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Sobre 3 a crisis extremeña. Lamento tener que contestar a don Eugenio Jiménez Alegre, de Toledo, porque no es mi propósito, entablar controversias, y a la vez porque en su artículo publicado en A B C, sección de deportes La Voz del Pueblo so ocupa algo desdeñosamente del Peñarroya F. C, Club que me honro en presidir, y, de paso que pongo a un equipo en el lugar que le corresponde modestamente, i quiero también hacerle algunas consideraciones, que tal vez no ignora, respecto al Deportivo Don Benito. Es el Peñarroya F. C, en primer- lugar, uii equipo no federado en ninguna ¿Regional por su lamentable situación económica, de lo que a nadie tenemos que culpar, por el momento, aun a pesar de cuya circunstancia ha jugado con equipos de la categoría del Español, de Barcelona, al que venció con sus mejores elementos en la excursión que por Andalucía hizo en agosto pasado. Sin embargo, conociendo de antemano el constante favor de la Federación Extremeña hacia el Deportivo Don Benito, que son la misma organi- zación visto materialmente, -no estamos federados en la citada Regional por la razón de que siendo un equipo inferior en categoría a otros federados, y al que me honro en presidir, el ha de ser siempre campeón, por cuya causa y sin dicha aspiración huelga tomar parte en el campeonato de Extremadura. Como no pienso sostener polémicas, someto la veracidad de mi afirmación a la consideración de. los Clubs federados en la citada Regional, que empieza jugando con varios y termina solamente entre el campeón, y subeampeón, puesto que de antemano designa ia Federación al Club que buenamente se le antoja. Ha ido el Sr. Jiménez Alegre muy lejos defendiendo al Deportivo Don Benito ante la Nacional, ya que, si necesariamente tuviera que incorporarse a la Sur (lo que no nos extraña, porque se quedará solo) no podría ir más allá de jugar con los equipos de tercera categoría como el Nacional, el Córdoba F. C. y la Olímpica, de Jaén; porque luchar con el Malagueño o el Recreativo le vendría muy largo. ¿Cómo, va a ponerse, si no está al nivel de. los últimamente citados, a jugar con el Betis o el Sevilla? No. Por su categoría, en calidad de juego, sólo puede viajar en tercera, si lo hace por Andalucía, y ya en este plan comprenderá el Sr. Jiménez Alegre que para ser cola de león es más cómodo erigirse a sí propio en cabeza de ratón. Vuelvo sobre el tema fundamental de mi respuesta al Sr. Jiménez Ale, gre. El Deportivo Don Benito ha medrado- a costa de incautos como el Peñarroya F. C. (con éste no tanto como con otros) comprometiéndose a devolverles visita en partidos amistosos, no cumpliendo si, a su juicio, la derrota en el campo contrario podía ser seria; circunstancias que ponen muy de manifiesto a dicho Club, y corrió nadie puede negar que su Directiva es la misma Federación Extremeña, esa es la causa de que el modesto Club, que me honro en presidir, haya rehuido el participar del campeonato extremeño, aunque a nuestros jugadores, al ser muy solicitada, les hayamos concedido el ue fichen para reforzar a los equipos participantes. X a deducción de mis manifestaciones es alara y concisa. En Extremadura no medrará ningún equipo mientras no deje de estar sometida la Federación al Deportivo Don Benito. Cuando esto ocurra, serán más de los que son y, sin duda ninguna, mejores. Lo que en categoría aparente fuera perdiendo el Deportivo, lo ganaría en calidad y en prestigio dentro y fuera de. su región. Económicamente, todos se desenvolverían un poco mejor, porque la afición no se llamaría a engaño. Para terminar: el Peñarroya F. C. invita al Club Don Benito para que demuestre su superioridad, a jugar un partido que tiene adquirido compromiso ya viejo, y en el que podrá hacer valer el derecho a la gloria que. él sólito se atribuye, con el beneplácito de D. Eugenio Jiménez Alegre, a quien rogamos tome nota para lo sucesivo al ocuparse de equipos modestos como éste de la sierra