Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ISABEL BRU, LA DE LOS CLAVELES DOBLES El martes enterraron a Isabel Brú. A la caída de la tarde, e) reportero acudió a la modesta casa de 5 a calle de Antonio Acuña en la que había muerto la tipie de Apolo, para recoger unas fotografías. Una corta espera en el pasillo ie permitió examinar ios retratos que por todas partes pendían de las paredes. Dentro, tina mujer lloraba con un llanto apagado y cohibido. Momentos de evocación, de tristeza y de silencio... Isabel Brú en El tambor de granaderos. Diecisiete años. La fotografía está desvaída, tiene pátina. Gesto de coquetería ingenua, de malicia circunspecta, porque entonces el público femenino de los teatros no permitía aún ciertas licencias. Parece ama señorita aficionada, gozosa de que le sentara bien é traje de calzón blanco. ¡Qué atractivo, entonces, el de agudía linda muchacha valenciana vestida ccn calzón, de punto y una sonrisa picaresca, que en ei retrato auarece teñida de inocencia! La opulenta belleza de la tiple ampia de tormas y muv ceñida de cintura, se ajustaba al concepto estético de entonces. Guap; chica la Brú en El tambor de granaderos. En otro gran marco, sitnéíricainente colocadas y ccn las puntas superpuestas, tal como las hemos visto en muchos sitios, otras fotografías de la tiple muestran a la Brú en diversos atavíes: el traje de zaragüelles de El trabuco; ei pañuelo de eres pon de La Revoltosa; la graciosa falda de volantes y puntillas, larga hasta el zapato, de la dansense de El género ínfimo (era exquisito y elegantísimo decir dansense) blusa sin descote y los trazos audazmente descubierto? desde más arriba del codo... He aquí a la incitante tiple de nuestros dieciséis años Murió Isabel Brú a los cincuenta y seis, joven todavía. Macho ha cambiado todo desde sus épocas de triunfo. Nos lo dice esta sincera apreciación- de juventud de sus cincuenta y seis años. Y también muchas otras cosas más. Por ejemplo: esta fotografía de La Revoltosa, reproducida en tarjeta postal, la más escondida e insignificante de todas. La Brú en ella es la obrerita de un modesto taller. Ni el maquillaje, m los finos zapatos, ni el empaqué que da siempre su trazo a la artista en escena, aparecen aquí. Es una chica cualquiera, de verdad. Y. sin. embargo, como Don Armando, que a la evocación de una antigua- habanera no tiene más que cerrar los ojos para revivir exactamente figuras y escenas remotas, basta tararear el dúo de los claveles dobles para descubrir el panorama de un MadricF inolvidable. En él la Brú era una aparición celeste; Mesejo, muerto ayer, la representación de la majeza, del héroe popular: los primeros compases del dúo. en ios que estallaba al fa la pasión contenida, un huracán de juventud... Un Madrid peaueño. reducido, con su butaca de la cuarta de Apolo, a peseta, y a peseta también la carrera del simón. K JVfadrid nue se burlaba, con música, del proyecto de la Gran Vía y en el que Ja política era motivo de caricatura, sin. hiél y sin dramatismo, en las revistas de teatro. ¡Vaya usted hoy a gastarle broma s. en escena, a cualquiera de los gobernantes al uso! Nos cuentan lo? parientes de Isabe! Bríi ios primeros triunfos de ésta Trabajó en el coré desde los trece años. Era hija de un baen barítono, y debutó en Apolo eti 1 B 94. 1 mismo año del fallecimiento de su padre. La descubrió Chapí oyéndola cantar La zarinü, y la contrató en Eslava. donrte estr. en: en seguida El tambor de granaderos, que después hizo la Pretel. Con la Brú estrenaron la obra Bonifacio Pinedo, su mujer Pilar García, la Sabaier, Carrión. Banquells y García Valero. Dv pues pasó a Apolo, y en este teatro estrenó Las vinieres. Agna, azucarillos T aguardiente; Las bravias, La Revoltosa La chavola, La fiesta de San Antón. Doloretcs, El trabuco- -con la graciosísima escena de Carreras y Qntiveros- Quo Tadis? El po U- o Tejada, El. perro chico. El, género ínfimo y tantas otras más. Las hermanas de Isabel Brú recuerdan como uno de los más emocionantes momentos de su carrera artística la ovación con que la interrumpieron a mitad de numen. er. Pepe Gallardo, uno de sus grandes éxitos. La Brú trabajó con los Mesejo, Carrera- Manolo Rodríguez, Ontiveros. Carrió- r; Reforzó, la Vidal, la Pino, la Pretel. la Perales, Luisa Campos... Muchos de sus compañeros han muerto. La Brú. a los treinta v tres años, se retiró del teatro, atemorizada por los primeros síntomas de la larga f- iiíermedad cue después alcanzó gigantesca desarrollo. En ios primeros años no se la o ivnVi Chapí acudía a su casa y exigió fie eHí! que cantase La Rcioliosa el día de sn horneriau- Ella se negó, insistió el músico, nuevamente se excusó la antigua tiple con inexi ik: ible tenacidad... Al fin los acontec: inieiit; s se sucedieron en forma que la Brú nu- volvin a pisar) a escena, porque Chapí murió n K cic flfr. -le fuera tributado el homejjajt. Isabel Brú no podía ya entonces presentarse ante el público porque desconfiaba k: si: salud. La memoria comenzaba a íahark. M: -amigos pudieron excusarse con ia misma rizón porque la olvidaron poco a IKJC L? Brú vio apagarse día tTas día la gran hmvposidad de sus pasados triunfos. La escen; fue quedando a obscuras y la sáb el mundo, no fue más. (rae un gran agujero nwr f Al fin ella también cayó y desapareen. pav; ¡siempre. li w M i TRES TIPOS DE ISABEL BRU En la Mari- Pepa de La Revoltosa, cuando, a principios del siglo, prendía los corazones juveniles en los flecos de su pañuelo de crespón; en El género ínfimo, de los Quintero, saínete en el cual interpretaba a una artista atrevida de music- hall y en Adriana Angot, opereta francesa que se representó muchos años en Apolo. (Fotos Compañy y Frangen. rr iírr; r 7- -r n TTtr