Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. MIÉRCOLES 15 DE ABRIL DE 1531. PAGINAS CINEMATOGRÁFICAS, PAU. 16 Sección quinta (Asuntos de orden genera! Señor delegado del Trabajo en Barcelona, señor delegado del Instituto de Orientación Profesional, D. J. Carreras Artau, catedrático del Instituto; D. José F. Arquer, aparatos sonoros; D. Jesús Pinilla, empresario; D. Manuel Masmitjá, empresario; D. José Gurgui, empresario; D. Cayetano Hidalgo, empresario; D. Eladio Belza, empresario; señor presidente del Comité paritario de espectáculos; D. Jaime Brusco, profesor. de música; D. Joaquín Rabassa, director artístico; D. Martín Cabús Matamala, discos Delfos; D. Eduardo Rifa, de Asociación Nacional de Radiodifusión; señor Sánchez Cordobés, director de Radio Barcelona; D. José M. a Balanso, de El Noticiero Universal; D. Antonio Fumó, de Las Noticias; D. Pedro Ventura, de La Ñau; doña Aricia Brun, de La Rambla: D. José Lafuente de El Cine; D. Mateo Santos, ele Popular Film; D. Vicente Brotons, de La Noche; D- José Sagré, de El Mundo Deportivo; D. José Jane, de Información Cinematográfica; secretario, D. Damián Molino, de El Diluvio. por lo que puede hacer, por Id que tiene que evitar. Lo que caracteriza esencialmente ai cint. -y lo sitúa en una jerarquía efe arte- -ss ser una sucesión de imágenes ópticas sin volumen. Ahora bien; por incluir el concepto dinámico de sucesión, ya el cine se impide todo coqueteo con el color y la pintura, como por consistir en un sistema de imágenes ópticas sin volumen, se confiesa inepto para fundirse con la voz y la palabra. Como la épica de Hornero, esta naciente épica del cine sólo puede vivir entre las sombras de la noche y la mitología. Arte destinado a moverse en el juego del negro y del blanco, ajedrez con peones de luto y luna, el cine, discípulo de Heráclito de Efeso, no puede pactar con la pintura eleática. A la manera de Zenón, el sofista, el color niega el fluir y la existencia del movimiento. La armonía de un rojo con un verde, que en la quietud del fresco y el éxtasis del cuadro el pintor ajusta con arreglo a cálculo, se trueca en riesgo incalculable en cuanto el rojo se echa a andar, tropezando en un azul o un violeta imprevisible. Lo que en la pintura es norma, es en el cine ruleta y azar, Y el arte no puede cifrarse en loterías ni esperar que suene por casualidad la flauta que ha de sonar por aire y ley pautada, de matemático linaje pitagórico. Otra contradictio in adAnte ias insobornables exigencias de la jecto con la esencia del cine supone la inEstética, y aun ante el resignado aguante fausta obsesión americana de querer hacer de los públicos, el cine último está fraca- hablar a las sombras. Se olvida que las sando, cayéndose con todo el equipo de es- imágenes cinematográficas no son hombres trellas y toda su música celestial. La pro- ni mujeres, seres de carne y hueso cpn mafunda solidaridad de los productos cultura- teria y estructura. Sino fantasmas sin anales, la suerte común, de pasajeros en zozo- tomía ni espesor, apariciones más leves que bra, de los valores embarcados en la mis- el aire y menos gruesas que el humo. Por ma civilización, pone al cine en peligro de ser- -por definición- -las imágenes del cine naufragio, a consecuencia de aquel error seres fantásticos, pueden burlar la ley de que, según la arriesp ada hipótesis de Wor- la gravedad y someter sus dimensiones a ringer, hundió en los mares antiguos la nave la mengua y la hipérbole, cambiando de tadel espíritu egipcio, partida con rumbó a maño, como las nubes en la alberca. Es que bellas playas de universalidad. El error su reino no es de este mundo tridimensio egipcio de nuestro tiempo, y en grado nal y sublunar; antes se sitúa en, otro, másuperlativo