herrera señores Castillou de Saint- Victor, señores de Varella, Arteaga, Lasala, Izquierdo Saavedra, Davison, Moreau, etc. Entre las familias francesas asistieron: el duque de la Tremoille, el marqués d Aurelles de Paladines, Du Puy, conde y condesa de Ferol, barón y baronesa Duglenk- Grumpé, monsieur y madame León Berard, el director de la Banca de Londres y madame Jo- nes, M. Herriot, director del Comptoir Nacional de Escompte; el ministro de Francia en Bélgica, el director de la Spciété Genérale y otros representantes de la alta Banca, pues sabido es que M. Pierre Berthélemy, padre de la novia, es presidente de la Sociedad Bancada Francobrasjleña y administrador general de varias Sociedades financieras de París, y por madame Berthélemy; la recién casada es nieta del fundador de la casa de banca Supervielle, una de las más importantes del Uruguay, y cuya familia es originaria de la nobleza del Bearn francés. El almuerzo que se sirvió después de la ceremonia en casa de los padres y abuela de la novia fue espléndido y todos los salones estaban convertidos en maravilloso jardín, formado por las numerosas corbeilles de flores enviadas por sus amigos a 3 a nueva marquesa de Villa- Alegre de Castilla. Un detalle: los trajes de las demoisettes d honneur eran una preciosidad; se componían de faldas largas y plegadas de tércio pelo color bien, roi, tocas del mismo tono y grandes ramos de rosas de Francia. Los recién casados marcharon para las Baleares, donde se proponen pasar los primeros días de su luna de miel, antes de salir para Madrid, donde se proponen fijar su residencia. Les deseamos todo g nero ds dichas. -Monte- Cristo. Noticias Parece ser que el Sr. Reinhor- ff, ministro de Dinamarca en París y acreditado también en Madrid y Lisboa, ha sido nombrado director en el ministerio de Negocios Extranjeros de su país. Substituirá al Sr. Reinhorff el actual ministro de Dinamarca en Oslo, Sr. Oldemburgo. Se- ha celebrado en la iglesia del Perpetuo Socorro la boda de. la bella. señorita Milagros González y Fernández con el capitán de Infantería D. Enrique Nieto ZuviUaga. Apadrinaron a los contrayentes la madre del novio, doña Gertrudis Zuvillaga de Nieto y el padre político de la novia y teniente coronel de Infantería D. Cristino Moragón Fernández. Actuaron como testigos, por parte de la novia, su hermano, el teniente de Caballería D. Manuel González y Fernández Muñiz; su hermano político, el capitán de Ingenieros D. Antonio García Vallejo, y los generales D. Juan y D. José García Benítez. Y por el novio, sus hermanos D. Julio y D. Francisco, capitanes de la Guardia civil y de Infantería, respectivamente, y sus tíos, los. generales Nieto y Zuvillaga. Los recién casados, que recibieron muchas felicitaciones, han emprendido un viaje de novios. En Trujillo se ha celebrado la boda de la encantadora señorita de Muro y Marcos con D. Juan Maesso Gimón. Apadrinaron a los contrayentes la señorita Dolores Maesso y D. Manuel Muro. Como testigos figuraron D. Valentín Casares y D. Antonio Maesso. Después de la ceremonia los invitados fueron obsequiados con un bien servido almuerzo. Los condes de Heredia Spínola han marchado a su casa de Bilbao. En su villa de Biarritz, la condesa de la Vinaza se encuentra restablecida de su dolencia. Coa losj. Vcondes de la ¡Yiñaza está