cordobesa, Pedro Balseras, Peñarroya. m 238 RICARDA- ZAMORA ¡RECUERDOS DE MI VIDA 1 239 XXXV Antecedentes del partido italoespañol. -Me persiguen las desgracias y las calamidades. -El rasgo de D. Servando, el canónigo. -La transformación del Molinón. -El público de Santan- der. -Recibimiento cordial a los italianos. -Mal principio de partido. -La violencia, dueña del campo. -Escándalos y protestas. -La oportunidad de Quesada. -El goal de penalty El faut a Portas. -La reacción italiana. -Brusquedades y amonestación. -La segunda parte, peor que la primera. -Interrupciones a granel. -La lesión de Samitier, nuestra impre- sión y el substituto. -Cómo nos empataron. El banquete oficial. Hasta el mes óe abril no tuvimos nuevos partidos. Él empate en la capital lusitana había enfriado bastante 3o s ánimos de todos: jugadores, directivos, entrenador y hasta creo que público. Nuestra afición gusta mucho de esta clase de encuentros; pero han de ser en terreno español. Cuando nos corresponde jugar fuera de España me parece que se experimenta cierto desinterés, y por de contado no se aumenta ese margen de confianza que exige de una lucha en circunstancias menos favorables. Por eso a nosotros, aun agramándonos como a todo el mundo viajar por el extranjero, llegado un partido internacional fuera de España nos echamos a temblar por las consecuencias que podrá acarrearnos el resulta- do, pues ya es sabido que no siempre se puede contar con el triunfo como esclavizado a nuestros entusiasmos. Hay que reconocer que existen otros equipos con tantos ardores y tan buena clase como el nuestro, y no hay que despreciar el factor suerte, que Jantq nos influye en las contiendas deportivas. Concertada la fecha del 22 de abril para el encuentro contra la selección italiana en Gijón, y siepdo tan imposibles como de costumbre los entrenamientos, yo quince días antes me ausenté de Barcelona para arreglar un asunto que tenía en París. Se trataba, del ofrecimiento de una representación de autos, y como el negocio ofrecía ciertas posibilidades, me trasladé a la capital de Francia para discutir y puntualizar. Las conversaciones fueron muy rápidas, y cuando me disponía a regresar a Barcelona Luciano Urquijo me telegrafió rogándome que viniera a Madrid- para reforzar su equipo en un match amistoso contra los uruguayos, que habían llegado a España, camino de Holanda, donde iban a disputar, por segunda, vez el campeonato olímpico. Preparé mis maletas, sabiendo por experiencia antigua la trascendencia que en América se concede a esta clase de partidos titulados amistosos, y a la noche siguiente llegaba a Madrid. Pero al llegar a la estación del Norte esperábame una sorpresa desagradable: me aguardaban Urquijo y Ciudad, el buen amigo y directivo del Español, de Barcelona, para comunicarme que sin pérdida de tiempo debía trasladarme a la ciudad condal, porque tenían noticias de que mi padre se hallaba gravemente enfermo. Como yo le había dejado muy delicado, y sabía que su estado inspiraba hacía algún tiempo serios cuidados a los médicos, sus compañeros, no dudé que se trataba de ocultarme más grave noticia y ansiosamente solicité de ellos mayores detalles. Pasé en Madrid una noche angustiosa, y al día siguiente la jornada en el tren fue peor. Desgraciadamente, a la llegada al apeadero de Gracia, donde me esperaba mi familia, me convencí de que mi desdicha era irreparable. Mi pobre padre había dejado de existir, y ya no pude verle. Por unos días estuve como inconsciente, porque aunque se haya qído repetir mil veecs la vulgaridad de que no se sabe lo que. se quiere a los padres hasta, que se pierden, entonces yo, por mi desgracia, me daba cuenta exacta de toda la verdad de mi situación. En aquel trance, debo reconocerlo, amigos y com- pañeros se portaron excelentemente conmigo y sus charlas y su compañía constable fueron el mejor, consuelo. Además. cuatro días después el Español j! í r ¡nFH! 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