el error de América ante la gico y superior. Pero he aquí que estos Historia y el Altísimo, consiste en confun- fantasmas rompen a hablar. Y ya surgen la incongruencia y el absurdo, porque los dir invención con acumulación. fantasmas pero su Cuando- -como está sucediendo desde la vos. sí. Lano son de este inundo: cinematomuerte de Leibnitz- -la técnica opera sin gráficas serávoz deolas imágenes y dura; más menos áspera asistencia del espíritu, podrá embarullar y superponer, pero inventar, lo que se dice pero, en todo caso, es voz natural, como hablamos inventar, no. Para que la técnica sea eficaz aquella con quealimentarse en la vida. Y ni la y realmente inventora, ha de ponerse al siquiera puedeen el futuro esta menor esperanza de voz gane en servicie- de una percepción óntica y una categoría que artística clara visión de la esencia de las cosas que lismo ierre a ierre. lo que pierda en naturaPor la las desenvuelva en la dirección de su fina- que el oído no soporta los sencilla razón de aumentos y dislidad. Falta de esa conciencia racional, la minuciones con que la vista se complace, técnica sólo logra oposiciones y contrasen- por lo cual será siempre imposible multitidos, actuando como pura potencia demo- plicar por cinco o por diez las dimensiones níaca que anula en la misma medida que de la voz, como multiplica el telón, cuando crea, serpiente que muerde su propia cola, quiere, la boca, para fijar una expresión viento que huye de sí mismo, en perpetuo más bella. Una flor de tamaño tres veces tejer. y destejer. natural puede ser, para la vista, una deli En el principio fue la acción dice cia; una voz tres veces más intensa es Goethe en su Evangelio de la época mo 5 siempre, para el oído, una ofensa o una derna. Son palabras de Fausto, hombre injuria. Ofensa e injuria de la voz humasiempre sospechoso, en malos tratos con el na brotando en imágenes deshumanizadas, Diablo- -un pobre diablo- -del pragmatismo. hoy con vocación de monstruos, ayer con A las cuales hay que oponer, aquellas de la vocación angélica. Escritura, que afirman que en el principio En ese camino de la monstruosidad, el fue el verbo O, lo que es igual, la idea, la esencia. Yo preferiré siempre a las pa- cine ha de detenerse con urgencia. Renunlabras de Fausto las pronunciadas por nues- ciando con salvadora ascesis a sus acutro Juan Gris, secondo ad mente ed opi- mulaciones e incrementos, porque, en arte, nione dei Platonici, en una conferencia de el estilo sólo sé conquista a fuerza de rela Sorbonne, cuyo conocimiento es indis- nuncias. En fuegp y explosiones de sinpensable a todo artista contemporáneo. Lo- ceridad, el cinc tiene que quemar su casprimero para hacer un clavo- -expresó el tillo de vanidades naturalistas, despidiendo genial español- -no es el hierro, sino la la palabra y el cromatismo y volviendo a idea del clavo Ya que, evidentemente, sin sus orígenes mágicos, de linterna y mudez. esa idea, con un trozo de hierro se puede Volviendo a sus primeros tiempos, a aquel forjar lo mismo un pasador que una hebi- protoarte humilde y maravilloso que llella, o una llave. Para hacer un clavo, lo naba de asombro nuestros ojos de colegiaprimero es su idea, como, para hacer cine, les, en el silencio de ¡as salas de provincia, la. idea del cine es lo primero. Pero tener por los mismos días en que el cometa Ha. Iidea del cine es conocer sus limitaciones, íey turbaba, con prodigios, el unánime caiir fijando sus fronteras y sus fatalidades es- dor de los telones del cielo. -perificas, ya que un arte se deñne, más jue EUGENIO MONTES móviles, nacidas, con el siglo, en el Belén de una cueva del bulevar des Capuciíjs. Ya lo oyes, cine. Tú vas por mal camino. Te lo dice, con maternal acento, la fuente que te alumbró. Acepta el aviso, Escucha el S. O. S. de socorro. Párate ante las luces rojas de peligro. Párate en seco y vuelve atrás. Esas galas de la Paramount, esos brocados suntuosos con que te han deslumbrado, sólo sirven para perderte, que no para encontrarte. Tienes que rasgar esos vestidos falaces y tornar a tu castidad inicial, a la desnudez de tu infancia, pura y maravillosa. Volviendo, tú, hijo pródigo de la física recreativa europea, desde las complicaciones de Hollywood a la modestia de tu hogar, en una guardilla de Neuilly. Recuerda, cine, aquellas nobles palabras del filósofo Enrique Bergson, según las cuales lo que defir- e a la inteligencia ez su capacidad de recomienzo, el estar siempre dispuesta a empezar otra vez Recuerda, en fin, la conmovedora anécdota de los dos laboratorios de Claudio Bernard. La historia- -tan en boga en el quartier cuando tú saliste al mundo- -del sabio que abandonó la clínica regalada en horas de gloria nacional y apoteosis, prefiriendo la pobreza de su antiguo laboratorio escaso, porque en el nuevo, en el rijo, dotado de todos los adelantos, luminoso de cristales y de níqueles, no le ocurría ningún descubrimiento. LA VUELTA DEL HIJO PRODIGO Ya se sabe. Con frecuencia la fuente desaprueba el curso del río. Sale éste del regazo del venero para ir en fluvial romería a la Roma del mar. Pero ciudades imprevistas le salen al paso, con tentación de luces y de lujos, y, olvidando su destino y su fin, se entrega, desorientado, el río a divagaciones y tropiezos. Solo, en la altura, el manantial se queda pidiendo, con borbotones insistentes, que el río pródigo retorne a las faldas de la maternidad. Y acaso, entonces, conmovidos arcoiris bajan a salvar las aguas extraviadas y a ¡levárselas, a la grupa de sus siete colores, hasta la cuna del monte y la; navidad de la sierra. Como el río, el arte que en su curso se desorienta sólo puede salvarse volviendo, contrito, a su Oriente, fiel a sus orígenes y su virginidad esencial. En la historia de todas las especies artísticas encontramos un punto en- que los estilos se ponen en crisis, adoptando, tras sincero examen de conciencia y arrepentimiento de errores, los módulos de su primera edad. Tal lía sido, por ejemplo, el caso de la pintura cuando, por influjo de las delicuescencias impresionistas, andaba, ciega y perpleja, entre las nieblas de Claudio Monet. Hacia fines del pasado silo, la pintura parecía perderse. Hasta que lalherbe vino. Es decir, hasta que Cézanne le cogió la mano temblorosa, devolviéndola a sus principios geométricos, reenseñándole de nuevo- -a ella, a la amnésica- -el alfabeto de las formas más simples, la pureza del triángulo equilátero y la esfericidad de la manzana de celuloide, más ingenua que aquella del Paraíso. Idéntico fue, a la vez, el caso de la música, cuando, por las mismas fechas, la sumía en desfallecientes sopores un barato sensualismo intrincado y embaucador. Bella durmiente en la hipnosis del bosque wagneriano, trémula oceánida en los corruptos lagos de Debussy, la música volvió a la vida el día en que, retornando a la simplicidad del folklore y las melodías sin malicia, se echó por los campos de sus orígenes, silbando al aire frío una canción matinal. En crisis como la de la pintura y la música, aquí aludidas- -pero en crisis de adolescencia y crecimiento- se halla ahora el cine, extraviado a causa de su docilidad sin resistencia y de las malas compañías, casi ahorcado en los hilos, hilos de voz y de tramoya, de la teatralidad y el orfeón. Le cinema fait fausse ronte acaba de confesar, dolorido, a un redactor del Neits Wiener Journal, M. L. Lumiére, el parteador de este arte tierno, que tiene nuestra edad; pj desevabridor de las primeras imágenes f